domingo, 24 de febrero de 2013

ARTÍCULOS DE CINE N° 12 - LUIGI COMENCINI Y EL NEORREALISMO ITALIANO (Cuba Debate, 2007) por Lisandro Otero



CINE PARA UN TIEMPO DE FUNDACIÓN





Acaba de fallecer, a los noventa años de edad, el director de cine italiano Luigi Comencini, que otorgara a la comedia neorrealista un impulso definitivo con su filme “Pan, amor y fantasía”, realizado en 1953, con Vittorio de Sica y Gina Lollobrígida.


Tras la Segunda Guerra Mundial, que Italia perdió por su alianza con la Alemania nazi, sobrevino una etapa de decepción extendida. Italia yacía devastada por la guerra, con una economía en ruinas, ocupada por  extranjeros, con una conciencia culpable por sus veinte años de fascismo  y un extendido rechazo al veneno absolutista que la había impregnado. Sucedió lo que siempre suele ocurrir en esas circunstancias: el humor refrescante, la ironía lozana, el sarcasmo y la mordacidad invadieron todos los escenarios.


Estupefactos por el abismo adonde los había conducido Mussolini, los intelectuales italianos rechazaron el hermetismo y la incomunicación exquisita en que fueron  sumidos en  la última etapa del fascismo; los conquistó una voluntad populista.  Se trataba, además, de recuperar la dignidad perdida y de restaurar la limpieza de espíritu, pero antes habría que transcurrir una etapa de purificación que solamente podía alcanzarse mediante una demolición colosal de las instituciones. Ningún instrumento mejor para esa depuración que el escarnio y la picardía. El pueblo italiano tenía que reírse de sí mismo para poder recomenzar desde cero. Así surgió la comedia italiana de los años cincuenta y el crudo verismo de la cinematografía neorrealista.


A la vez existía un deseo de desembarazarse de la retórica que los había asfixiado hasta entonces. Los grandes ceremoniales de estado  fascistas  los sofocaron con su formalismo, era indispensable deshacerse de todo lo convencional que había implantado la burguesía emergente tras la unificación de Italia, el “Risorgimento” y la proclamación de la monarquía. Todo lo que olía a añejo, todo lo vetusto e inoperante debía ser demolido en las nuevas circunstancias. Esa corriente crítica pretendía, además,  una rehabilitación moral.


En ese sentido “Pan, amor y fantasía”, de Comencini, fue un hito memorable. Los principales directores fueron De Sica, Rossellini, Fellini, Visconti, Lattuada, Soldati, Castellani, Antonioni, Zampa, Germi. El ideólogo matriz del neorrealismo fue, sin dudas, el libretista Césare Zavattini, quien dijo que “ante todo quería ser contemporáneo”. En un artículo publicado en 1950 afirmó: “Debo profundizar mi análisis del hombre moderno, del hombre en la sociedad actual, mas allá de mi mismo porque los otros son importantes. Lo que sucede en torno nuestro, aún la cosa más banal, suscita graves problemas. En tanto que humanos somos una parte de la humanidad”.


El cine norteamericano practicaba un escape de las tensiones como una forma pingüe de ganar dinero. Nada mejor que entretener para enriquecerse, las masas  norteamericanas no querían reflexionar sino evadirse. Los neorrealistas encararon al hombre común frente a  la amarga realidad en la cual vivía pero lo hicieron con una sonrisa en lugar de una imprecación. En Inglaterra practicaban el “free cinema” y en Francia la “nouvelle vague”, pero todos trataban de expresar lo mismo: el embarazo de una Europa que había sido inmolada en el juego de las grandes potencias.


El eminente crítico italiano Guido Aristarco decía en 1955: “Los italianos hacemos películas  en las cuales vemos las cosas como son, llegamos al fondo de ellas y, justamente por eso, hay en nosotros un optimismo, o sea, la esperanza de salir de todos modos de nuestra miseria”. Y el director y actor, Vittorio de Sica, resumía así su arte poética: “Una mirada inocente de muchacho preguntón, con una sonrisa optimista, inquieto por la vida que vive, vale más que todas las traseros que nos muestra el cine de Hollywood”. Y el director Carlo Lizani opinaba de la obra de su colega De Sica: “Una nota amarga y desesperada, un estremecimiento de vitalidad, un deseo feroz de serenidad y alegría, un llamado angustioso a la comprensión humana”.


