viernes, 18 de septiembre de 2015

LECCIONES DE CINE N° 32 - Colección Cahiers du Cinemá: PEDRO ALMODÓVAR






Serie Cahiers du Cinemá – Una cierta tendencia del cine de autor

Capítulo N° 10 – Pedro Almodóvar


 1.
La “teoría del autor” suele ser la más requerida para interferir líneas de análisis de un texto fílmico. Surgió en París, en los años '50, promovida por el teórico André Bazin y apoyada por algunos de los directores que formaron parte, de la bautizada “Nouvelle Vague” y fundaron la prestigiosa revista “Cahiers du Cinéma”: el director supervisa y escribe el argumento visual y auditivo, por ello, es el responsable último de la obra. A su vez, la obra se ve completamente atravesada por el marco teórico y el contexto socio-cultural y psicológico del cineasta que así, le imprime la huella de autor, su estilo diferenciador y categorizable. Entonces, el autor, se analiza como tal, a partir de la totalidad de su filmografía.

Pedro Almodóvar (Calzada de Calatrava, 1951) representa el nuevo despertar del cine español, enmarcado en el florecimiento cultural de la movida madrileña de la década de 1980. Nueva York fue la primera en recibir con entusiasmo la imaginación febril de este director, en cuyas obras convoca desde transexuales y neuróticos (Mujeres al borde de un ataque de nervios, 1988) hasta monjas toxicómanas (Entre tinieblas, 1983). Corrían los años '80 en España, y desde la productora “El Deseo” nacían  películas como “La ley del deseo” (1986), “Mujeres al borde de un ataque de nervios”(1988) o ¡Átame!(1989). Presentaban una visión diferente, provocativa y de vocación rupturista. El alto contenido naturalista rompía con el costumbrismo burgués del cine castizo. Almodóvar, siempre director y guionista de sus películas,  comenzaba a posicionarse así, como el nuevo “enfant terrible” y el autor más trasgresor del cine europeo moderno. 

Pedro decidió, desde un primer momento, retratar y narrar una realidad costumbrista, pero marginal, condimentada con altas dosis de humor negro, con personajes más humanos y cercanos que conectó íntimamente con  un público español, que después de varias décadas, veía en la pantalla, una realidad que no le era tan ajena y con un público internacional, que si bien, no siempre comprendía el humor, descubría una España graciosa, pintoresca, a veces profunda y diversa, muy lejana de la proyectada hasta entonces. En la actualidad, Almodóvar, ya un cineasta maduro, continúa inspirándose en su humilde infancia en un pueblecito de La Mancha para crear melodramas repletos de pasiones intensas interpretados por actores como Cecilia Roth (Todo sobre mi madre, 1999) Penélope Cruz (Los abrazos rotos, 2009) o Gael García Bernal (La mala educación, 2004).

2.
El crítico Thomas Sotinel le dedica un capítulo en ‘Maestros del cine’ de la colección de libros editados por Cahiers du Cinema y analiza la filmografía del realizador manchego desde un punto de vista personal y biográfico, pero también desde lo que el propio Almodóvar y sus colaborares dijeron de su cine en diferentes momentos.



De ‘Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón’ a ‘Los abrazos rotos’: Sotinel asegura en este libro sobre Pedro Almodóvar editado por Phaidon, que la obra del realizador de 'Hable con ella' “es de una coherencia luminosa". Desde la alegre transgresión de ‘Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón (1980) hasta la melancolía de ‘Los abrazos rotos’ (2009) no se deja de percibir su placer por compartir con el espectador el poder de un director de cine. Para trazar los caminos de esa filmografía que abarca ya más de tres décadas, Sotinel se vale de numerosas declaraciones del propio Almodóvar, en entrevistas y en artículos de prensa escritos por él mismo. También se reproducen palabras de la actriz Carmen Maura (“el humor de Pedro Almodóvar es muy agresivo para nosotros, los españoles”) y del escritor Manuel Vázquez Montalban (“el toque de Almodóvar existe y eso es lo que da razón de singularidad a su filmografía”).

