miércoles, 2 de mayo de 2012

ESTRENOS - AMELIA (ìdem, 2009) de Mira Nair

 






SIN ALAS PARA VOLAR
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REGULAR

Hillary Swank es Amelia Earhart, una de las más legendarios figuras de una Norteamérica que suele contar a sus iconos en miles. La cuestión particular y extraordinaria es que Amelia es mujer y un símbolo feminista, puesto que destacó en un entorno donde el éxito estaba reservado para los hombres.

La intrépida piloto, que desapareció en un vuelo sobre el Pacífico en 1937 mientras intentaba dar la vuelta al mundo, no solo alcanzó la fama sino que también se convirtió en un mito. Como buena artesana, Mira Nair cumple retratando un personaje que en una sociedad y una época machistas alzó con valentía su nombre como pionera en un mundo gobernado por el género masculino. Con reminiscencias al biopic que Billy  Wilder rodara sobre uno de los padres de la aviación, Charles Lindbergh titulado El Heroe Solitario (The Spirit of St. Louis, 1957), la realizadora india se apega a los cánones de una biopic de manual.

El film irà intercalando pinceladas de la personalidad notoria y pública de Earhart al tiempo que dará un pantallazo a la cultura americana de aquellos años donde Estados Unidos se debatía entre el crack de la bolsa y el competitivo e incipiente mundo de la velocidad a motor. El relato por su parte también explora un vínculo amoroso que Amelia mantiene junto a su mentor y esposo que carece de química y resolución, el cual no es precisamente de los pasajes más acertados del film. Pese a sus inconsistencias, esta claro que Nair pretende reivindicar el rol en la pareja y el triunfo profesional de la mujer moderna del siglo XX.

Casi como un mandato feminista, la valentía de Amelia resultó en algo así como una quijotada que atraviesa la inmensidad de los cielos y se reivindica entre una sociedad ultra conservadora. El film, reconstrucción de época mediante, nos pone en la piel de una mujer de gran carácter cuya avasallante personalidad la llevo a romper esquemas, a trascender límites y a convertirla en una hazaña. 
 
Con corrección y no mucho mas, Amelia se inscribe dentro del enorme numero de biopics que transitan hoy en día la gran pantalla, por momentos con fallida emotividad en el intento de querer dotar al film de un aura trágica. Amelia fue una mujer de espíritu libre y alma soñadora que Nair no consigue transmitir en la pantalla con todo su potencial. Fracasa en plasmar en el relato la pasión que movía a esta gran mujer y el resultado es un producto un tanto frío, de planteo ligero y calculado en su extrema pulcritud. Seguramente Amelia no era solo la mujer de aspecto edulcorado que sus vaivenes románticos muestran dejando de lado otros aspectos que seguramente hubieran aportado mas fidelidad a este retrato.

Así, el matiz heroico de Amelia se vera totalmente desdibujado y lo extraordinario de su historia para las generaciones futuras apenas será rescatado con acierto en contados pasajes. Una voz en off que decora el relato con innecesarias reflexiones, un intransigente Ewan McGregor, un no menos relevante Richard Gere y un relato que cuando no tiene nada mas para decir o mostrar recurre a conversaciones risibles y planos suntuosos desde el aire, ciertamente definen la superficialidad que condena a un film mediocre con sabor a ni. Como pionera piloto, Amelia desbordaba riesgo, adrenalina y arrojo. Nair carece de todas esas características y parece estar midiéndose en todo momento. Apenas un vuelo rasante.

ESTRENOS - LOS MEJORES DE BROOKLYN (Brooklyn's Finest, 2009) de Antoine Fuqua





EN LA BOCA DEL INFIERNO



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REGULAR


Antoine Fuqua es un director tan efervescente como irregular y sendas características describen errores y aciertos de su último film. A lo largo de la última década Antoine Fuqua  se ha mantenido activo en el sector mas industrial de Hollywood brindando films tan arriesgados como Día de Entrenamiento (Training Day, 2001) como olvidables en Lagrimas del Sol (Tears of the Sun, 2002). Los Mejores de Brooklyn (Brooklyn’s Finest, 2009) intenta una suerte de evolución al policial mencionado y con suerte dispar.

Richard Gere, Ethan Hawke y Don Cheadle son tres policías de Brooklyn, antihéroes en esencia cuyas vidas se mueven a diario en los ámbitos del crimen. Por diversos motivos se ven enfrentados a una serie de acontecimientos personales que ponen en juego el sentido del deber, del respeto y del honor hacia su profesión llevando sus vidas en un espiral irrefrenable, a un estallido emocional que los confronta con sus miedos y sus obligaciones morales mas intrínsecas.

Un cast estelar (al que se suma un renacido Wesley Snipes) protagoniza este drama policial repleto de tensión dosificada con inteligencia, carga emocional, fluidez narrativa y también un desarrollo bastante convencional no ajeno a ciertos clichés mas que conocidos del genero donde narcotraficantes o policías encubiertos jugaran los roles habituales.

El desarrollar las tres historias de forma en que estas comparten en común un ambiente y un sentido, genera una suerte de vidas cruzadas, donde la carga dramática parece acentuarse a medida que nos adentramos en la psiquis y las motivaciones de estos seres de aspecto laberínticos. Fuqua focaliza este policial en el aspecto humano de estos servidores de la ley, muchas veces fuera de ella, que dan vida a una historia con un relieve dramático considerable. El director se toma su tiempo para adentrarnos en el comportamiento de estos hombres que se debaten entre el deber, la lealtad, los excesos y los peligros que la vida policial depara.

Con reminiscencias del policial televisivo The Shield, cuya vertiente contundente ha marcado toda una tendencia estética en el género, el autor de Los Mejores de Brooklyn desarrolla con acierto y veracidad una profesión muchas veces salpicada por la integridad quebrada, la autodestrucción, el caos y la corrupción, donde la culpabilidad oscila como un péndulo sobre los inocentes, con ferocidad y sin piedad alguna apuntando a la sociedad americana y sus males menos erradicables.

Fuqua parece un perfecto escultor de sus personajes, o un pintor que no deja detalle por plasmar en su lienzo. En su pintura no hay lugar para el sentimentalismo, la compasión o la blandeza. Sus retratos son duros, crudos, casi de un tono documental. Hay calles violentas y personajes oscuros que de modo catártico expulsará su furia contenida. Existe un halo de amargura y de pesimismo en estos seres trágicos, sin escape alguno. Los planos asfixiantes sobre sus rostros casi no los dejan respirar, sus conciencias tampoco. 

El guión no esconde sus limitaciones a la hora de brindar un desenlace que no logra despojarse del común, sin embargo, es gran merito del realizador el crear climas apropiados que generen la atmósfera de peligro constante necesaria. El aura opresiva que los rodea es una Brooklyn insoportablemente riesgosa y por un momento pareció que iba a caérseles encima a sus propios personajes. Solo por un instante, pues un condescendiente y tímido Fuqua borra con el codo parte de lo escrito con la mano y elige un desenlace en el cual  un mayor espíritu incisivo hubiera sido políticamente menos correcto e inmensamente mas disfrutable.