martes, 4 de febrero de 2014

DOCUMENTALES - MI ENEMIGO ÌNTIMO (Mein liebster Feind, 1999) de Werner Herzog








ASESÌNAME


* * * * *
EXCELENTE




   «Es un individuo miserable, se me pega como una mosca cojonera, rencoroso, envidioso, apestoso a ambición y codicia, maligno, sádico, traidor, chantajista, cobarde y un farsante de la cabeza a los pies. Su supuesto “talento” consiste únicamente en torturar criaturas indefensas y, si hace falta, matarlas de cansancio o asesinarlas. Nadie ni nada le interesa, a excepción de su penosa carrera de supuesto cineasta. Impulsado por un ansia patológica de causar sensación, provoca él mismo las más absurdas dificultades y peligros y pone en juego la seguridad e incluso la vida de otros, sólo para después poder decir que él, Herzog, ha domeñado fuerzas aparentemente insuperables. Para sus películas echa mano de personas poco desarrolladas mentalmente y de diletantes, a los que puede manejar a su antojo (¡y, supuestamente, hipnotizar!), y a los que paga un salario de hambre, y eso si les paga. El resto son tullidos y abortos de todo tipo, a fin de parecer interesante. No tiene la menor idea de cómo se hace una película. Ya ni intenta darme instrucciones. Hace tiempo que ha renunciado a preguntarme si estoy dispuesto a llevar a cabo sus aburridas chorradas, ya que le tengo prohibido hablar». Klaus Kinski sobre Werner Herzog
  

En los años '50, Werner Herzog compartía piso con Klaus Kinski, un diabólico ególatra. Kinski padecía repentinos e injustificables arrebatos de ira o locura, durante los cuales podía llegar a destrozar el mobiliario del apartamento. La terrible personalidad de Klaus fascinó a Werner y entre ambos nació una estrecha amistad de frecuentes brotes de violencia. Werner rememora su relación de amor/odio con Kinski mientras visita varias de las locaciones donde se filmaron los 5 filmes en los que colaboraron.  aSÌ Como Elia Kazan tuvo a Brando, Scorsese a De Niro y Coppola a Pacino, Werner Herzog encontró su media naranja cinematográfica en Klaus Kinski. Pero con una pequeña diferencia: tanto director como actor se prodigaron los peores insultos, se odiaron tanto dentro como afuera de los sets y hasta pensaron en asesinarse mutuamente.
 
 Mi enemigo íntimo empieza relatando la demencia de Kinski, capaz en sus peores momentos de atemorizar a todo ser humano cercano a su presencia; de abrir una puerta a cabezazos; entrar en ataques de cólera imprevisibles o recibir desnudo al cartero, lo mismo da. Pero también de inesperados arrebatos de ternura o cobardía. Una verdadera fuerza de la naturaleza a la que, dice la leyenda, Herzog no dudó en dirigir mientras le apuntaba desde detrás de la cámara con un rifle para evitar nuevos berrinches. El cineasta alemán cuenta los inicios de su relación con el genio con gran cuidado por la descripción de los espacios en los que ambos se movieron -ambos compartieron pensión en su juventud de forma casual-, algo esperado en un cineasta telúrico como Herzog. Y aunque no cae en el sensacionalismo, muestra algunas de las broncas que Kinski organizó en plena selva. 

Entre los duetos más famosos del cine (de acuerdo a nuestro criterio: el más contundente estéticamente hablando), se encuentra el que conformaron Werner Herzog y Klaus Kinski. Basta nombrar cuatro de las películas que hicieron juntos para verificar este juicio: "Aguirre la ira de Dios","Woyzeck", "Nosferatu" y "Fitzcarraldo". Si cualquiera de los dos, Herzog como director y Kinski como actor, no hubieran hecho nada más, igual figurarían en el podio del cine de todas las épocas. Se sabe que entre ellos existieron tantos roces y peleas que estuvieron a punto de matarse. Y Herzog, como cuenta en el conmovedor documental realizado unos años más tarde de la muerte de Kinski, ocurrida en noviembre de 1991, estuvo más cerca del crimen.

Mi Enemigo Ìntimo es una verdadera joya del género, que cuenta la turbulenta relación entre dos genios. La reputación internacional de Kinski se forjó gracias a sus colaboraciones con el director Werner Herzog —a quien, curiosamente, había conocido cuando Herzog era todavía un niño, pues habían compartido pensión en Múnich. Protagonizó cinco de sus largometrajes: Nosferatu, el vampiro un film clásico del terror que alberga una de sus mejores actuaciones, en un papel hecho a su medida, Aguirre: la cólera de Dios (o Aguirre, la ira de Dios), Woyzeck, Fitzcarraldo y Cobra verde. Entre Herzog y Kinski siempre hubo una difícil relación profesional que se podría calificar de amor-odio y que quedó plasmada en el documental Mi enemigo íntimo, en el que Herzog afirma que ambos llegaron a planear asesinarse mutuamente.

