martes, 2 de octubre de 2012

CINE DE AUTOR - EL SONIDO DE LA MUERTE (Blow Out, 1981) de Brian De Palma



                                    

EL EFECTO DOMINÒ
  

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MUY BUENA


«Soy fruto de los sesenta, con fuertes sentimientos en contra de la degeneración ètica de América en los últimos cuarenta años. Todo comenzó con el asesinato de Kennedy, pero luego vino Vietnam, el Watergate. Nos hemos convertido en una sociedad avariciosa y arrogante, motivada por el éxito y el dinero. Mis películas se mueven en un mundo corrupto dentro del que mi personaje trata de encontrar un marco moral en el que trabajar» 

- Brian De Palma.


En El Sonido de la Muerte nos encontramos frente a un gran ejemplar de suspenso, con el sello característico de su exquisito director, donde conspiraciones e intrigas inundan el relato y lo hacen narrativamente complejo. Amado por los fanáticos del gènero y considerado autor de culto, aunque sumamente subestimado en su tierra de origen, Hollywood, De Palma carga consigo el enorme peso de la exhuberancia con la que concibe un gènero tan transitado y repetido como el del suspenso psicològico.
El protagonista de la historia es un ingeniero de sonido que trabaja en películas de terror baratas, presencia un accidente, para luego descubrir que detràs de èste existe un atentado con peligrosos intereses polìticos. La trama, novedosa en términos estructurales para los seguidores del realizador, se construye en base a un suspenso que no da tregua, condimentado con una fuerte atmòsfera de paranoia en tono político. 

Brian De Palma interpreta casi a la perfección la máxima de Alfred Hitchcock que definía y diferenciaba sorpresa de suspenso. Para estos fines, climas y tiempos del gènero son reinventados por el ojo de un gran observador, quien nos sorprende una vez mas con una pieza de calidad. "El Sonido de la Muerte" estructura su relato en base a otra de las constantes del cine de De Palma, su posicionamiento frente el poder. El poder es maniqueo, corrupto, amenazante; producto de una sociedad contaminada y violenta, proyectando en ella causas y consecuencias de la degradaciòn moral.

A manera de laberinto argumental, el misterio quedarà resuelto para el final, extendiendo el suspenso a su punto cùlmine. Entre las marcas autorales mas reconocibles, pueden vislumbrarse técnicas linguìsticas muy propias del director, un sentido primordial de la música y la fotografía como efecto potenciador de la intriga. Si bien esta vez el matiz en la carga de violencia se muestra bastante cuidadao controlado en comparación con la mayor parte de su filmografía, el cineasta entrega una interesante, provocativa y consistente intriga policìaca.

En "El Sonido de la Muerte", por segunda vez volvía a reunirse el exitoso dùo actoral de "Carrie", film que posicionò a De Palma en el mapamundi cinèfilo. John Travolta se saca de encima la imagen de adolescente carilindo para componer el primer gran papel dramático de su hoy en día dilatada carrera, Nancy Allen se luce igual de bien que en "Vestida para Matar" (1980) y John Lithgow nos entrega lo que mejor sabe hacer: el papel de malvado que tantas veces desempeñò para De Palma, como principal referente de su trayectoria.

Desde sus alardes técnicos, sus temáticas más consabidas referentes al sexo, la política y los asesinatos impunes, hasta ciertos iconos muy presentes en su filmografía donde transitan sus historias como callejones oscuros, espejos que desnudan, duchas ensangrentadas, el mundo depalmiano conjuga a la perfecciòn su rastreo autoral. Con nociòn del gènero y un manejo de climas notables, el autor plantea una historia de intriga con ribetes de denuncia social con su punto de mira puesto en los sucios trasfondos del poder.
 
Como en el cine de Alfred Hitchcock, el voyeurismo se convierte en el de Brian de Palma en una práctica común de su filmografía. Los voyeur, tanto aquì como en "Double Body" (1985), son seres insanos y perversos, que disfrutan vulnerando la intimidad de a quienes invaden, aun cuando la culpa los carcome. Quizàs por esa debilidad, De Palma, un manipulador de los sentidos, nos incita como audiencia a ser partìcipes de su condenable pràctica.

Al igual que en "Vestida para Matar" como paradigma de su concepciòn del gènero, De Palma emplea la virtud de saber transgredir la mirada, transformada en este caso por la distorsion de quien "escucha". La imagen siempre está supeditada a la palabra, aùn en sus excesos producto de los tics visuales del autor, quien moldea con cinismo la forma y el contenido del film con tal de satisfacer su propia mirada del mundo.


