lunes, 29 de junio de 2015

ARTÍCULOS DE CINE N° 21 - "Neorrealismo Italiano: Eclosión de los procesos históricos y transformaciones sociales" [por: Miguel Campos]






Dentro del abanico de conceptos epistemológicos, y del orden socio-histórico que configuran los procesos marginales de una sociedad en crisis, es el cómo y el porqué nos sentimos protagonistas de una tergiversación de las imágenes, sentidos y vivencias; ya que a la postre de los cánones metodológicos impuestos, creemos ser parte de una realidad manipulada, de una trasgresión sicológica en que somos victimas de un atropello y de un cáliz sangriento que se configuran bajo los matices negros de las armas, la violencia, la censura y por ende, la de un orden político establecido. Sin embargo, cabe preguntarse, ¿de qué manera somos capaces de autogestionar una conciencia de clase, una conciencia social en que nos sentimos atropellados culturalmente, en que la libertad se nos limita a creer y a pensar que somos diferentes?

Frente a la temática socio-histórica, en que Eric Hobsbawm descifra la contextualización social del siglo XIX como el período de las revoluciones, en donde la inflexión metódica de los grandes imperios no da cabida en la historia positivista a la sociedad, es como lentamente comienza a tomar protagonismo el inquebrantable uso de los actores sociales en la realidad. Pero esa realidad, una vez llegado el siglo XX, adquiere un giro de la sobre posición del eje que ordenaba el entorno drástico de una burbuja de censura, vale decir, el poder. De esta manera, el siglo XX marcaba así una tendencia homogeneizante en que los países con mayor poderío económico tornaban y pincelaban la realidad con colores grises, lo que iba a desatarse como un verdadero caos social.

No cabe duda que La Segunda Guerra Mundial, transformó y desencadenó uno de los procesos mas bélicos suscitados en la historia de la humanidad. Conceptos como censura, violación y muerte, comenzaban a perpetrar en los lugares más recónditos de la geografía social humana. Es por ello que las críticas sociales sobre la manipulación de “lo real” comenzaban a ser vislumbradas y reflejadas en las distintas artes, tales como la pintura, la escultura, e incluso en el teatro.

Pero el real protagonismo, sin lugar a duda lo tuvo el cine; no es que sea más importante ni mas drástico en cuanto a la reflexión y conciencia social de los procesos, pero se convirtió en uno de los pilares fundamentales para llevar a cabo una visión diferente e innovadora de mostrar una realidad con matices heterogéneos, rechazando de esta manera, una verdadera verticalidad en los aconteceres históricos de la humanidad.

Las víctimas del arribismo oligárquico no se encontraban en las pautas de los ambiciosos poderíos económicos, sino más bien, en la gesticulación de crear una autoconciencia de liderazgo armamentista, destructiva y avasalladora. Esta idea innovadora y diferente de proyectar la realidad histórica en cintas, nace en lo que algunos historiadores llaman como la cuna de la cultura, o sea, Italia. Este movimiento vanguardista llamado Neorrealismo, se contextualiza en Italia principalmente por los atropellos sociales y marginalidades contra puntuales, en que los pueblos locales se veían objetados y contrarrestados culturalmente por una identidad nacional adyacente y confabulada, a ello hay que agregar la existencia de un significativo rechazo a los esteticismos y a lo que el profesor Cécéreau denomina devaneos del cine en cuanto a la reconstrucción histórica se refiere.

Este nuevo realismo italiano con matices oníricos, configuraba después de la Segunda Guerra Mundial, un paseo fotográfico en movimiento de la realidad quejumbrosa, en que la sociedad se veía trastocada por tópicos yuxtapuestos de la posición violenta del entorno imperialista de las distintas naciones europeas.

Es así como el Neorrealismo Italiano surge como una revolución a la patente adquirida del fascismo de Mussolini, porque recordemos que todo lo relacionado con las imágenes, vale decir, cinematografía, fotografía y televisión, eran medios propagandísticos manipulados por el dictador para proyectar una visión positiva de lo que acontecía tanto en Italia como en Alemania, o sea, ocultar todos las violaciones a los Derechos Humanos, incluidos los campos de concentración al sistema dogmático Nacional Socialista y Fascista; en simples palabras, el cine italiano, estaba configurado, en ese entonces por un verdadero humanismo revolucionario.

