miércoles, 28 de marzo de 2012

DIRECTORES - Orson Welles (1915-1985)



 


EL ÚLTIMO DE LOS
RENACENTISTAS




<<El Barroco fue un estilo heredero del escepticismo manierista, que se vio reflejado en un sentimiento de fatalidad y dramatismo entre los autores de la época. El arte se volvió más artificial, más recargado, decorativo, ornamentado. Destacó el uso ilusionista de los efectos ópticos; la belleza buscó nuevas vías de expresión y cobró relevancia lo asombroso y los efectos sorprendentes. Surgieron nuevos conceptos estéticos como los de «ingenio», «perspicacia» o «agudeza». En la conducta personal se destacaba sobre todo el aspecto exterior, de forma que reflejara una actitud altiva, elegante, refinada y exagerada que cobró el nombre de préciosité. El Barroco se define principalmente por oposición al Renacimiento: frente a la visión lineal renacentista, la visión barroca es pictórica; frente a la composición en planos, la basada en la profundidad; frente a la forma cerrada, la abierta; frente a la unidad compositiva basada en la armonía, la subordinación a un motivo principal; frente a la claridad absoluta del objeto, la claridad relativa del efecto.[2] Así, el Barroco «es el estilo del punto de vista pictórico con perspectiva y profundidad, que somete la multiplicidad de sus elementos a una idea central, con una visión sin límites y una relativa oscuridad que evita los detalles y los perfiles agudos, siendo al mismo tiempo un estilo que, en lugar de revelar su arte, lo esconde»  