Ya desde un inicio, las tensiones en el tándem Herzog-Kinski habían tocado picos peligrosos y se amenazaron de muerte en repetidas ocasiones. Por otro lado, la actitud de divo que ostentaba Kinski en las filmaciones le granjeó numerosos enemigos, hasta el punto de que, según Herzog, en una ocasión un jefe indio se le ofreció para matar a Kinski. El actor plasmó su rencor y resentimiento hacia Herzog en su autobiografía, en la que dice, refiriéndose a Herzog: «Sucio bastardo, que no sabe nada de cine, todo lo rodé yo, no tiene nada de cultura, es un analfabeto»; y sigue: «Le rompería la cara, le cortaría la cabeza, lo mataré con mi fusil de balines».[cita requerida] Afirma también que es un «cagado y gallina», que le tiene miedo a los indígenas y que es un cruel y vil que maltrata a los animales y a la gente de su troupe. En fin, para completar el cuadro, hay que decir que Werner Herzog afirma que estos insultos fueron una maniobra publicitaria planeada por ambos.

La más turbulenta colaboración de Kinski con Herzog fue, sin duda, Cobra verde, en la que representaba al tratante de esclavos Francisco Manoel Da Silva. Durante el rodaje, Kinski atacó físicamente a Herzog y abandonó la filmación sin haber concluido la película. Dicho episodio terminó de romper la relación entre Kinski y Herzog. En una primera mirada, podríamos pensar que el film no es más que una lucha permanente, un choque de fuerzas opuestas, donde Herzog, al poseer el poder del relato, pareciera evidenciar a un Kinski maníaco, arrogante y ególatra, por momentos casi diabólico.

Es evidente que la palabra “enemigo” empieza a abandonar ese lugar de contundencia ya desde el mismo título, donde Herzog nos advierte la ambigüedad de la relación con aquel enemigo íntimo. Esta ambigüedad se desprende del relato y de las acciones: a medida que se van estableciendo los personajes, Kinski es instalado como un representante del lado oscuro, del desborde y lo maníaco, mientras que Herzog pareciera representar lo opuesto: la mesura, el control, la serenidad. Pero a medida que avanzamos en el relato, vemos que no todo es tan claro y polarizado: Herzog, con sus silencios, sus modos y su discurso puede ser hasta más temible que el exaltado de Kinski. Como si empezáramos a ver aflorar a Kinski dentro de Herzog y viceversa. “No nos une el amor sino el espanto”, diría Borges.

Como en un vaivén, la relación se relaja y se tensa con las distintas etapas de sus films y sus vidas. Las diferencias llegan a tal extremo que el mismo Herzog confiesa que estuvo a punto de matar a Kinski pero paradójicamente va en su búsqueda una vez muerto. Es desde esa búsqueda de donde se desprende esta obra, que además de inmortalizar y homenajear su relación, confirma que al Otro no se lo puede aniquilar, ni siquiera con la muerte. Por eso, Herzog elige hablar no desde el lugar común del duelo sentimentalista, sino que la muerte le funciona como disparador para comenzar una retrospectiva personal con Kinski y de esta manera entenderlo y entenderse. Pero sobre todo, le sirve para descubrir que hay espacios y relaciones que se significan sólo con la existencia del Otro.

Herzog abre la caja de sus recuerdos pero se guarda en todo momento de incurrir en polémicas, aunque deja bastantes dudas acerca de si él mismo es un santo o un calculador arribista de la locura de su amigo. Más bien le interesa retratar de forma fría y a la vez sentimental una amistad compleja e intrincada en la que ambos, de alguna manera, parecían complementarse como las dos caras de una moneda. Aunque cada uno de ellos planease su mùtuo asesinato.
Ficha Técnica:

Título Original: Mein liebster Feind
Títulos en Castellano: Mi enemigo íntimo
Director: Werner Herzog
Año: 1999
Duración: 95 minutos
  

Link - Documental completo:


 

lunes, 3 de febrero de 2014

ARTÌCULOS DE CINE Nº 27 - "CINE Y BOXEO, UN ROMANCE SIEMPRE VIGENTE" (ESPN Deportes, 2014) por Carlos Irusta





De Niro y Stallone





Por Carlos Irusta (*)

De Niro y Stallone, que alguna vez hicieron de Jake LaMotta y Rocky, protagonizan la película Ajuste de Cuentas que consolida la duradera sociedad entre cine y boxeo.

Ajuste de cuentas pone, una vez más, al boxeo en la pantalla grande. Y de la mano de dos actores que, a su vez, tienen una gran historia con el tema. Ni qué hablar de Sylvester Stallone, se entiende, el ya legendario Rocky Balboa. ¿Y qué decir de Robert De Niro? Su interpretación de Jake LaMotta, de la mano de Martin Scorsese en Toro Salvaje (1980) está entre las más grandes películas dedicadas al boxeo. De hecho, ganó el Oscar al mejor actor principal por esta labor.

