jueves, 10 de noviembre de 2016

DOSSIER - CINE Y LITERATURA: Capítulo V: "El Extraño Caso de Dr. Jekyll y Mr. Hyde" de Robert L. Stevenson



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ALUSIONES E INTERXTUALIDAD




Desdoblamiento de la personalidad, moral puritana, represión sexual, hipocresía, asesinato, lujuria, libertinaje y uso de drogas son algunos de los sugestivos ingredientes de El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde (1886), un gran clásico literario escrito por Robert Louis Stevenson del que el cine ha efectuado numerosas relecturas.

En el curso de tan solo seis semanas de intensa escritura del otoño de 1885, Robert Louis Stevenson creó la obra literaria que hoy se identifica antes que ninguna otra con el fundamental tema del doble: El extraño caso del doctor Jekyll y mister Hyde. Publicada poco después, constituyó el mayor éxito del autor, solo comparable al de La isla del tesoro. Respecto al autor, lo turbio y lo inquietante siempre formaron parte de la obra de éste, incluso de aquellas manifestaciones en teoría puramente aventureras, comenzando por la emblemática obra antedicha. Pero casi nunca conforma tanto la sustancia como el trasfondo y el método narrativo de una de sus historias: todo cuanto hay en Jekyll y Hyde brota del manantial más oscuro, persigue los rincones más sórdidos del alma humana, se niega a ofrecer refugio alguno a esa dimensión lúdica con que tanto asociamos a Stevenson.

Por ello, es una obra breve, poco más que eso que los anglosajones llaman nouvelle, pues el tratamiento corto, sin la menor duda, concentra mejor la intensidad. De pocas obras breves como ésta, sin embargo, ha nacido semejante progenie. Solo en el cine pueden citarse más de medio centenar de adaptaciones, unas abiertas y otras apócrifas, de la época muda a la actualidad. La increíble popularidad de la obra, y la enorme cantidad de adaptaciones que posee, sin duda provoca que la mayor parte de los lectores del relato hayan llegado a él previo «consumo» de alguna de aquellas, y desde luego con un conocimiento de todos los pormenores básicos del argumento. De ahí la sorpresa que suponga la estructura narrativa del original.

Y es que, si todas las adaptaciones cuentan la historia desde el punto de vista de su protagonista, Stevenson -hasta la confesión final de éste que ocupa el último capítulo del relato- lo narra todo a través de personajes interpuestos y mediante un inteligentísimo empleo de la elusión y la elipsis. Nadie conoce, o recuerda, que el personaje que conduce el relato es un amigo del doctor Jekyll, el abogado Utterson, un hombre seco y austero, bajo cuyo sentido de la lealtad personal se adivina una fría moral presbiteriana. No en vano, los analistas insisten en que, aunque se señala Londres como escenario de la obra, en realidad enmascara el Edimburgo natal del autor, del mismo modo que el puritanismo calvinista de la iglesia reformada escocesa impregna toda la reflexión sobre la dualidad y el pecado que la caracteriza.


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Otra sorpresa que provoca el relato es que, si en la práctica totalidad de las adaptaciones, Mr. Hyde es caracterizado como un hombre de rasgos casi monstruosos y como mínimo deformes (entre otras razones para así diferenciar los dos papeles, por lo común encarnados por idéntico intérprete), nada de eso sucede en Stevenson. Hyde no es un hombre deforme: lo que sí hace es provocar una enorme repulsión a cuantos se lo tropiezan. Esa repulsión, por lo tanto, supone una proyección mental de la deformidad interior que, eso sí, representa. Recuérdese que Hyde concentra, en toda su intensidad, la dimensión —ya presente en Jekyll— de su lado más proclive a dejarse arrastrar por lo sensual, por lo perverso. Es de estatura más baja (en varias ocasiones, llama la atención por vestir ropas mucho mayores de su tamaño: todavía se ignora —aunque no el lector— que es el producto de la imprevista transformación del doctor en su alter ego) pero no más feo o más deforme.