Esta revolución, tal como la llama Pío Caro, se manifiesta a través de las imágenes, del contenido social y de crear una conciencia histórica de los procesos que derrumbaron la identidad de millones de personas. La forma de observar, de pensar y de criticar, surgían al alero del entorno post Segunda Guerra Mundial. Mediante esta superposición de los referentes teóricos Raymond Bordé da a conocer cinco puntos importantes del por qué esta corriente o movimiento neorrealista, puede ser llamada una Revolución: En primer lugar alude a que es poca la importancia que se le da a los personajes en la obra, sino mas bien en lo que está detrás de ellos, vale decir, sus problemas sociales, económicos, etc. En segundo lugar, el neorrealismo aborda la realidad no tan sólo con personajes profesionales, sino con gente de la propia calle, que a decir verdad puede que haya vivido la experiencia del caos social mucho más cerca que los profesionales. En tercer lugar, los lugares de filmación son concebidos directamente en donde se desarrolló la acción, para de esta manera, acercarse más al tema de los procesos históricos. En cuarto lugar, no tiene un orden de pauta o reglas previas para montar su obra, por lo que la espontaneidad es uno de los puntos bases para el desarrollo del film; y por último, en un principio adquiere los matices de colores negros y plomos para reflejar la temática oscura de lo que aconteció en la década del 40 del siglo pasado[1]

Mediante lo anteriormente estipulado, podemos deducir que no hay un sistema mecanizado, sino más bien una suerte de sintaxis cinematográfica, de sentir la realidad como algo propio del acontecer humano en el tiempo, así al menos lo expresaron los directores como Rosellini, Visconti, De Santis entre otros. Por lo demás, cabe mencionar que las criticas sociales al sistema imperante, no aparecen con el Neorrealismo Italiano, sino mucho antes, el propio Charles Chaplin el precursor de este espíritu de lucha contra la injusticia, películas como Luces de la Ciudad, Tiempos Modernos, El gran Dictador entre otras, reflejan una forma ridícula de hacer un cine sarcástico y metódico; además se le considera como uno de los directores mas críticos e innovadores en el proceso fílmico de sus peculiares cinematografías, jugando así con la adversidad del dolor y de la bondad, temas antagónicos que en el neorrealismo no aparece[2]

Sin lugar a duda que la Segunda Guerra Mundial, como lo hemos mencionado anteriormente, y las calamidades por las que pasó Italia, influyeron notablemente en el nacimiento de la Nueva Escuela, sin embargo, pese a lo influyente que fue la guerra en este nacimiento, no se dejó solo notar en el ámbito de un realismo documentalista de los procesos históricos, sino que también en hacer un realismo cercano al dolor, y angustia que sufría todo un pueblo relacionado a la memoria social e histórica que comenzaba a perpetrar lentamente en el abismo mental de la sociedad.

Esta nueva era de hacer cine y de proyectar cinematográficamente, es lo que también Sanjinés llama como la etapa revolucionaria del Neorrealismo.[3] Preferentemente la llama así, porque se filma con el objetivo de romper esquemas tradicionales, de crear una conciencia social colectiva y de lograr una identidad fuerte en los diversos dramas que sucumben a la Italia maltrecha y doliente. Es un verdadero fenómeno cultural que comienza a expandirse lentamente por todos los lugares del mundo, porque el cine también cumple un objetivo general, y ese objetivo va relacionado directamente con el pueblo, con la gente, porque la realidad y la historia van de la mano y ambas se encuentran en el epicentro de las relaciones humanas, vale decir, en las calles de la ciudad.