Su madre y las mujeres: Los comienzos profesionales de Almodóvar están ligados a la movida madrileña, como su carrera al fuerte influjo de su madre (el libro incluye el artículo con el que el cineasta se despidió de su madre tras su muerte, publicado en El País en septiembre de 1999). Ya en ‘¿Qué he hecho yo para merecer esto?’, el realizador ve “una película en la que se reflejan maternidades diferentes”, hasta llegar a “una madre diferente a la de todas sus anteriores películas” en ‘Todo sobre mi madre’.  Siempre se ha considerado a Almodóvar como un director de actrices. ‘Entre tinieblas’ (1983) es “el primer gineceo almodovariano, una forma que orientará ‘Mujeres al borde de un ataque de nervios’ (1988) y ‘Volver’ (2006)”. Sotinel, no obstante, analiza también el papel de los hombres en su cine aunque destaca que, “después de cada una de sus películas en las que tienen mayor peso los hombres, Almodóvar ha sentido la necesidad de recomponer un gineceo”.

- ‘La ley del deseo’, su “primera gran película”: Almodóvar empieza su filmografía con ‘Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón’, un “producto inusual” en palabras de Sotinel que, según el propio Almodóvar, “contiene algunas de las mejores secuencias” de su carrera. ‘La ley del deseo’, “la primera gran película de Almodóvar” a ojos del autor del libro, es, “a la vez, un nuevo comienzo y la suma de todas las experiencias acumuladas hasta ese momento”. “Ya no tiene necesidad de recurrir a la provocación o el exceso”, dice.

Referencias a Wilder, Mankiewicz o Tennesse Williams: Con motivo de ‘Los abrazos rotos’, Almodóvar limita la presencia y la influencia de otros directores en su cine a homenajes (“No hago películas ‘al estilo de’”, afirma). Sotinel desgrana numerosas referencias cinematográficas en la obra del manchego, desde el cine de Douglas Sirk en ‘Tacones lejanos’ a ‘Perdición’ de Billy Wilder en ‘La mala educación’, pasando por ‘Eva al desnudo’ de Joseph L. Mankiewcz y ‘Un tranvía llamado deseo’, obra de Tennesse Williams, en ‘Todo sobre mi madre’.

3. 

Pocos directores de cine podrían encarnar el concepto de “autoría” con la misma comodidad y legitimidad popular con la que Pedro Almodóvar lo hace.  Porque si solo es un autor aquel que posee una obra y un estilo con rasgos distintivos reconocibles y  únicos, de modo que sus películas conforman un corpus atravesado por un hilo conductor sólido a lo largo de más de tres décadas de trayectoria. La tarea de saber quién es un autor y quién no, pareciera reservada estrictamente a críticos y espectadores iniciados en la religión de la cinefilia, y sin embargo, Almodóvar, aparece como un director con una identidad tan fuerte que incluso un espectador sin mayores pretensiones podría identificar una obra suya nada más que viendo un solo fotograma de alguna de sus películas. 

Almodóvar es uno de los pocos directores que goza de aprecio por partida doble: sus películas son alabadas por crítica y espectadores. Sin duda, un caso cada vez más extraño cuando hoy, del lado de la taquilla, abundan las películas sin identidad, las secuelas anodinas y las superproducciones de fantasía dirigidas a un público adolescente; mientras que del lado de la crítica especializada  y los festivales se abre paso un cine casi marginal (en términos de taquilla) que parece estar separado del público que llena las salas comerciales por un abismo insoslayable. No obstante conviene recordar que hubo un tiempo, en el que Almodóvar era también un director marginal; sus películas eran “underground”, su popularidad limitada a un par de amigos, y sus historias consideradas abyectas por gran de la crítica y el público.

