jueves, 2 de agosto de 2012

PROTAGONISTAS - Sean Connery (1930-)

 


EL ESCOCÉS MÁS FAMOSO


Thomas Sean Connery -siendo "Thomas" el nombre de su abuelo, que emigró de Escocia a Irlanda a mediados del siglo XIX- nació en Edimburgo (Escocia, Reino Unido), el 25 de agosto de 1930. Su padre, Joseph Connery, era un trabajador de fábrica de origen irlandés, con antepasados en el Condado de Wexford, mientras que su madre, Euphamia "Effie" Maclean, era una mujer de limpieza protestante. Afecto a los deportes, de jòven practicò fùtbol, fìsicoculturismo y boxeo. Se alistò en la Marina, trabajò como peòn de granja, conductor de camiones y guardavidas, ganàndose la fama de hombre duro y recio, mucho antes de incursionar en la gran pantalla.

Tratando de ganar algo de dinero extra, Connery ayudó entre bastidores en el King's Theatre a finales de 1951. Se interesó, casi de forma inesperada, en el proceso de actuaciòn y pronto su carrera se puso en marcha. Luego de varios años con altibajos, el actor fue hacièndose un nombre en la industria gracias a papeles de reparto hasta su primera gran oportunidad de lucirse. Tuvo un papel importante en una adaptación televisiva de Ana Karenina producida por BBC Television en 1961, dirigida por Rudolph Cartier.

Para el actor escocés, su popularidad cinematográfica nació junto con su personaje de James Bond, quizás el agente más mítico de toda la saga. Su oportunidad llegarìa en 1962 cuando fue elegido para interpretar el papel del famoso agente secreto creado para la novela de Ian Fleming. Desde "El Satánico Dr. No", pasando por "De Rusia con Amor","Dedos de Oro", y "Operaciòn Trueno", Connery brindò sus mas memorables interpretaciones en el papel del agente 007.

Sin embargo, en los años '70, ya cansado del personaje y decidido a no encasillarse, cedió su lugar a George Lazenby, su sucesor en Bond. Aunque el estigma de Bond siguió durante mucho tiempo a Connery, trabajó arduamente para salirse de èste e interpretó a personajes completamente diferentes con gran éxito, pudiendo ya ser reconocido como un actor muy versátil y solicitado. De fìsico imponente, glamour bien british, un acento seductor y un aspecto recio marca registrada, el ex 007 se habìa convertido en el galàn de moda.

Estelarizò películas aclamadas como Marnie, dirigido por Alfred Hitchcock en 1964, y a las òrdenes de Sidney Lumet en The Anderson Tapes (1971) y la adaptaciòn de Agatha Christie Asesinato en el Orient Express (1974). Además de las èpicas The Man who Would be King y El Viento y el León, ambos lanzados en 1975 fueron largometrajes de gran suceso. La multi estelar producciòn de Richard Attenborough A Bridge Too Far (1977) fue el preludio de su regreso a la piel de Bond.
Un nuevo y breve paso por el rol del cèlebre agente para "Nunca Digas Nunca Jamás" lo puso en la piel de uno de los personajes mas mìticos y deseados de la historia del cine, esta vez producida por vez primera por la Warner. Pasaporte para luego experimentar una etapa mas madura en su carrera con títulos de relevancia: el neoclásico de ficción "Highlander" (1985, Russell Mulcahy) lo puso en la òrbita de los films mas comerciales, mientras que la adaptación de la obra de Humberto Ecco "El Nombre de la Rosa" (1986, Jean Jacques Annaud) le deparò elogios y premaciones. Sin embargo, su carrera volverìa a dar un salto de calidad: su papel consagratorio en la noche de los Oscar en "Los Intocables" (1987, Brian De Palma) y su memorable colaboración en hasta ahora la ultima entrega de la saga de Indiana Jones en "La Ultima Cruzada" reinventaron la carrera del intèrprete.  

Ya en los '90 su carrera se nutriría de papeles menores y más cercanos al cine comercial de puro entretenimiento: los submarinos rusos en La caza del Octubre Rojo (1990), el espionaje y romance de La casa Rusia (1991), una mirada a Alcatraz en La Roca (1996) y un robo millonario en La Trampa (1999) fueron sus apariciones màs destacadas. En los últimos años, las películas de Connery han incluido varias decepciones según los críticos, tales como su dùo con Ricard Gere en First Knight (1995) o la adaptaciòn de serie televisiva Los vengadores (1998), rotundos fracasos de taquilla.  

Entrado el nuevo milenio, sus intervenciones en pantalla serian cada vez más esporádicas: Recibió críticas positivas, incluida su actuación en Descubriendo a Forrester (2000), entregando su ùltima actuaciòn en la inferior The League of Extraordinary Gentlemen (2003), luego de rechazar una propuesta millonaria para interpretar a Gandalf en la saga El Señor de los Anillos. Ya debilitado por numerosos problemas de salud eligiò el retiro definitivo, mostrando su desencontento con el estado de las cosas del Hollywood actual.

También más tarde recibió el Crystal Globe por su contribución artística al mundo del cine.  Al mismo tiempo le fue otorgado el título de Caballero de la Orden -Sir- de manos del gobierno laborista británico, a pesar de ser un abiertamente crítico con su política, situaciòn que ligò a Connery a mùltiples polèmicas y cuestionamientos èticos. Sucede que desde su juventud, fue simpatizante del independentismo escocés, manifestándose en reiteradas ocasiones partidario de la independencia política de Escocia. Afiliado al Scottish National Party, ha apoyado al partido financieramente y a través de apariciones personales.  Connery ha sido frecuentemente criticado por su activismo en la política del Reino Unido, mientras contradictoriamente sigue viviendo en un paraíso fiscal.