- H. Wölfflin  (El Clacisismo, 1915) -



Genio y figura. No habrá otro igual. Es un caso de trascendencia única este multifacético Orson Welles al que durante tanto años el público y la crítica le diera la espalda y comenzabra  a reconocerlo tardiamente, con la trascendencia que su figura implicó para un autentico pionero e inventor que revoluciono las bases del cine de su tiempo y del futuro. Para entender la permanencia de su figura a lo largo de los años y lo que su obra contribuyó al progreso del cine basta evidenciar el adelanto cronológico de sus obras en cuanto a una técnica depurada gracias a recursos renovados y a una narrativa dramática desconocida hasta entonces. También, y como muchas de sus películas lo muestran, sentó las bases para la evolución en la puesta en escena, el cine de autor y el genero noir, entre muchas ramas cinematográficas que revolucionó.
Welles, desde muy chico, comenzó desarrollando sus aptitudes artísticas representando obras de William Shakespeare, su gran obsesión de la juventud. Hasta que tanto ahínco tuvo su recompensa cuando puedo llegar a representar en Broadway varias de las grandes obras del celebre escritor ingles. Su gran suceso en Broadway le abrió las puertas de la radio, donde en un espacio radial propio llevo a cabo un 30 de Octubre de 1938 su famosa adaptación de la novela de H.G. Wells La Guerra de los Mundos, el semejante suceso de tal impactante puesta en el aire sobre la ficticia invasión extraterrestre le abrió las puertas a los estudios RKO. La emisión radial había desatado una polémica en una Estados Unidos que siempre tuvo un enemigo exterior que combatir (llámese el comunismo, el terrorismo o los alienígenas). Su desembarco en el mundo del espectáculo no podía haber sido más escandaloso. Impactados quedaron los gerentes de la RKO quienes le ofrecieron un contrato para filmar películas a su gusto y placer, mientras que la manera en que Welles se abrió paso en el mundo artístico (con semejante escándalo y conmoción), daba muestra de su personalidad rebelde y arrolladora. Y el hecho de filmar a gusto y placer seria un beneficio del que Welles –dada su mala reputación no gozaría a lo largo de su fructífera y ecléctica carrera.
Un jovencísimo Orson Welles revolucionaba a Hollywood con su opera prima, una película de características de leyenda a la que Welles se adentró de lleno una vez que fracaso su intento de llevar a la pantalla grande la obra El Corazón de las Tinieblas, desde la prodigia concepción de un rebelde y nuevo cineasta, pasando por su polémica y caótica filmación en los estudios RKO. La película en cuestión es El Ciudadano (en Argentina) / Ciudadano Kane (en España) (Citizen Kane, 1941), para algunos al momento de su estreno un fracaso absoluto, para otros una obra maestra. Esta segunda mención perduraría a lo largo del tiempo reivindicando a Welles y su primera criatura como la mejor película de todos los tiempos. La obra de Welles siempre ha sido un poco críptica de desentrañar y su abordaje ha resultado más que complejo puesto que ha llegado en pleno nacer del cine sonoro a cambiar drásticamente las reglas de progresión fílmica conocidas hasta entonces.
La historia contada en El Ciudadano hablaba de un hombre nacido en la pobreza que llegaría a triunfar de tal manera extendiendo su enorme imperio a registros impensados, convirtiéndose en un autentico magnate con vinculaciones políticas y ambiciones de poder cuya cúspide le acarrearía a un descenso vertiginoso que lo haría acabar sus días en la desidia y el olvido. El personaje en referencia no es otro que el magnate de los medios William R. Hearst, quien cuando supo del contenido del film puso su grito en el cielo, y el hombre tenia poder suficiente como para anular el mismísimo rodaje. Esta compleja pieza narrativa de indudable audacia para la época encuentra su estructura a manera de retrospectiva que nos proponen como espectadores descubrir quien es realmente este ciudadano Kane. Las personas de su entorno que más lo conocieron dan sus puntos de vista bien ambiguos entre sí sobre el aspecto de la personalidad que conocieron de Charles Foster Kane, poniendo en tela de duda la ética y la moral de este personaje o ensalzando al mismo.
El film trabaja la gramática de la imagen como ninguno lo había hecho hasta ese entonces. Dando cuenta del excelente manejo de tiempos que Welles poseía, cuya astucia con la cámara queda evidenciada en el uso de los primeros planos, del plano medio y del plano detalle en un enfoque simultáneo que daba por tierra con todo lo conocido y empleado. Sumado a los encuadres y juegos de focos que utiliza y que sin dudas, como proveniente de Welles, rompía con las reglas establecidas y asentaba como un cineasta joven con una visión moderna de hacer cine.
Luego de estremecer una vez mas al mundo entero con su brillante opera prima El Ciudadano, Welles acrecienta una vez mas su mito con el film Soberbia (The Magnificent Ambersons, 1942), un proyecto mas que intimo, en su emprendimiento de llevar a la pantalla la novela de Booth Tarkington. El Ciudadano ya había involucrado infinidades de polémicas por su rodaje y posterior estreno. Amado u odiado, no se podía negar que Orson Welles revoluciono Hollywood por completo y esto determino que los estudios cinematográficos RKO se reservaran contrato de por medio los derechos para editar en su formato final cualquier film que el genio de Welles rodara.
Welles encara en Soberbia otro proyecto ultra personal. La forma en que construye la historia, con no pocos paralelismos en torno a su figura (el personaje central se llama George, tal el nombre de pila del realizador) y el relato transcurre en la clase aristocrática de alta burguesía (un recuerdo de la infancia del director). El film relata el ascenso y caída de la familia Amberson, con su esplendor a fines de siglo XIX, a medida que vemos avanzar y transformarse el mundo (con la moda masculina y su evolución como parámetro) y su lento declive a principios del convulsionado siglo XX (con la invención del auto como referencia). Aunque también claro esta, mas allá de las debacles económicas y los irremediables ciclos sociales que transforman el presente el film se centra en mostrar la caída de los Amberson por culpas propias en cuanto a diferencias internas de la familia o miserias que se van revelando poco a poco, en esas debilidades semi ocultas que acaban con tantos años de prosperidad. El film contrapone el clasicismo y el renombre a la pobreza y la honestidad, a la vez que acompleja una trama de amores perdidos y antipatías varias con un tono de evidencia melancólica y nostálgica.