Ahora, ya muy veteranos, les toca enfrentarse a ambos en un paso de comedia del que no contaremos demasiado, puesto que el tema es verla sin demasiadas exigencias. La película, y su estreno en Buenos Aires, es un disparador inevitable para hacer una recorrida por producciones muy famosas y otras no tanto, que podrían muy bien estar a mano para esas tardes de verano, cuando hay demasiado para hacer...

Ya se sabe que la lista es enorme, ya que el boxeo ha sido, es y será una gran tentación para los cineastas. Y, además, cualquiera sea la lista, siempre podría ser corregida. Para comenzar podemos, al menos, intentar la separación en dos grandes grupos. Uno, el de las historias reales; otro, el del mundo de la ficción.

Ya mencionamos a Toro Salvaje, como una de las más grandes de todos los tiempos, en la que se cuenta la vida de Jake LaMotta, quien fuera campeón mundial de los medianos. Ya que estamos en la división de los 72,574kilos, podríamos agregar Edith y Marcel (1983), en la que se narra el apasionado romance entre el campeón mundial Marcel Cerdán (interpretado por su hijo, del mismo nombre, que también fue boxeador profesional) y Edith Piaf, con la dirección de Claude Lelouch.... No podemos olvidar al tremendo Paul Newman de El estigma del arroyo (1956), interpretando a Rocky Graziano con la dirección de Robert Wise.

Por derecho más que propio, se ganan lugares especiales en la lista las siguientes, basadas como quedó dicho, en historias reales: Gatica, El Mono (1993), de Leonardo Favio con Edgardo Nieva, ya un clásico. Cinderella Man (2005), con Rusell Crowe, dirigida por Ron Howard, recreando la vida de James "Jim" Braddock, campeón mundial de los pesos completos. Otra muy metida en una historia real, es The fighter (2010), de David O. Russell, en donde se recrea una parte de la campaña de Micky Ward, interpretado por Mark Wahlberg. Menciones especiales para Christian Bale (quien personifica a su hermano) y a Melissa Leo (como su madre) ambos ganadores del Oscar a la mejor actuación en roles secundarios. Recomendación aparte: El Huracán (1997), de Norman Jewison, con la dramática vida de Rubin Carter, una película que va más allá del boxeo para meterse en una historia descarnada y tremenda. Gran interpretación de Denzel Washington.

Muhammad Ali, por cierto, es todo un clásico. Hizo de él mismo en The Greatest (1977). A su vez, Will Smith lo interpretó en Ali (2001, de Michael Mann), mientras que varios documentales se han rodado sobre su vida. Cuando éramos reyes (1996, con Oscar incluido), A.k.a. Cassius Clay (1970) y Facing Ali (2009), entre otros. Para destacar: La pelea más dura de Muhammad Ali, producción de HBO del año pasado y los entretelones de su enfrentamiento con el estado por negarse a combatir en Vietnam.

La segunda parte de la lista incluye a boxeadores e historias de ficción. No hemos respetado un orden cronológico exacto ni tampoco es un ranking, sino la mención de aquellas que nos han parecido las más interesantes...

Empezamos con la irregular Homeboy (1988, dirigida por Michael Seresin), con Mickey Rourke, quien además de haber boxeado en la vida real, interpreta a un cowboy que no tiene problemas en meterse en un ring. Sigamos con un clásico de los 60: Réquiem para un peso pesado, de Ralph Nelson, con un impagable Anthony Quinn, y una aparición de Cassius Marcellus Clay. Un drama imperdible.

Fat City, llamada también Ciudad dorada (1972), está entre la lista de aquellas "que hay que ver", con la dirección de John Houston, quien a su vez, había sido boxeador alguna vez. Interpretada por Stacey Keach y Jeff Bridges.

Golpe a la vida, de 1997, con un inolvidable Daniel Day-Lewis es otra de la que no pueden faltar. Para destacar: Million dollar baby (2004) una historia dramática y tierna que se llevó cuatro Oscars: mejor película, mejor actriz (Hilary Swank), mejor actor secundario (Morgan Freeman) y mejor director (Clint Eastwood, quien además es el principal protagonista masculino).

Y, mientras para la mayoría la gran reina de las películas de boxeo sigue siendo Rocky y algunas de su casi interminable saga, seguramente usted también aportará una de sus favoritas.

Mientras tanto, el boxeo seguirá disparando historias para el celuloide por los tiempos de los tiempos...



(*) Carlos Irusta es uno de los periodistas de boxeo más reconocidos de la Argentina. Actualmente, conduce en radio el programa Ring Side en el Aire los domingos por la noche en AM 910, La Red, y en TV es una de las voces de Noche de Combates por ESPN. Además dirige la revista Ring Side. Fue prosecretario de redacción de la revista El Gráfico. Para seguirlo en Twitter: @carlosirusta Consulta su archivo de columnas.