Una serie de filmes magistrales se suceden como  un torrente de pequeñas obras maestras, tales fueron  “Ladrón de bicicletas”, “El limpiabotas” “Milagro en Milán” y “Umberto D” de De Sica, “Alemania año cero” de Roberto Rosellini, “Senso” de Luchino Visconti, “La strada” de Federico Fellini. Esa afluencia de talento creativo consolidó el cine de los nuevos tiempos.

La muerte de Luigi Comencini cancela una etapa esencial de la creatividad artística europea, un punto de iniciación, una frontera entre los remanentes caducos y la renovación que propiciaba la guerra terminada. El neorrealismo italiano fue un renacimiento de la opulencia fundadora de una generación que accedía a su plena madurez.

9 Abril 2007, Lisandro otero.


sábado, 23 de febrero de 2013

DOSSIER - EL TANGO Y EL GÉNERO MUSICAL CINEMATOGRÁFICO EN ARGENTINA




EL ADN DE NUESTRO CINE



El primer film sonoro de la historia del cine argentino es un musical y tiene tango. Se trata de Mosaico criollo (1929) de Eleuterio Iribarren, una breve revista musical, casi un demo promocional para un sistema sonoro con discos que desarrolló el sonidista y luego productor Alfredo Murúa, sobre la base del sistema norteamericano Vitaphone. Mosaico criollo culmina con la interpretación del tango Botarate por Anita Palmero, primer tango cantado en la historia del cine argentino.


Se llamaba revista musical o musical revue a una serie de cuadros musicales hilvanados entre sí (cuando lo estaban) por una delgadísima línea argumental. Su origen era obviamente teatral e invadieron el cine norteamericano en cuanto Al Jolson le enseñó a cantar. Bien pudieron ser éstos los films que inspiraron los textos ominosos, firmados por varios artistas y críticos de la época, reclamando que el sonido se usara con más imaginación. The Hollywood Revue of 1929 y Paramount on Parade son dos ejemplos obvios de revistas musicales, entre muchos que se prolongaron a lo largo de los años hasta ser aniquilados por propuestas más específicamente cinematográficas.



En Argentina el film Tango! (Moglia Barth, 1933), que inauguró la producción de la empresa Argentina Sono Film, donde Tita Merello, Mercedes Simone, Pepe Arias, Luis Sandrini y otros integraban un elenco de estrellas reclutado en los escenarios porteños por el productor Ángel Mentasti. El desarrollo del film sigue al pie de la letra, aunque con mayor modestia económica, las pautas de esas primeras revistas musicales extranjeras y, ligera excusa argumental mediante, todo el mundo hace su número personal ante la cámara. Fue un comienzo querible pero poco auspicioso en términos estrictamente cinematográficos.



La película, que recorrió con igual suceso las pantallas de nuestro país y las de toda América latina, fue dirigida por Luis Moglia Barth, un realizador que, contagiado del fervor de los fundadores de Argentina Sono Film, se convirtió posteriormente en un cineasta imprescindible en los films locales de auténtica raigambre porteña. La película consagró, además, al fotógrafo Alberto Etchebehere y al escenógrafo Juan Manuel Concado, que muy pronto integrarían la lista de técnicos más destacados de las películas del cuarenta y del cincuenta.



"¡Tango!" recorría esa atmósfera musical con acordes y letras de otros no menos talentosos cultores de la época, Manuel Romero, Sebastián Piana, Rodolfo Sciammarella y Homero Manzi, entre otros. La trama de "¡Tango!" era tan sencilla como atrapante para aquellos años. Estaba estructurada sobre la base de conflictos sentimentales enmarcados en una cabalgata tanguera con algo de melodrama y mucho de ritmo musical. 