Como es conocido, el autor tenía más que un problema, dado sus rebeldías y divismos, a la hora de conseguir financiación para sus proyectos. Es por eso que mucha de su filmografía quedo sin completar o recién se edito varios años después de concluida su realización. Lo cierto es que El Extraño (The Stranger, 1945) fue uno de los tantos que estuvo a punto de naufragar, de no ser porque uno de sus socios decidió hacerse cargo del presupuesto de la misma para darle un tono más formal y un carácter comercial a la bien personal mirada de Welles. De lo contrario, el film hubiera engrosado la lista de la docena de títulos sin acabar que el autor poseía. Así, fue que se embarcó en su próxima aventura, con una puesta en escena notoriamente influenciada por la novela de Nicholas Blake The Smiler with a Knife que el propio Welles fracaso de adaptar previo a su debut cinematográfico con El Ciudadano. El Extraño se suma a la gran serie de películas exitosas y novedosas que lanzo durante la década del ’40, tan prodigiosa para su cine.
El film es una de las primeras películas de la posguerra que centra su temática en la caza de criminales nazis y en un tono similar al que Alfred Hitchcock encaminaría su Encadenados (Notorious, 1946). Welles mezcla misterio, trama policial y cine negro, aunque de forma mas pragmática y menos intrincada que el triangulo amoroso y político que la citada película de Hitchcock abordaba. En las influencias del cine negro de Welles se denotan su clásico y siempre sobresaliente dinamismo visual, evidenciado a lo largo de toda su filmografía, gracias a arriesgadas puestas en escena que en los planos sombríos captan la esencia de la estética del cine policial noir que tanto le debe a Welles sumado a los elementos narrativos de tipo shakespearianos que caracterizaron la filmografía de Welles a lo largo de toda su obra. El director también se permite, a tono bien personal (y como costumbre de ir en contra de los cánones de Hollywood), ciertas licencias como el uso explicito de la violencia para la escena final que desentona con lo mostrado hasta entonces (justificado, en parte por la oscura temática sobre la incriminación de criminales de guerra), además de hacer una mas que irónica observación sobre el origen y las vinculaciones verdaderas del marxismo, paranoias de tipo xenófobas, las interpretaciones filosóficas de la guerra y las consecuencias del nazismo para una posible futura resurrección.
Welles despliega su enorme capacidad técnica y su amplitud artística para un desborde de maestría desde la pacifica ambientación del comienzo del film al caos general en que en esta tiene lugar, mostrando los dobleces de los simples habitantes del pueblo, las identidades secretas de los protagonistas y las caras ocultas del fascismo. Tal volumen de evolución (y subversión) argumental y emocional presenta el film que se permite a su final que el suspenso de espionaje, entre emboscadas y persecuciones, pistas que desorientan y pactos criminales. El desenlace da paso al melodrama mas bien trágico en una escena bellamente captada desde su oscuridad que en su epilogo encuentra el momento de mayor tensión de todo el relato. En su abrupta conclusión resume una obra de absoluta maestría del séptimo arte que el tiempo se encargo de consagrar como un clásico y que el destino quiso el mundo conociera “El Extraño” como la autentica visión de un genio.
Años más tarde llegaría La Dama de Shangai (The Lady from Shangai, 1947), un film representativo para la rica historia de un cine noir, por entonces en su apogeo. La magia de Welles se percibe en cada escena, en cada toma, en cada dialogo. Y al final resulto ser (como tantas otras veces en la inigualable carrera de este prolífico realizador) que su libertad de expresión no lo fue tal, que una vez mas los estudios decidieron recortar ciertas escenas y la rebeldía de Welles lo convirtió casi en un proscrito de Hollywood, en un rebelde sin causa, en un enfant terrible. La escena final, cuya edición de montaje corresponde nada menos que al luego celebre Robert Wise, esta lejos del final pensado por Welles, las piezas se reacomodan en un final si puede decirse feliz donde todo retorna su cauce y cada pieza argumental ocupa su lugar. De todas formas este detalle no empaña un film que lleva el sello característico de Welles por su audacia visual y su talento narrativo.
El film esta adaptado del cuento corto de Sherwood King The Day I Wake Before I Die y es un triangulo amoroso que se forma en base a intereses y conveniencias que deviene en un pacto criminal para cometer un asesinato y que envolverá una póliza millonaria, un juicio de características dantescas. Una trama que se va decantando en su intrincada red de engaños, traiciones, personalidades ambiguas y relaciones imposibles que culmina en una antológica escena de un tiroteo en un salón de espejos brillantemente filmada por Welles. Este clímax visual es en uno de los tantos momentos del film que muestras retazos de maestría de un autentico pionero que decidió filmar una historia de suspenso de características policiales con una trama romántica cuya característica principal también es el misterio.
Welles se reserva para si mismo el personaje principal, a la vez que transforma completamente a la mujer explosiva y sensual de Rita Hayworth en Gilda convirtiéndola en una femme fatale tan atractiva como repulsiva. La dirección de actores de Welles y los planos que se dedica y le dedica a Hayworth hacen junto con la puesta en escena un logrado registro de cámara que eleva aun mas el ambiente entre confuso y surreal que rodea al film. Esta compleja composición que elige Welles para la historia desorienta los caminos de la misma y por momentos no resulta del todo homogénea, pero en sus individualidades entrega momentos de calidad única.
Con semejante palmaras a sus espaldas Orson Welles se convirtió, queriendo o no, en un temido de los estudios cinematográficos quienes no querían financiarle los proyectos dado lo caóticos que podían llegar a resultar los mismos en una garantía de calidad artística si, pero también de polémica y controversia. El film en cuestión se aleja de los parámetros establecidos por las obras mencionadas y se acerca mas a El Extraño un film de aire noir que Welles había concebido con suma maestría y que coronaria una década que lo tuvo como protagonista indiscutido con una incendiaria versión de MacBeth.