Sencillamente, todo su ser expresa su completa entrega, sin inhibición alguna, a las pasiones más desatadas: a esa falta de contención a los ritos y apariencias sociales, cuantos se lo encuentran y lo juzgan, empezando por el ceñudo Utterson, le dan el nombre de perversidad. Recuérdese que el único crimen que Hyde realmente comete en el relato —o el único que reconoce abiertamente— es matar a golpes y en plena calle a un pobre anciano en un rapto de ira del que, luego sabremos, en absoluto es responsable la víctima: sencillamente, es la persona que tiene el infortunio de aparecer para servir de desahogo a la furia interior de Hyde.


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A continuación, revisionemos la historia cinéfila de este clásico:

Adaptaciones mudas de la novela

De las muchas versiones silentes, la más destacada es El hombre y la bestia (Dr. Jekyll and Mr. Hyde, John S. Robertson, 1920), que también aprovecha un buen puñado de elementos de la novela de Oscar Wilde El retrato de Dorian Gray (1890). La película muestra a un reprimido Jekyll (John Barrymore) que, tras beber una poción, libera su "lado oscuro". Camuflado bajo la identidad de su doble Hyde, puede sumergirse en los vicios sin dañar su reputación. En El hombre y la bestia la depravación sexual acompaña a otras adicciones como el alcohol y las drogas.

Ese mismo año Friedrich W. Murnau presentó Der Januskopf con Conrad Veidt interpretando a la dualidad compuesta por el "Dr. Warren" y "Mr. O'Connor". Como se trataba de un plagio de la novela, la película fue destruida. Pese a ello, Murnau se arriesgó de nuevo en Nosferatu (Nosferatu, eine Symphonie des Grauens, 1922) plagiando Drácula, siendo denunciado por la viuda de Bram Stoker. Afortunadamente, en este caso sobrevivieron algunas copias de la película.

El hombre y el monstruo, con Fredric March

Ya dentro del cine sonoro, una de las adaptaciones más memorables es El hombre y el monstruo (Dr. Jekyll and Mr. Hyde, Rouben Mamoulian, 1931). Los efectos especiales fueron novedosos y todavía hoy resulta genial la escena en la que Fredric March se transforma por primera vez en Hyde. El actor fue justamente premiado con un Oscar. La película destacó en otros aspectos técnicos y artísticos, como el empleo de la cámara subjetiva, la abundancia de metáforas visuales, un uso avezado de la música y de los efectos sonoros y virtuosos movimientos de cámara.

El hombre y el monstruo critica en tono satírico las convenciones morales estrechas y la falta de miras de los altos miembros de la sociedad, enfatizando lo dañina que resulta la educación victoriana para el individuo. La represión sexual y las dificultades que encuentra para casarse –consiguiendo de esta forma una satisfacción carnal “regulada”– desencadenarán el frenesí de Hyde. No resulta por ello extraño que en este filme el aspecto del "yo siniestro" del doctor sea simiesco. Hyde supone la plasmación de los instintos vitales reprimidos, una parte animal que consigue emanciparse para saciar violentamente sus apetitos más atávicos.

Jekyll es Spencer Tracy

El extraño caso del Dr. Jekyll (Dr. Jekyll and Mr. Hyde, Victor Fleming, 1941) es más bien un remake moralista de la película de Mamoulian. Contó con un famoso trío protagonista: Spencer Tracy en el doble papel –una decisión de casting por otra parte poco afortunada, ya que el actor no consigue insuflar a su personaje de la fuerza necesaria–, Lana Turner como su virginal novia e Ingrid Bergman como una atractiva bailarina del Soho londinense con la que Hyde mantiene una sádica relación. Este último personaje no existía en la novela y se trató de una novedad del filme de 1931 (donde fue interpretado por Miriam Hopkins), aunque en esta versión brilla con luz propia gracias a la sentida interpretación de Bergman, genial en su rol de mujer maltratada.

