domingo, 1 de abril de 2012

CINE ORIENTAL - DOMICILIO DESCONOCIDO (Suchwiin Bulmyeong, 2001) de Kim Ki-Duk



CRIATURAS SIN SALIDA


PUNTAJE:  * * * *


Con su habitual maestría y habilidad Kim Ki-Duk despliega su conocido lenguaje abstracto y su halo entre hipnótico y onírico para contar una compleja historia desde el desamor y el dolor. Entre el cine de denuncia y el drama psicológico Domicilio Desconocido se estructura y gana lugar entre otras joyas cinematograficas del creador de El Tiempo (Shi gan, 2006). Con potencia plástica construye un rompecabezas de personajes pasiones y situaciones infernales difíciles de digerir. El film posee sin dudas un trasfondo social, puesto que los conflictos bélicos han dejado huellas marcadas en la sociedad coreana, un país con bases militares estadounidenses. 

Justamente esta historia se desarrolla en un pueblo lindante a una de esas bases durante los años ’70 donde razas, credos e idiomas confluyen. Allí se dará lugar a un relato de vidas cruzadas y un cúmulo de personajes particulares: por un lado, la hija de una familia de campesinos, disminuida visual a causa de un accidente, allí en medio aparece un militar estadounidense que seduciéndola le ofrece una operación que reparará su discapacidad. Por otro lado narra la historia de un coreano de tez oscura renegado de ser tal, hijo de una relación prohibida, cuya madre también se convierte en protagonista Ella incansable, escribe diariamente cartas que son devueltas con la inscripción "Domicilio Desconocido”.

Los tres relatos principales poseen un hilo conductor que las une: sus protagonistas son hombres desesperanzados que representan a su país y son un espejo de este: son seres dominados por el dolor y el vivir en un estado de represión interior sabiendo que la redención será inalcanzable. Así también sobrevive un país que todavía sufre los coletazos de la guerra, que desnudan las más crueles miserias humanas en un puñado de imágenes llenas de salvajismo y descontrol Es palpable ese tormento, se respiran las propias visiones del horror del realizador de Hierro 3 (Bin-jip, 2004). Con audacia -y cierto morbo- el autor despliega un panorama que de tan explícito impresiona. 

Sin embargo, no todo es producto de una guerra, hay un desgarro intrínseco en la sociedad, una marginalidad ajena al conflicto que lleva consigo una maldad donde la guerra no lava sus culpas. En una atmósfera perversa y violenta, la trama transita entre maltrato despiadado a animales, juegos sexuales, violencia física hacia un ser querido y actos voyeuristas entre placer y el pudor. En una sociedad corrompida, lo justo pierde valor, el equilibrio parece una quimera y el destino, irremediablemente se tornará fatalista. La cámara se convierte en nuestros ojos y nuestros ojos registran lo que estos personajes ven. Ellos se retroalimentan del dolor, están inmersos en el desarraigo y en una vida insana. Es la supervivencia por medio de instintos bestiales, es la enajenación que produce la perdida de la identidad cultural. 

No puede brotar humanidad donde se siembra violencia y con un par de escenas tan crudas como determinantes Kim Ki-Duk se encarga de verter al film su densa carga social. También el film es un estudio cultural, no solo de la tradición oriental, sino también de la norteamericana y sus influencias, prejuicios y discriminaciones hacia la primera. Este es un acercamiento que Kim Ki-Duk no acostumbra en su filmografía. De todas formas, fiel a su corriente, el realizador coreano se sabe no es un cineasta condescendiente, ni muchos menos. Siempre sujeto a miradas incómodas, es un autor cuyo cine esta destinado a espectadores con un paladar cinéfilo nada convencional. 

Kim Ki-Duk nos muestra las consecuencias de la guerra donde el dolor físico expuesto de un modo metafórico se convierte, de manera enfermiza y patológica en la única forma de relación de estas almas mutiladas. Como una forma de catarsis para exorcizar la tortura y la locura que les representa vivir oprimidos bajo un dolor que no pueden expresar o expulsar. Dónde habrá quedado la verdadera identidad? No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió.