Orson Welles hizo su Macbeth (1948) en un mes, dicen; con un presupuesto ridículo y decorados de cartón piedra, armó una obra magistral que todavía impresiona por su fuerza dramática y la nitidez con que la obra de Shakespeare llega hasta nosotros. El texto teatral de la tragedia de Macbeth resulta tan vívido, tan expresivo, que a la fuerza había de llamar la atención de un cineasta como Welles, explosivo y vital como pocos. Welles contó con sólo 23 días de rodaje y un presupuesto nimio, totalmente ridículo, de 75000 dólares para llevar a cabo su adaptación. Welles vivió años turbulentos en Hollywood, sus disputas por la libertad autoral con los estudios y su fama de indomable le ganaron numerosos detractores. Muchos de sus proyectos quedaron a mitad de camino y otros tantos se estrenaron con bajo perfil, en este caso el publico rechazo al film ni bien estrenado y la critica le dio la espalda, quitándole crédito al hecho de haber rodado con tanta rapidez y así y todo obtener resultados tan brillantes.
El principal método de Welles en la adaptación basó en una escenografía rudimentaria, de cartón piedra, con armaduras y pieles totalmente rupestres, y cuernos y coronas de lo más estridentes y estrafalarias. De alguna manera el film de Welles es puramente teatral, ya no sólo por la falta de escenarios, si no por la adecuación de los pasajes. E incluso, por la tremenda focalización que Welles realiza sobre el propio Macbeth mucho más marcada que en la obra de Shakespeare, llegando prácticamente a borrar a los demás personajes, del que aún sigue sobresaliendo, obviamente, Lady Macbeth, aunque en un grado ligeramente inferior al de la obra escrita. La ferocidad y la violencia de este Macbeth lo convierte en la más trágica de todos los llevados a la gran pantalla.
Preso de los estudios durante gran parte de su trayectoria, un autentico prófugo de Hollywood hacia una Europa que le abría las puertas con mas libertad, su regreso triunfal con Sed de Mal (Touch of Evil, 1958) ya en la madurez de su carrera, es no menos que un renacer de las cenizas. Y aun así todavía no podía sacarse de encima las reglas de mercado de los estudios y la censura en plena época del Código Hays. Es por esto que este film tiene para Welles y su filmografía un significado especial en cuanto el no pudo disponer con el tiempo de metraje para la totalidad del film, cuyo argumento y orden narrativo es mas bien un sueño cumplido para Welles en forma póstuma ya que en 1998, 40 años después del estreno oficial del film se conoció la versión final que Welles había ideado y le habían censurado.