  

lunes, 1 de octubre de 2012

CINE DE AUTOR - VESTIDA PARA MATAR (Dressed to Kill, 1980) de Brian De Palma


   TRAVESTIR LA MIRADA

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MUY BUENA

  
Para comienzos de la década del '80 Brian De Palma dejaba de ser una promesa y se convertía en una realidad cinematográfica, un realizador de clase, fiel heredero de Alfred Hitchcock y de Darío Argento ya contaba en sus espaldas con films de la talla de Carrie (1976). El autor canadiense se posicionaba en el horizonte fílmico como el cineasta mas requerido a la hora de hacer suspenso y terror, y gracias a su concepción de ambos géneros, èste sentaría las bases para la evolución de ambos en los modelos del policial moderno y del thriller psicològico. 

Perteneciente a la famosa generación de “nuevos” directores norteamericanos independientes que nacieron en los años setenta, De Palma se encolumna en la camada neoyorkina que habitan Coppola, Rafelson, Scorsese o Allen. De entre ellos, De Palma es el que menos reconocimiento ha conseguido como realizador, no obstante que en muchas de sus obras le pertenece. Este preconcepto sin duda da muestra del enorme peso que cierta porciòn de la crítica ejerce en la injusta valoración de sus obras.

Los cliches de imitador que la crìtica especializada puso sobre De Palma subjetivizan la mirada de un autor declamado por la prensa. Ingrato tratamiento para quien abriría nuevas puertas a una dimensión hasta entonces desconocida, donde el miedo y la sugestión tomaba formas tan polémicas como perturbadoras y excesivas. "Vestida para Matar" es, hasta el momento, el film mas maligno y a la vez mas censurado en la trayectoria de De Palma, resultado de una controversial y explicita combinación de sexo y violencia. 

Una mujer es asesinada y para resolver el caso se cuenta con la inestimable ayuda del psiquiatra de la víctima. Con esta premisa, bastan un par de escenas ambientadas en la noche neoyorkina para comprobar la mano de De Palma, un cineasta dúctil y efectivo a la hora de transmitir terror, a la manera en que el concibe al genero como algo macabro, secreto y tenebroso. El film es un inquietante viaje de suspenso con sobresaltos permanentes a lo largo de su desarrollo y esta concebido como una exploración a los limites del sadismo. 

Siguiendo la línea de la oscura "Cruising", que el propio De Palma guionò para luego abandonar el proyecto que cayera en manos del no menos efectivo William Friedkin. Como pilares del relato, Angie Dickinson luce tan fatal como sensual en su rol femenino protagonista, mientras que Michael Caine hace gala de su siempre fuerte presencia para construir con frialdad un personaje aterrador. Entre persecuciones, relatos paralelos, flashbacks y asesinatos, De Palma recrea una atmòsfera ominosa y envolvente, donde el peligro se palpa en cada escena, puro virtuosismo cinematogràfico y riguroso ejercicio formal de puesta en escena.

Si "Obsesión" (1975) remitía a la espectacular "Vértigo" (1958), es difícil no encontrar paralelos entre esta película y la inolvidable "Psicosis" (1960), ambas versiones modernas y con sus licencias, a la manera de De Palma y sus guiños hitchcockianos como marca ineludible de su devociòn por el autor britànico. Màs allà de estas marcas narrativas que el realizador toma prestadas con notable ligereza, su concepciòn del gènero posee el suficiente peso propio como para convertir a este film en un clàsico.
  
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Vestida para Matar se constitutye como una propia revisitacion de la obra de De Palma. Como rasgo autoral, vuelve a insistir sobre elementos muy comunes en su cine: la sugestiva figura del doctor desquiciado (Hermanas, 1973), los espejos que aluden constantemente a la dualidad psicológica de los personajes (Carrie, 1976). Mientras tanto, la pulsiòn sexual femenina se convierte en una bùsqueda obsesiva del placer casual, que colocarìa al film el dudoso cartel de misògino.  

Constante juicio de valor que con alevosìa atenta frente a cada nueva obra del director, quien ha tenido que hacer frente a numerosos prejuicios que los teóricos han conseguido imponer ante el visionado de sus films. Direccionar la mirada de una forma manìquea y viciada se convierte entonces en un clichè analìtico del propio clichè argumental, que no empañan la brillantez de este sòrdido y ambiguo paradigma de gènero.