CINE DE AUTOR - EL DESINFORMANTE! (The Informant, 2009) de Steven Soderbergh



ES O SE HACE?                                          


EXCELENTE
* * * *


«Desde hace un tiempo a esta parte, yo no digo nunca lo que creo, ni creo nunca lo que digo, y si se me escapa alguna verdad de vez en cuando, la escondo entre tantas mentiras, que es difícil reconocerla» (carta de Maquiavelo al historiador florentino Francesco Guicciardini, mayo de 1521).


La última genialidad de Steven Soderbergh es una comedia difícil de encasillar, que necesitará de la imperiosa complicidad del público comprender su magnitud. El realizador de Traffic deja caer el velo de lo ambiguo sobre lo visible a simple vista en una realidad que bien puede ser un drama cotidiano. Pero algo más se deja ver detrás: una primera mirada nos muestra un hombre y sus circunstancias, pero existen otras capas que subyacen y revelan la otra verdad de los acontecimientos. Deslumbrándonos gracias a un espíritu como siempre ambicioso, Soderbergh nos hace poner en marcha los cinco sentidos. A medida que avanza el film este dejará ver todas sus cartas y con ello vendrá el desconcierto para al espectador.

Situada en los años ´90, El Desinformante! (The Informant!, 2009) nos presenta la historia de un hombre rutinario, aburrido, un tanto inocente y hasta con algún trastorno bipolar. Ante la fijación de precios ilegales que realiza la empresa de aditivos alimentarios para la que trabaja, este hombre común decide patear el tablero y denunciar aquellas prácticas nada menos que al FBI.

Basada en la novela de Kurt Eichenwald, a El Desinformante! la desborda una serie de situaciones peculiares que la convierten en un film más que particular. No por su trama en si, que cinematográficamente ya cuenta con mas de un antecedente, sino por la forma de abordar un relato complejo que se construye a través de su personaje central. Ambientada en el mundo empresarial agrícola, en la línea de los grandes thrillers sobre corporaciones como Fachada (The Firm, 1993) o El Informante (The Insider, 1999) el film se reviste de un tono mordaz, sobrio y concreto y carece del común denominador de efecto instantáneo y pasajero que atañe a las comedias más elementales.

El humor parte desde un lugar más sutil, proviniendo de los jugosos monólogos del personaje de Matt Damon generando varios de los momentos más disfrutables del film. De un personaje enriquecedor surgen sensaciones contradictorias, oscuras y delirantes propias de un ser con un tormento interior fascinante. Damon encarna con prestancia al típico torpe que genera el absurdo a cada paso, sin embargo cual camaleón mutará para convertirse en una espacie de héroe que destapa la olla de un gran secreto, quitándole la máscara a un hecho de corrupción propio de un micro mundo repleto de juegos sucios a la hora de hacer negocios.

Soderbergh suele ser impersonal y ecléctico en su estilo y ello es una marca que va desde su experimentación más indie a su solvencia narrativa más contundente. Aquí adentrándose en tiempos de la globalización, Soderbergh fomenta el tan mentado mito del engaño en las grandes esferas para retratar con sensibilidad, imprevisibilidad, paciencia y mucha picardía una trama en donde las maquiavélicas corporaciones internacionales son puestas a merced del gran titiritero, un inmenso Matt Damon en la piel de un personaje que vive haciendo equilibrio con su propia vida.

Gran virtud del creador de la saga de La Gran Estafa es internar al espectador en el núcleo de este rompecabezas que forma una gran mentira encubierta, donde el escándalo que sale a la luz no sabe por momentos si tiene al personaje de Damon como victima o como aliado. A mitad de camino entre su cine mas comercial y su propuesta mas independiente, es innegable que Soderbergh concibe al cine –incluso cuando se pone tradicionalista y austero- como un ámbito ambiguo donde sus relatos pondrán en juego todas las pretensiones que el variado lenguaje cinematográfico del realizador ofrece. Un virtuoso de los recursos técnicos y estéticos concibe en El Desinformante! un ejercicio de cine cautivante.