En ambos filmes tanto la novia como la amante, representantes de los mundos opuestos entre los que se debate el protagonista, serán víctimas de su perversa psique. Esto queda plasmado visualmente en la película de 1941 en una escena onírica en la que ambas son representadas como yeguas a las que el "buen doctor" fustiga cruelmente.

El doble es una mujer: Dr. Jekyll y su hermana Hyde

En la ambigua y atrayente producción de la Hammer Dr. Jekyll y su hermana Hyde (Dr. Jekyll & Sister Hyde, Roy Ward Baker, 1971), Hyde es representado como una seductora fémina (encarnado por Martine Beswick) que simboliza en primera instancia "el anhelo de la mujer victoriana para escapar de la represión tanto física como moral a la que estaba sometida"¹. Un cambio de sexo que también alude a las tendencias homosexuales de su protagonista, firmemente sujetas bajo el rígido corsé de las “buenas costumbres”.
Antes, Hammer había producido Las dos caras del Dr. Jekyll (The Two Faces of Dr. Jekyll, Terence Fisher, 1960), que presentaba a Hyde como un dandy atractivo pero brutal. Interpretado por Paul Massie, el lado oscuro del apocado doctor se erige como un hombre “libre de todas las restricciones que la sociedad nos impone, sujeto solo a su propia voluntad” que hará de las suyas en Londres, retratada en el filme como una urbe perversa “solo si eres pobre”.

Por su parte, su rival Amicus –otra productora británica especializada igualmente en "fantaterror"– lanzó El monstruo (I, Monster, Stephen Weeks, 1971), con Christopher Lee y Peter Cushing en los papeles principales. En esta ocasión Lee se metió en la piel de Charles Marlowe, un médico afín a las ideas de Freud que formula una droga capaz de derribar todas las barreras del subconsciente dejando al descubierto los miedos y los traumas, pero también los deseos más oscuros y peligrosos del “ello”.

Hyde y Jack el Destripador

Resulta lógico que Hyde fuera asociado al temido asesino; ambas figuras simbolizan la decadencia y corrupción moral ocultas tras una máscara de respetabilidad en el marco de la sociedad victoriana. Tal es el caso de la mencionada Dr. Jekyll y su hermana Hyde, en donde el médico no muestra reparos a la hora de diseccionar prostitutas de Whitechapel con la excusa de sus experimentos.

La miniserie británica Jack el destripador (Jack the Ripper, David Wickes, 1988) introduce el mito del doble a través del personaje de Richard Mansfield (Armand Assante), un actor considerado sospechoso y que tuvo gran éxito representando en los escenarios una versión teatralizada de la novela de Stevenson. Michael Caine, que interpretaba al inspector encargado de atrapar al monstruo, protagonizó después Jekyll & Hyde (1990), olvidable telefilme también dirigido por Wickes.

Mary Reilly, un enfoque diferente

En Mary Reilly (Stephen Frears, 1996), basada en la novela homónima de Valerie Martin (1990), la narración se desenvuelve bajo el punto de vista de la enamorada sirvienta (Julia Roberts) del doctor (John Malkovich). La película desarrolla una historia de amor imposible en la que la Bella es incapaz de redimir a la Bestia de sus crímenes. Una visión romántica que no por ello ignora los aspectos más sórdidos y truculentos, elaborando un minucioso retrato de época que carga las tintas en las grandes desigualdades sociales.

Stevenson según Jean Renoir

El testamento del doctor Cordelier (Le testament du Docteur Cordelier, 1959) de Jean Renoir sitúa la historia en la Francia contemporánea y presenta a Hyde/Opale (Jean-Louis Barrault) como un azote de la burguesía, un vagabundo desgarbado al margen de la ley y de la moral y amante del caos. En esta versión el acomodado doctor, cuya hipocresía llega a la náusea, no es mucho mejor que su doble.


Trailer "Mary Reilly" (making-off, versión alternativa):


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