sábado, 23 de junio de 2012

CINE MUDO - NOBLEZA GAUCHA (1915) de Humberto Cairo, Eduardo Martínez de la Pera y Ernesto Gunche

 

              COSTUMBRES ARGENTINAS


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MUY BUENA


De la unión de Martínez de la Pera, Gunche y Cairo resultó "Nobleza Gaucha" (1915) uno de los mas grandes sucesos del cine argentino mudo, y de valor fundacional para un suceso en ciernes. El éxito de esta película fue realmente excepcional y masivo. Filmada en 1914 con un costo apenas superior a los 20.000 pesos, se estrenó al año siguiente y en un breve lapso logró recaudaciones cercanas al millón, proporción que quizás nunca volvió a repetirse en Argentina. Se convierte así en uno de los íconos del cine argentino del período mudo. Se trata por otra parte de una de las escasas películas mudas, que han logrado rescatarse en el país. La película encajó perfecto en un mercado cinematográfico que necesitaba personajes, actores, escenarios y temas nacionales.

 El filme es una historia de amor que reúne la representación criollista, del mundo rural argentino con los recursos semánticos y narrativos del folletín, que narra las peripecias de inmigrantes y criollos entre el campo y Buenos Aires, por entonces la principal metrópolis sudamericana. El carácter modélico de este film no es sólo una cuestión temática. Tal vez más importante es la configuración espacio-temporal, donde campo y ciudad son los polos positivo y negativo de la Argentina contemporánea. Las historias que se narran están situadas en el presente, o en un pasado próximo, de modo tal que más que una reconstrucción pintoresca del universo de la pampa y sus habitantes nómades.

Si bien prácticamente ninguna película se priva de un intermedio folklórico, con danzas y demostraciones de destreza que, en algunos casos, ya han perdido toda funcionalidad productiva y sólo permanecen como espectáculo, se trata de exhibir un decálogo de las virtudes naturales que se atribuyen al gaucho. Nobleza Gaucha mostró progresos de lenguaje fílmico en una larga introducción de faenas campesinas y, avanzada la trama, la visualización de la vida callejera de Buenos Aires. La pulcritud formal no pretendió imitaciones del cine extranjero. Quienes la hicieron no tenían que ver con el teatro, si bien aprovecharon la moda rural que venía de él, transfiriéndola a la autenticidad de escenarios, tipos y costumbres en una narración fluida y fácil. 

Los efectos cómicos se entremezclaron una tónica melodramática en la segunda parte, con ciertos estereotipos de villanía y bondad, sumados a la ingenuidad con que en aquella época se simbolizaba la virtud con el campo y el pecado con la ciudad. O no tan ingenuidad si se recuerda la base agropecuaria del país de otrora. Los intérpretes tenían un probado prestigio en los escenarios teatrales de la época: Orfilia Rico, Celestino Petray, María Padín y Arturo Mario. 

El escritor José González Castill responsable del guión, incluyó párrafos propios y extractos del Santos Vega de Rafael Obligado, Fausto de Estanislao del Campo y el Martín Fierro de José Hernández. Su éxito masivo en el país y la exportación de la película a España, sentaron las bases para una industria cinematográfica nacional, en un mundo cuya producción aparecía jaqueada por la guerra. Pero lo que fue la idea y el producto de Humberto Cairo, Eduardo Martínez de la Pera y Ernesto Gunche, trascendió el celuloide para incorporarse en múltiples géneros y hasta en la vida cotidiana hasta incluso en el tango con que Francisco Canaro saludó el éxito de la película.

El cierre de esta primera etapa del cine nacional estuvo marcado por el éxito de “Nobleza gaucha”, de 1915. Una vez más, vemos la inclinación de nuestros cineastas por temas autóctonos, esta vez el gaucho, protagonista destacado de la primera época del cine argentino. La película, que marca los contrastes entre el campo y la ciudad, y la opresión del gaucho por parte de una sociedad casi feudal, fue mucho más que un mero éxito comercial: puede ser vista como expresión de los cambios políticos y sociales que gestaron la historia moderna de nuestro país.

viernes, 22 de junio de 2012

CINE EUROPEO - ESCONDIDO (Caché, 2005) de Michael Haneke


 

  
EL OJO DEL OBSERVADOR


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MUY BUENA


Una de las grandes obras del prolífico Michael Haneke, aquel de "La Profesora de Piano", "Código Escondido" y "La Cinta Blanca", "Caché" lleva el sello de un un realizador de indudable talento y con una línea de autoría que sigue firme y transparente a lo largo de sus películas. Multipremiado en el Festival de Cannes a lo largo de su trayectoria, Haneke deconstruye las estructuras narrativas tradicionales y su provocativa forma de narrar busca hacer pensar al espectador y sacarle de sus cómodas convenciones cinematográficas situándole en encrucijadas donde, en el universo Haneke, todo es posible. Heredero de Michelangelo Antonioni, estas características lo convierten en un director a tener en cuenta cuando se habla de los hoy en día escasos exponentes del llamado cine de autor. 


Hay ciertas marcas autorales que nos permiten trazar una huella y encontrar en Caché inquietudes y obsesiones del cineasta, rastreables en sus obras. La introducción de una fuerza malévola en la confortable vida burguesa, como se ve en la osada Funny Games, se ve reflejada en Caché, donde una perturbada familia ve alterado su confort y funcionalidad. Asímismo, la incomunicación parental y la incapacidad de poderse comunicar entre pares, también se vio presente en la provocativa Benny´s Video, como en en la actual Caché.

El intelecto de Haneke se interna en esta ocasión en la pesadilla de una familia donde un hecho traumático y amenazante desemboca en un efecto en cadena que despierta las mas grandes miserias y deja abierto los mas tangibles interrogantes. Haneke, provocativo como de costumbre, se sumerge con su habitual maestría en los miedos, las obsesiones y las angustias de la clase social que aborda pero no de la manera tradicional que utilizaría Hollywood. Aquí la estructura es mucho mas compleja, mas seca y austera, la amenaza esta implícita y basada en el juego de cámaras para apuntar rostros, objetos trascendentes que potencien la angustia. 

El relato va complementando situaciones traumáticas a nivel familiar con la trama policial y de intriga que se adueña del mismo. Tomando ambos polos narrativos con inteligencia en un sobrado ensayo sobre la culpa, la identidad genérica va confundíiéndose hasta disolverse por completo. Entonces el aparente idilio familiar se pierde para adentrarse en el caos, en la paranoia y en el voyeurismo, elementos que tan bien supo combinar y administrar el inolvidable Alfred Hitchcock a lo largo de su extensa filmografía. 

El elenco lo integran quizás la dupla de actores franceses mas talentosa hoy en día, dos interpretes de primer nivel como Juliette Binoche y Daniel Auteuil. Dos íconos actorales indiscutibles a lo largo de las últimas décadas, se ponen la película a sus hombros y con sendos papeles densos y dramáticos ambos consiguen sacar lo mejor de los mismos, para transmitir toda la odisea y la paranoia en la que se ven envueltos, así como también el abismó afectivo entre ambos. 


Perturbadora pero también inconcreta, el film es una doble lectura que abarca dentro de si una excesiva ambición: intima y socio-política, donde en sus conjeturas se identifica el film mismo, y donde se desnuda al ser humano y sus cuestiones morales y existencialistas. En esta escisión del ser, donde mutan las sospechas entre adulterio y racismo, el film se da lugar para reflexionar sobre los limites de la manipulación en la realidad y la ficción dejando abierto interrogantes  a la resolución del espectador, que en este caso no será el común, sino mas bien, el entendido, en un final lejos de todo convencionalismo.