Sed de Mal constituye el típico policial de cine negro clásico de los años ’50 y ’60, no le faltan elementos desde narrativos en su construcción argumental, hasta visual en la construcción de espacios, manejo de tiempos y estilo de cámara. Con Sed de Mal Orson Welles nos da una clase de como construir un film policial noir a la perfección: el guión abundara en policías corruptos, tramas oscuras, traiciones y venganzas y el estilo único del director, un autentico adelantado para la época, visualmente construye al film con un estilo audaz e inusual para aquellos años (basta ver la escena inicial, de creación perfecta) consigue lograr la mixtura ideal para atrapar al espectador con una trama original y a la vez con un ritmo sin respiro.
Lejos del agudo punto de vista político y de las referencias sociales de la época, Sed de Mal trasciende como unas de sus mejores obras, pero en otro sentido y alejado de la polémica y la trasgresión. Es una fiel muestra de como un artista en la cumbre su arte se puede dar el lujo de contar una historia muy bien construida con el solo pretexto de entretener y al mismo tiempo entregar una pieza de cine de lujo para el genero noir de aquellos años y posteriores, como solo los verdaderos maestros saben hacer.
Entrados los años ’60, basado en el libro El Proceso (Lé Process, 1962) de Franz Kafka, este es otra de las famosas genialidades de Orson Welles. Uno de sus ambiciosos proyectos concretados de la manera en que solo él sabia para un tibio recibimiento de critica y luego después de muchos años ser reconocido como la gran obra maestra que era. Constante en su obra, parte de un adelantado en términos de estructura narrativa y de destreza visual, incomprendido de sus colegas contemporáneos. La película constituye un buen análisis cinematográfico de la justicia como característica de un sistema de leyes dictatorial.
La justicia que se nos muestra en la película es ambigua, va mutando en función del desarrollo de la historia a manera de que en sus interpretaciones queda sujeto el protagonista de la historia, como envuelto en un laberinto que profundiza aun más los rasgos desigualitarios entre el acusado y el sistema que quiere condenarlo, algo así como un circulo vicioso donde el ciudadano entre desprotegido e incrédulo sufre los vaivenes persecutorios del gobierno mientras los personajes mas bizarros y las mujeres de su vida que en roles diferentes se cruzan en su camino (Romy Schneider, Jeanne Moreau, Suzzane Flon). La razón por la cual el enigmático K (Anthony Perkins) es inculpado, es poco específica, mas bien poco cierta. O bien un acto de subversión, o bien como afluente de una sociedad corrupta de la cual el acusado reniega convirtiéndose en un insurgente, plasmando a K como una victima de la sociedad. Argumento utilizado por Welles (en la piel del peculiar abogado) para desarrollar su visión contundente sobre la obra kafkiana “El Proceso” cuyo relato en forma de fábula introductoria, resulta aclarado una vez visto el film y tan atrapante como el film entero mismo al que daría continuación.
Welles plasmó en su film la lucha desigual entre el protagonista y un ente superior que domina su destino. Este protagonista es un hombre abandonado a la suerte de un tiempo y un escenario físico hostiles, casi salido de una pesadilla.
Es una crítica contra los estamentos de poder y en el gusto del realizador por la incongruencia de un mundo que parece desaparecer para dar paso a otro a costa de la vida del protagonista, en una visión, si se quiere, acorde al pensamiento revolucionario y contestatario de Welles. En cuanto al escenario, los espacios donde transcurre la acción son siempre oscuros y cerrados, lo que da al espectador una terrible sensación de estar inmerso en una prisión, creando climas claustrofóbicos, absorbentes, intensos, una clara muestra de la maestría visual de Welles que junto con su inmejorable manejo de tiempos hacen del film un espectáculo único, solo Welles podría haber concebido una visión tan personal y atormentada del mundo de Franz Kafka. 
En sus episodios donde no rodaba películas, Welles se permitía ejercitar como actor en roles secundarios de films casi siempre de buena elección y convertidos en clásicos a la postre como Moby Dick (1956), Un Largo y Cálido Verano (The Long, Hot Summer, 1958) y Casino Royale (1967). Campanadas a la Medianoche (Midnight Bells, 1966) fue quizás su última gran obra y bien vale para sintetizar la total filmografía de Welles: una película hecha sobre su más íntima y personal obsesión, la obra de Shakespeare. Un proyecto llevado adelante con esfuerzo y sacrificio por un hombre que siempre tuvo problemas para financiar sus obras, y por ultimo una muestra acabada de del prolífico y multifacético talento de Welles en sus labores de actor, director y guionista: se puede decir de sus dos principales características, como interprete un actor dotado y como realizador un maestro de la inventiva visual hacedor de un lenguaje estético cercano al barroco.
Triunfo en Cannes gracias a sus celebres adaptaciones de Shakespeare y mas allá de haber ganado un Oscar por guión nunca pudo alzarse con el premio a Mejor película o Mejor Director por El Ciudadano o por El Cuarto Mandamiento y la Academia recién lo premio con un tardío Oscar Honorario a la trayectoria en 1971 gracias a su versatilidad y artística en la realización de films. Cabe destacar que Welles no se hizo presente en la ceremonia, si bien envió un discurso grabado de aceptación. Es sorprendente, y hasta paradójico, que el cineasta más grande de todos los tiempos no tuvo el merecido respaldo de la crítica en su época de esplendor. Pero Welles no necesitó jamás que le digan que lo hizo bien ni que le den premios, su obra se retroalimentaba de su propia pasión por el cine como arte y de esa necesidad imperiosa de desafiar las reglas de forma constante. En ese vértigo logró dar rienda suelta a su magnitud creativa única. Sus obras lo respaldan y conociendo los procesos de evolución del cine a lo largo de su siglo de vida se entiende que, con él, cambió todo.