El veterano intérprete fue galardonado en el año 2005 con el prestigioso premio honorífico AFI. Steven Spielberg, Harrison Ford o George Lucas son algunas de las luminarias que quisieron estar junto a Sean Connery en la gala de entrega del premio del American Film Institute a toda su carrera profesional, reconocimiento que la prestigiosa entidad otorga todos los años a los más importantes nombres del mundo del cine

Todos ellos alabaron el profesionalismo y calidad interpretativa de Sean Connery a lo largo de sus variadas e importantes películas. Si bien a esta altura, y luego de mas de medio siglo de trayectoria, su impronta actoral había quedado marcada a fuego en casi un centenar de films, muy por encima de los enfrentamientos eternos entre Connery, la industria y la polìtica. No quedan dudas que su calidad humana y profesional fuera de la gran pantalla ha sido objeto de unànime reconocimiento, mas que suficiente recompensa para aquel inquieto, eclèctico y deambulante jòven que jamàs pensò en convertirse en el eterno hèroe Bond.

miércoles, 1 de agosto de 2012

CINE LATINO - CARANDIRÚ (ídem, 2003) de Héctor Babenco



DELITOS Y CULPAS


* * * * *
EXCELENTE



El presente largometraje procura recuperar la discusión sobre el disciplinamiento, la sociedad del control y la supuesta connotación de alguna forma de crítica social al "orden" legitimado por la dinámica de la modernidad. Analizando el instigante film Carandiru (2003), del director Héctor Babenco, se presenta una intención por delinear algunas características que actualmente adquiere la regla social carcelaria. Como un estudio sociològico, analiza el cambio de perspectivas en los individuos que pasan a actuar, aparentemente, a partir de una transición de una sociedad del disciplinamiento hacia una del control. 

Viraje interesante, que advierte el juego socio-cultural que lanza a nuestras sociabilidades al escepticismo, la contingencia, la multiplicidad de escenarios sociales y los posibles espacios y destinos de la crítica situación social bajo situaciones eventualmente pos-modernas. Carandiru se presenta como un escenario donde sus encuadramientos institucionales parecen siempre estar viviendo en sus límites, en una tensión contìnua. Carandiru es un film de un maestro veterano en la historia del cine brasileño y argentino, realizado de forma clásica, sin interferencias estéticas demasiado sofisticadas. 

Es una apuesta ambiciosa, que pretende dar un cuadro general de centenas de presidiarios que vivían en condiciones miserables en el complejo carcelario Carandiru antes de la gran rebelión del mes de octubre de 1992, en la que fueron asesinadas por la policía 111 personas. Carandiru trata temas como la violencia, la pobreza, el crimen y la marginalidad, pretendiendo no estetizar la miseria y la exclusión. Con un lenguaje más discursivo y de menos explotación de la imagen, menos vertiginoso y más proclive a generar reflexiones espontáneas en el espectador, el film contextualiza la violencia y las injusticias humanas a partir de un realismo artificioso (aunque parezca paradójico) nutrido de las historias de vida que los personajes-presidiarios relatan delante de la cámara. 

Estos relatos son integrados de tal manera que el espectador siempre parece estar anticipando al propio film, generándose una especie de sensación acumulativa ocasionada por la reiterada referencia a ciertos aspectos de la "naturaleza humana" y la dinámica social de Brasil. Sin embargo, estas mini-historias que describen sus personajes, no caen en el lugar común narrativo al simplificar la dureza de la vida, dentro y fuera de las cárceles. Esto, sin duda, no es problema alguno para un film que fue pensado para ofrecer tales efectos y merced a la provocación que ejerce el instigante ojo delator de Babenco, la crudeza se hace cercana, palpable y estremecedora. 

La propuesta de Babenco es pensar algunas categorías de análisis que han sido contextualizadas bajo los criterios cinematográficos del cine made in Brasil, su auge neorrealista gracias a "Ciudad de Dios" y la pesada herencia del cinemanovismo sesentista. Reflexionar sobre la producción y reproducción de las reglas sociales, de la crítica y el orden social, nos conecta con sociabilidades que deben reconsiderarse porque, según aquí se expresa, no puede confundirse aquellas que pueden manifestarse dentro de un presidio. A partir de una supuesta lógica de la disciplina, y las conductas delictivas que tienen lugar fuera del sistema carcelario, encontramos una sociedad decadente, marginal e inmersa en su supuesto círculo tan vicioso como corrupto e irrompible. 

Por eso, la relación entre individuo y ambiente (presidio y presidiario) y la relación entre sujeto y sociedad se presentan caracterizadas a la perfección para los tiempos actuales de las sociabilidades latinoamericanas. Por esto, el gusto y la elección del "primer plano" como forma de comunicar dichas historias sugieren una falsa objetividad que delata los objetivos políticos del director. Lo que interesa aquí es transformar a Carandiru en una metáfora sociológica para poder ser pensadas algunas cuestiones relacionadas a las lógicas institucionales y las consecuencias de un mal terminal y endèmico. Propias de la dinámica de la modernidad en la anàrquica y desalentadora actualidad tercermundista.