Su carrera comenzó en los años inmediatamente posteriores  al franquismo, en la década del setenta. Almodóvar se había instalado como parte de un movimiento urbano contracultural conocido hoy como “La movida madrileña”.  A este movimiento concurrieron cientos de artistas que pedían a gritos un recambio generacional en todas las esferas de la cultura. Su debut comercial en el cine se dió en 1980 con la película “Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón”, protagonizada entre otras por Alaska, Cecilia Roth y Carmen Maura (las dos últimas compañeras habituales de sus películas). A ella le siguió el melodrama cómico kitsch, “Laberinto de Pasiones” (1982). Películas serie B,  que profesaban una gran influencia punk, no sólo en sus tramas, sino también en su modo de producción. 

Lo punk cederá rápidamente en sus siguientes obras, pero “lo camp” -sensibilidad cuya esencia es el amor a lo no natural: al artificio y la exageración según Susan Sontag- se hará el eje de su estilo dramático y visual, manifestado a través del arte kitsch tan característico en sus películas. Sin duda uno de los rasgos más distintivos de su obra es la utilización de la iconografía pop y elementos vulgares de la cultura, transformados en arte, que no solo funcionan como decorado, sino que además son manifestación clara del modo de ser de sus personajes. 

Es a partir de “Entre Tinieblas”, una película sobre un convento de monjas nada santas que trafican con drogas, donde su estilo comienza a definirse con claridad: sus producciones se hacen más grandes, su puesta en escena virtuosa, las actuaciones histriónicas ganan en dramatismo y la imagen se hace manierista.  Con “La Ley del Deseo” (1987), funda junto a su hermano Agustín, la productora “El Deseo”, sello bajo el cual saldrán todas sus películas futuras, y que sin duda, lo ubica dentro de la crítica como un autor. 

Sin embargo, su madurez definitiva como director llega dos años después con su película “Mujeres al borde de un ataque de nervios” (1989), cinta que además de merecerle su primer Premio Goya, también le significa una nominación al Oscar como “Mejor película extranjera”. En los noventa ocurre su gran consolidación como cineasta pop. Sus escenografías colorinches, sus números musicales (su gran amor por el bolero y Chavela Vargas son famosos), y los atuendos estrafalarios, todo alrededor de tramas enrevesadas que giran sobre el deseo y el amor exacerbado,  se convierten en marcas de autor reconocibles en películas como “Átame”, “Tacones lejanos” y “La flor de mi secreto” .

A finales de siglo llega su fama mundial, casi apoteósica, con la película que le vale su primer Oscar (además del premio al mejor director en Cannes): “Todo sobre mi madre”, un melodrama cuya trama toma influencias de “Noche de estreno” de John Cassavetes, que  terminaría  por consolidar a Almodóvar como uno de los directores más influyentes de nuestros días. Esta película deja claro que Almodóvar es ante todo un cinéfilo cineasta, que se nutre de la historia del cine (en eso se asemeja a Brian de Palma y antecede a Tarantino), cuya obra refleja esa maraña de gustos y pasiones, tanto como sus experiencias personales.
A partir de “Todo sobre mi madre” estas referencias se ven en sus películas de modo consiente y así, rendirá tributo a Hitchcock, el “Film noir” y “Las femme fatales”, en “La mala educación” y “Los abrazos rotos”, mientras que hará lo propio con Sirk Douglas y el melodrama de los años 50 en “Hable con ella”,  “La piel que habito”, y ambas cosas en “Volver”, aunque es obvio que esas influencias se entremezclan, sin descuidar tampoco sus otras vertientes cinematográficas: Luis Buñuel, Reiner W. Fassbinder, José Luis Berlanga, Andy Warhol y John Waters.

Almodóvar es un director complejo: desde sus primeros trabajos está presente en su cine, la voluntad expresa por habitar lo políticamente incorrecto, por conmover las bases morales de la sociedad española, y ante todo por escandalizar a través de la flagrante profanación de los tabúes morales, religiosos y sexuales de una sociedad apegada a un férreo sentido conservador heredado del franquismo y la iglesia católica.  Al mismo tiempo, el director manchego, ha sido un gran amante del cine y el arte popular, instrumentos que tal vez han sido fundamentales para lograrle esa enorme popularidad de que goza frente a un público del que muy pocos autores podrían alardear.

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