CINE INDEPENDIENTE - EL PRECIO DE LA CODICIA (Margin Call, 2011) de J.C. Chandor



EN TIEMPOS DE CRISIS



* * * 
BUENA
  
No estamos meramente frente a un film mas que se acerca a retratar la crisis financiera actual. Es un acercamiento al tema que tiene algo de especial en el, ya que no utiliza como fondo argumental construir su historia a través de las victimas de dicha crisis ni de las consecuencias que esta propensa. El debut cinematográfico de J.C. Chandor se centra, en cambio, en representar a los responsables de la crisis. Un elenco de notables (Jeremy Irons, Stanley Tucci, Paul Bettany, Demi Moore y Kevin Spacey) brinda actuaciones brillantes y se mete de lleno en un complejo guión que intentará disectar los complejos origines del estallido bursátil.

El film transcurre casi exclusivamente dentro de las oficinas de una empresa, allí se narran 36 horas de acción dentro de una financiara transcurriendo su momento mas critico, su momento decisivo. Entre despidos al personal, un operario descubre el big-bang de la crisis y como un desencadenante en dominó lo que potencialmente seria una bomba estallando en pleno Wall Street y la consiguiente debacle económica para Estados Unidos.


Como
leit motiv retrata a los mas poderosos como responsables de la crisis y hace valer la fama de ingratos y codiciosos que estos traen consigo. Despiadados e inescrupulosos que no dudan un instante sin el mínimo atisbo de culpa alguna, en tomar decisiones por demás injustas con tal de no perder un centavo, humillando a quienes están por debajo de ellos en la impiadosa pirámide laboral, que en este autentico tsunami bursátil arrastra a todos consigo, desde el primero hasta el ultimo que detenta la cadena de poder.

Esta ópera prima se centra en retratar a estos oscuros personajes, examinando su no humanidad sin ambigüedad posible. Hombres de negocio de alma corrupta, dueños de unos matices ideológicos bastante cuestionables. Preocupados por el grosor de sus bolsillos, su ambición no conoce limites a la hora de engrosar sus chequeras. En manos de ellos se encuentran las determinantes y, a la postre, irresponsables decisiones que guiaran el rumbo económico de una nación.

Pese a su notoria cadencia narrativa, como thriller el film funciona correctamente. Y en la expectativa de esta vorágine también puede rastrearse el germen de la perversión. Es cierto que causa cierta fascinación o al menos un sólido atractivo contemplar este efecto aniquilante que proporciona la crisis. Un medio ambiente siniestro que entre cuentas bancarias y cálculos matemáticos trasluce frialdad, cinismo y crueldad. Sobrio en su ejecución, por momentos se detiene en diálogos por demás técnicos demasiado pretenciosos y densos en lo conceptual, pero se vuelve mas interesante cuando aborda  el esquema de relaciones laborales.

La crisis financiera actual ya ha sido abordada con anterioridad en la gran pantalla. En otros tiempos
Ladrón de Bicicletas retrató la crisis italiana de la pos-guerra, Los Lunes al Sol el desalentador desempleo en España o Wall Street la fiebre financiera en plenos años ’80. Por estos días ha vuelto a ser un tema recurrente: desde el documental oscarizado Inside Job, pasando por la muy bien lograda The Company Men hasta llegar a la ultima incursión televisiva de Curtis Hanson en Too Big to Fail. Con eficacia, madurez y compromiso Margin Call tiene el suficiente peso propio elevar la propuesta y convertirse en un producto de gran calidad y así retratar un hecho contemporáneo con la pertinente gravedad del tema y su necesidad de ser esclarecido.