Para Alfredo Murúa en Mosaico... el formato había sido casi un experimento. Para el primer Mentasti respondió a una operación económica más clara: estas figuras eran exitosas en el teatro y en el disco, ergo lo serían también en el cine. O mejor dicho, lo serían más en el cine por la sencilla razón de que éste llega a más gente que el teatro y mueve más dinero que el disco. El estudio de Mentasti se mantuvo fiel a sus raíces y volvió una y otra vez a ellas a lo largo de los años, aplicando el mismo formato a muchos personajes populares devenidos tales fuera del cine.



Desde un punto de vista estrictamente cinematográfico resultó mucho más interesante Los tres berretines, film inaugural del estudio Lumiton, estrenado poco después de Tango!. Aquí el tango es uno de los tres berretines del título y está incorporado a un argumento mejor estructurado como tal, gentileza de la obra previa de Malfatti y De las Llanderas, y realizado con algunas ideas de puesta en escena, buen uso de exteriores y cierta fluidez en el montaje. Los tres berretines no es, sin embargo, un musical sino sólo un film que tiene un par de tangos.


El cine argentino y mundial ha tomado en cuenta siempre al tango como cultura, màs allà de la mùsica, la danza, el canto o la poesìa. En la actualidad varios filmes toman temàticas, imàgenes o climas que son compatibles con la estètica del tango.
Buenos Aires es testigo de filmes como
Assesination Tango dirigido por el actor y apasionado del gènero Robert Duvall y producido por Francis Ford Coppola y tambièn de varias propuestas que parten tanto de la ficciòn como del terreno documental o testimonial.

Abrazos de Daniel Rivas es una pelìcula que documenta el quinto Festival Buenos Aires Tango con backstage, escenario, entrevistas y climas de la movida tanguera porteña en el marco del Festival, que se realiza cada año entre fines de febrero y comienzos de marzo. Con la participaciòn de figuras emblemàticas como el Sexteto Mayor, con sus lìderes, los bandoneonistas Josè Libertella y Luis Stazo, los cantantes Rubèn Juàrez y Adriana Varela, de nuevas figuras del tango con los grupos El Arranque o La Chicana, y el desarrollo del Primer Campeonato Mundial de Tango de Salòn y Escenario. La pelìcula genera una bùsqueda particular en los testimonios de los veteranos en contraposiciòn de las nuevas generaciones de mùsicos, bailarines, cantantes y pùblico en general.

Bar El Chino es otra visiòn, màs costumbrista, de la encarnaciòn del tango en un barrio porteño y especificamente en un lugar de culto como el lugar que da tìtulo al filme. Allì donde juntan a cantar gente del pueblo y artistas aficionados y algunos profesionales y sus historias de vida.
 
Yo no se que me han hecho tus ojos documental con guiòn y direcciòn de Sergio Wolf y Lorena Muñoz, sobre el gran enigma de la desapariciòn de la vida pùblica (su retiro artìstico y personal) de la sensual y magnìfica cantante de tango Ada Falcòn. Llamada 'la emperatriz del tango', Falcòn estaba en el pico de su fama a travès de sus grabaciones (muchas con la orquesta del director y productor Francisco Canaro, a la sazòn tambièn su amante), sus presentaciones exclusivas en teatros, radios e incluso fìlmicas. Falcòn era bella, tenìa una de las mejores voces de la historia del tango, fama, derrochaba dinero en joyas y autos lujosos y de un dìa para el otro decide despojarse de todo y emprende un retiro espiritual en las sierras de Còrdoba por màs de cincuenta años hasta su muerte en total anonimato cerca de un convento cristiano. 

Los directores siguen esta pesquisa e incluso logran, despuès de mucho tiempo, el propio testimonio de la artista retirada. Tras el fascinante enigma de esta leyenda del tango se cruzan testimonios que buscan develar el gran misterio de su vida.

Asi el tango genera cada vez mas curiosidad y avidez por parte de los nuevos directores del cine argentino, algo que hacìa bastante tiempo no sucedìa y que conlleva otra manera de testimoniar o crear a travès de su riquìsima estètica y de sus infinitos humores.