jueves, 11 de junio de 2015

LECCIONES DE CINE Nº 24 - Colección Cahiers du Cinemá: BRIAN DE PALMA







Serie Cahiers du Cinemá– “Una cierta tendencia del cine de autor”

 Autor N º 3 – Brian De Palma


El Neo-Hollywood, la continuidad de la nueva ola

El «nuevo Hollywood»  designa un movimiento cinematográfico estadounidense de finales de los años 1960s hasta mediados de los años 1970s que modernizó significativamente la producción de películas en Hollywood. Este cine, inscrito en la contracultura e influido tardíamente por el neorrealismo italiano y la Nouvelle vague francesa, se caracteriza por la potenciación del papel de los realizadores en el seno de los grandes estudios de EE.UU. y la representación, bajo un nuevo radicalismo, de temas hasta entonces tabú, como la violencia o la sexualidad. El «nuevo Hollywood» también renovó los géneros de cine clásico americano —western, cine negro— o los «deconstruyó» liberándolos de sus convenciones.

El período relativamente corto del «nuevo Hollywood» está considerado como una de las fases más importantes del cine desde el punto de vista artístico y reveló a muchos directores, como Francis Ford Coppola, Martin Scorsese, Brian De Palma y Dennis Hopper. En la mayor parte de las películas del «nuevo Hollywood», el director desempeña un papel central en su elaboración: Sigue siendo el responsable de la historia y del punto de vista artístico de la película, y dispone del «final cut», es decir, que decide hasta el final el montaje de su película. En las anteriores producciones de Hollywood sólo los productores o ejecutivos de los estudios tenían ese poder de decisión final.

La mayoría de los realizadores del «nuevo Hollywood» se reconocía en la tradición europea del cine de autor, donde el director también está implicado en el guion, la producción y el montaje. Muchas de las innovaciones del «nuevo Hollywood», estilísticas o de guión, eran continuadoras de las de la «Nouvelle Vague» francesa o del neorrealismo italiano. Estos cineastas, muy cinéfilos, estaban entusiasmados con la calidad del cine europeo y admiraban a realizadores como François Truffaut, Jean-Luc Godard, Jean Renoir, Ingmar Bergman, Federico Fellini, Luchino Visconti y Michelangelo Antonioni. De esta forma, mantuvieron una distancia con las producciones comerciales de Hollywood y querían conservar una visión personal, rodando películas profundamente sutiles y artísticas.

En aquellos primeros años del arco histórico que abarcamos, siendo de 1969 a 1971 un período negrísimo para la industria, se vivía una tensión entre lo nuevo y lo viejo. La llegada de la televisión en los años 50 y obligados por la administración a prescindir de sus prácticas monopolistas (antes controlaban la producción, distribución y exhibición) dejaron a las majors en una situación frágil que no hizo más que acuciarse en los años 60 por costosos y sonoros fracasos comerciales. Esta falta de sintonía con el público les acabó llevando a un callejón sin salida al final de la década de los sesenta, en pleno estallido de Vitenam.  De esta manera se dio la situación propicia para que una serie de directores con pretensiones artísticas lograran canalizar sus obras en el seno de la industria.

Una nueva concepción de la violencia

En la aproximación que realizamos a la representación de la violencia en el cine, consideramos que era inevitable detenernos en estos años del cine de Hollywood, los cuales nos darán muchas claves de la representación de la violencia en el cine norteamericano actual, un síntoma inequívoco de tiempos muy cambiantes. Son tiempos muy crispados y las ficciones permiten ser leídas como un reflejo indirecto de la actualidad convulsa que el país vivía en esos años: una misma concepción de la violencia. En el cuestionamiento del poder que todas ellas efectúan, el problema de la violencia aparece indisolublemente ligado a él. Por ello, ya no la entenderán como algo patológico y extraordinario sino que la describirán plenamente insertada en la cotidianeidad. Formará parte de una situación estructural corrupta y viciada, que atravesará todos los estamentos del estrato social. Eso por lógica, configura y determina una nueva situación relacional y experiencial.

La violencia ya no viene provocada desde el exterior como tradicionalmente se representaba (la ciencia ficción de los años 50, sin ir más lejos). No, Hollywood a través de sus creaciones nos indica que la violencia está entre nosotros. En el mismo espacio donde conviven agresor y víctima. Y eso da un nuevo sentido al mundo. La inseguridad ciudadana se hace patente y las altas tasas de criminalidad ven su reflejo en el cine comercial, ilustrando los miedos y el negro pesimismo de un entorno urbano. La sordidez, la decepción y el desaliento son los estados anímicos que se transpiran. Ya no puede delimitarse con tiralíneas la división entre violencia social e individual porque, como una nube que lo inunda todo, desdibuja los procesos morales.

Esta nueva percepción y Vietnam en las pantallas de televisión, amén de la dislocación traumática de los veteranos de la guerra en el seno de la sociedad, dan pie para que florezca el ser con mente desequilibrada. Ya una década antes, Psicosis (Psycho, Alfred Hitchcock, 1960) sentó las bases del psicópata contemporáneo. Pero no fue hasta este período, que no encontró su especial utilización como ser aterrador en cuanto convive en nuestro barrio. Un ya temprano ejemplo en la exploración entre identidad (fracturada) y violencia lo vemos la aproximación que realiza Brian de Palma al cine negro y al triller psicológico, notablemente influido por el gran maestro del suspenso.