Es así como esta revolución cinematográfica, comenzó a penetrar en los círculos fílmicos de Latinoamérica, en donde la simbiosis cultural propicia a las extensiones identitarias que configuran un nuevo destello en los ápices de la magnificencia sincrónica de los procesos sociales, dando cabida y posición metódica, a los llamados “silencios de la historia”. Sin embargo, frente a este apogeo cultural, hay que tener en cuenta que muy tempranamente, Latinoamérica como un marco productivo de películas, se encuentra muy dependiente del mercado Hollwoodense de los Estados Unidos, es más, antes de estallar la Segunda Guerra Mundial, en el caso de Argentina, ésta adquiere el 40% de sus películas virgen en Alemania y el 60% en Estados Unidos. De esta manera el conflicto hace que los productores y distribuidores argentinos dependan enteramente de los norteamericanos[4]

Esto no quita que las dos superpotencias cinematográficas en Hispanoamérica durante los 50s, sean México y Argentina, lo que lleva de una u otra manera un reforzamiento de la dependencia fílmica con Estados Unidos, creando así un lazo repercutido en los diferentes países de Latinoamérica. Es así como se crea un imaginario positivo a los referentes teóricos y prácticos de la metodología fílmica en Italia. Por ejemplo en Colombia, comulgan un entusiasmo bastante perseverante a la llegada de films neorrealistas; Hernando Salcedo Silva, quien fue el fundador de la crítica bogotana, afirmó “los italianos están haciendo cine en la calle, sin estudios, sin trucos escénicos, como la vida misma […] Ladrón de Bicicletas puede calificarse […] como la película más humana que jamás se haya realizado”[5]

Frente a esta temática, podríamos decir que el Neorrealismo Italiano y el cine latinoamericano surgen en pos de un compromiso histórico con la propia sociedad, logrando así, un espíritu creativo e innovador en que las políticas sociales sucumben y se imbrican con la realidad histórica de los procesos revolucionarios, en que tanto el neorrealismo Italiano como el cine latinoamericano, posicionan una radicalización profunda de las estructuras sociales en el entorno existencial de la vida revolucionaria.

A lo dicho anteriormente, Jorge Sanjinés es enfático en comparar ambas cinematografías (Neorrealistas y Latinoamericanas) con el surgimiento de una grave crisis socio-histórica. Es por ello además que se crea un lazo coercitivo con fines de denuncia a la propia situación social de ambas contextualizaciones, derivando así a una alteridad identitaria de confrontaciones ideológicas, en que las posiciones revolucionarias convergen en un punto y eje transversal con fines netamente metódicos. A ello se añaden dos corrientes relevantes al momento de clarificar la metodología fílmica de los directores; por una parte, el Neorrealismo como un cine de posguerra, y por otra, la del cine latinoamericano como un movimiento generado muy poco tiempo después del triunfo de la Revolución Cubana que eclosiona inmediatamente después de la muerte del Ché[6]

Este punto es crucial para comprender el cine latinoamericano, ya que el triunfo de la Revolución Cubana acontecida en 1959, señala un periodo nuevo en América Latina. Sus características: desarrollismo económico, movilización e insurgencia guerrillera, inestabilidad política e instauración de una serie de dictaduras, cuestionamientos ideológicos y efervescencia cultural,[7] lograban una metamorfosis conceptual de los preceptos que se encontraban jerarquizados anteriormente por los modelos y estructuras sociales, tildadas de supuestas “verdades históricas”.

Dentro de este marco, se comprende y se produce un período de transformaciones y renovaciones en el campo de la modernidad latinoamericana, dando pie para que intelectuales jóvenes se proyecten y se enfoquen en temáticas cinematográficas más diversas, creando un propio modelo cultural de la situación social de los acontecimientos transgenerados por el mismo entorno en que convergen las nuevas ideas. Dentro de la contextualización metodológica, existe una exégesis eurocéntrica de los tópicos modernizadores del cine latinoamericano, y no es solamente por un tema de herencia cultural al neorrealismo italiano, sino también por las tragedias, marginalidades, y eclosiones sentimentales de lo barroco, que ya en los años 50 y 60, lentamente comienzan a perpetrar como un estereotipo de autoconciencia social, relacionada directamente a un apogeo cinematográfico de los alboreos tropicales en Latinoamérica.

Es por esto que las convenciones sociales y estéticas, configuraron un alarde surrealista de la confrontación de ambas cinematografías, en que el cine Latinoamericano no es un plagio discursivo, ni mucho menos estético de las tantas escenas oníricas en el Neorrealismo, sino mas bien, métodos y herramientas que se superponen a la realidad social del entorno de nuestro continente, con el propósito de subyugar las necesidades maltrechas de un mundo totalmente diferente, pero a su misma vez, aunque suene contradictorio, similar con lo que se reflejaba en Italia durante los 50s.


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