martes, 20 de noviembre de 2012

CINE DE AUTOR - ANNIE HALL (ìdem, 1977) de Woody Allen




ANHEDONIA


* * * * *
EXCELENTE



Alejándose del humor disparatado que de manera tan absurda como genial propusiera en films como "Bananas" o "El Dormilón", Woody Allen comienza una nueva etapa de su carrera y una nueva época para la comedia americana. Annie Hall le otorgò el Oscar a la Mejor Película, con un humor mas sofisticado, mas trabajado, y que en este caso abordarà mediante tal mecanismo y con sutilidad las debilidades, las inseguridades, las neurosis y las inestabilidades de los sexos.

Alvy Singer es uno de los cómicos más conocidos de la ciudad de Manhattan. Todo parece ir bien con su novia Annie, hasta que las inseguridades de Alvy llevan a Annie a abandonarle y comenzar una nueva vida junto a su nuevo amante en Los Ángeles. Cuando Alvy toma realmente conciencia de que ha podido perder a Annie para siempre, no dudará en llevar su vida al límite, atreviéndose a cualquier cosa para recuperar lo único que realmente le ha importado en la vida: el amor verdadero que siente por Annie.

Teniendo como centro del relato a una relación de pareja y su evolución a lo largo de los años con sus distanciamientos, sus enamoramientos, sus incompatibilidades y sus divergencias, el autor construye su siempre particular micromundo de caos existencial y redenciòn posterior. A sus 40 años, el neuròtico còmico que interpreta Allen reflexiona sobre su vida, rememorando sus amores y sus matrimonios, pero muy en especial su relación con Annie, dos extraños amantes y su incapacidad de encajar uno con otro, y disfrutar la vida. 
 
La mirada realista que propone Woody para retratar esta relación de pareja encuentra su punto ideal para enmarcar una historia de amor que entrò en la historia del cine. El sarcasmo y la inteligencia se evidencian para delinear cada uno de sus diálogos mediante un lenguaje simbólico y una técnica cinematográfica innovadora en cuantos a tiempos y recursos, hacen de este film un autentico hito en la filmografía del polifuncional artista neoyorkino. 

Los juegos dialécticos que plantea el realizador son los tan característicos que abundarìan a lo largo de su filmografía. Estos son tan disfrutables por su gracia como por su originalidad y esta combinación de inteligencia con la veta romántica del film nada tiene que ver con las trilladas comedias románticas, superficiales y banales que vemos hoy en día. 

Los recursos técnicos de Allen son igualmente brillantes: la fotografía impecable capta como mejor el sabe la quintaesencia de una Nueva York que parece hecha a medida para sus films y que el conoce como nadie. En cada rincón, el autor encuentra un lugar para contar una pequeña gran historia. 

Los trabajos interpretativos tanto de Allen como de Diane Keaton son consagratorios. El polifacètico autor, como continuación de la labor que despliega a lo largo de sus propios films, deslumbra con un protagónico que repite a ese hombre pequeño, inseguro, dubitativo y consumido por su neurosis, con una alta dosis de pesimismo, torturado por la propia represiòn de sus deseos y una visión de la vida mas bien negativista. 

Keaton, por su parte, se convierte en la primera musa inspiradora del autor en los '70, seducida, abandonada y despechada porculpa de su improbable amorìo. Es Allen quien la convierte en diva absoluta -aprovechando sus exquisitos dotes para la comedia- a tal punto que el vestuario que la intèrprete utilizara en el film se convirtió en un autentico fenómeno de moda.

Como anàlisis final, Allen se muestra lo suficientemente autocrìtico como para trazar una paràbola que atraviesa la temàtica psicoanalìtica de toda su obra. A fin de cuentas, su tribulado personaje llega a la conclusión de que son sus manías y obsesiones las que siempre acaban arruinando su relación con las mujeres. Un film que hace honor a la siempre mentada idea de la batalla de los sexos, que tiene cinematográficamente en "Annie Hall" un capitulo aparte y excepcional.

lunes, 19 de noviembre de 2012

CINE DE AUTOR - BANANAS (ídem, 1971) de Woody Allen



 



 EN PAÍS DE CIEGOS, EL TUERTO ES REY


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MUY BUENA 



Con un marcado acento bizarro, Woody Allen construye la personalidad de un hombre que el mismo interpreta que se ve inmerso, victima de sus desvaríos amorosos, en una situación de lo mas incrédula que deriva en situaciones una más surrealista que otra. Entre gags políticos y la eterna dualidad humana que Allen desentraña, la historia se debate entre la comedia y el drama. 

La trama se desenvuelve al tiempo que Allen da vida a un torpe y tímido probador de productos llamado Fielding Mellish. Cuando éste es abandonado por su novia, la sensual y atractiva Nancy, consigue verse envuelto en un sinfín de divertidos entramados burocráticos en el pequeño país donde se refugia, que tiene como telón de fondo la guerrilla subversiva, convirtiéndose él en un improbable mesías con la misión de salvar el destino del país tercermundista de la América Latina bananera.
 
El personaje de Woody resulta el centro narrativo del relato, y existen en este personaje características más que interesantes que se repetirían en otros posteriores de semejantes películas del director a lo largo de los años. Se trata de un hombre perdedor que persigue infructuosamente a una mujer que trata a toda costa de esquivarlo. Es un héroe impensado que resulta tal y no esta cómodo con esa situación y hace lo que sea por evitar tal compromiso

Al mismo tiempo se convierte en un disidente y en un líder y comprende, al fin, que su éxito popular es la mejor manera de tomarse revancha frente a su fracaso amoroso. Mas allá de lo liviana que puede resultar tal sátira política -en un claro paralelo al espíritu liberal y revolucionario del movimiento de los años '60- hay cierta coherencia en cuanto al estilo anárquico/político que describe Allen, donde se podrá notar fácilmente varios de sus sellos característicos a la hora de los diálogos. 

Las mencionadas líneas narrativas, la puesta en escena, la inconfundible banda sonora y la forma en que el autor se dirige a si mismo, llevan hasta el extremo de lo absurdo los acontecimientos contados. El célebre cineasta reafirma lo mostrado un par de años antes con "Robó, Huyó y lo Pescaron" y "El Dormilón" pequeñas joyitas de su fresca e incipiente obra.

En lo que sería el comienzo de una interminable y prometedora cadena de éxitos de comedia, que alternaría con sus muy personales visiones dramáticas, Allen continúa la senda triunfal luego de su auspicioso debut como director-productor-guionista. El autor nos sorprende una vez mas con un film hilarante: una comedia liviana en cuanto a profundidades, aunque punzante. Picante, irreverente e infalible, se ve repleta de gags que se alejan del tono sombrío y psicoanalítico que más adelante adquiriría su filmografía.