De Palma, el voyeur insaciable

A lo largo de más de cinco décadas, De Palma fue director, escritor, montajista, productor e incluso actor y sin importar si se trataba de películas de bajísimos presupuestos o de grandes superproducciones, se dedicó a ellas como un artesano de la imagen y cargó a sus realizaciones con buenas dosis de ingenio y dinamismo.

Director de grandes intérpretes Robert De Niro, Al Pacino, Sean Connery, John Travolta, Melanie Griffith y Sissy Spacek, De Palma es uno de los pocos directores capaces de desplazarse con increíble facilidad y talento de la violencia hacia el romance, pasando por el horror, el erotismo, el humor, el melodrama y la acción, sintetizando su propio sello contemporáneo con el estilo de los grandes directores de las primeras décadas de la cinematografía. Nativo de Nueva Jersey, es parte de esa generación que revolucionó Hollywood compuesta entre otros por la santa trilogía de cineastas ítaloamericanos (junto a Francis Ford Coppola y Martin Scorsese). Jóvenes cuando el sistema de estudios se caía a pedazos, estos directores reflejaron el impacto que causaba por aquel momento el cine europeo (la Nouvelle Vague como principal influencia) junto a una adoración por el cine clásico norteamericano.

Autor de películas que recorren todo el espectro de la cinefilia, desde su primer éxito con la terrorífica Carrie hasta su último fracaso con Misión a Marte, Brian de Palma maneja el cine como si fuera un juego con sus propias reglas, un laberinto de espejos en el que una imagen conduce a otra para acabar siempre en el mismo sitio, en ese universo cerrado que es la historia del cine alimentándose una y otra vez de sí misma. A pesar de su poliédrica filmografía, en la que caben tanto la hitchcockiana Fascinación como Los intocables de Elliot Ness o la excesiva Misión Imposible, Brian de Palma sigue siendo ese maestro de los delirios audiovisuales que quiere estar muy cerca de David Lynch pero sin alejarse demasiado de su mentor Hitchcock.

Creador de piezas de terror en los setenta -Carrie, Obsesión- y superviviente de la desaforada década de los ochenta -Blow Out, El precio del poder-, Brian de Palma defiende desde su obra su condición de “cineasta independiente que no le teme a la experimentación”. En este sentido, a Brian De Palma siempre le ha interesado más el despliegue formal cinéfilo que la historia que cuenta. En él es habitual ignorar en cierto modo el guión y preocuparse poco de si resulta comprensible, si fluye bien o si no funciona en absoluto.

Tras su desafortunada experiencia con la ciencia ficción, Brian de Palma ha dado forma en sus últimas películas a algunas de sus grandes obsesiones y mitos recurrentes de la cinematografía. Con Femme Fatale, el cineasta italoamericano ha construido un thriller sexual que, en parte por sus excesos y en parte por su libertad creativa (no en vano es una producción europea), ha confundido a la crítica y dividido al público. Por otra parte, con La Dalia Negra, inspirada en la novela homónima del escritor James Ellroy, adapta uno de los casos criminales más espeluznantes de la historia de Hollywood.

De Palma, el discípulo de la mirada perversa

En el caso de De Palma, fue Alfred Hitchcock la influencia principal. Un cine cerebral en complejas construcciones visuales unido a las temáticas comunes al maestro del suspenso: voyeurismo, psicópatas sexuales y por supuesto, el suspenso. Pero De Palma, un auténtico cineasta maldito (jamás ganó un Oscar, sólo en 1969 un Oso de Plata en el Festival de Berlín) actualiza al maestro llevándolo un paso más allá. Con el fin de la última utopía de los años 60, en los 70 da rienda suelta a su oscura y paranoica imaginería, llevando al extremo el estilo inconfundible de su mentor al desnudar el lado más oscuro del alma humana: hermanas siamesas en Sisters, baldazos de sangre en Carrie, montañas de cocaína en Scarface o el negocio del porno y el voyeruismo en Doble de Cuerpo.

El estilo de Hitchcock, como veremos, ha influenciado en muchos cineastas, que con mayor o menor talento le han imitado o han aportado nuevos detalles al género, aunque todos sabemos que el estilo Hitchcock era inimitable e irrepetible. El cineasta Brian De Palma hizo algunas películas que intentaban acercarse al estilo inconfundible de Hitchcock, notables algunas de ellas pero sin llegar a la categoría y la fuerza narrativa inimitable del genio británico: desde "Obsesión" -con banda sonora de Bernard Herrmann- o "Doble cuerpo", aunque él es más recordado por su truculenta adaptación de "Carrie" de Stephen King, con una impresionante Sissy Spacek traumatizada por una madre posesiva y fanática que nada tenía que envidiar a la de Norman Bates.

Acusado muchas veces de ser un imitador de Alfred Hitchcock, Brian De Palma supo ganarse un lugar indiscutido entre los cineastas norteamericanos más talentosos. Hoy es reconocido como un maestro del suspenso y la intriga; un director muy personal que se destacó por su estilo controvertido, oscuro y violento que aún hoy genera polémicas.


No hay comentarios:

Publicar un comentario