martes, 13 de mayo de 2014

CINE EUROPEO - Blanc / Tres colores: Blanco (Trzy Kolory: Biały, 1994) de Krzysztof Kieślowski // parte II









BLANCO, LA IGUALDAD (parte II)




* * * * *
EXCELENTE



Sinopsis:

Karol es un peluquero polaco, casado con una mujer francesa, Dominique. Ambos inician los trámites para divorciarse en París porque, según ella, el matrimonio no ha sido consumado. Karol admite este hecho y acaba perdiéndolo todo: su compañera, la peluquería adquirida con años de esfuerzo, el pasaporte, el dinero y la dignidad. Segunda entrega de la trilogía que, basándose en los colores de la bandera francesa, pretende reflexionar sobre la frágil situación de Europa en este final de siglo. Como sucede siempre en el cine de su director, la aparente simplicidad encierra complejas connotaciones que van desde el espíritu hasta la política, en sus sentidos más amplios. El contrapunto a su lucidez es una ironía siempre en el borde de la amargura.

Reseña:


Blanco es una chaplinesca tragicomedia repleta de analogías contradictorias alrededor del concepto o ideal de Igualdad en la sociedad europea, particularmente, con varios puntos de partida y llegada, a partir de la separación de la pareja protagonista, Karol (Zbigniew Zamachowski) y Dominique (Julie Delpy). Comienza contando la historia de Karol, un peluquero polaco afincado en Paris, cuya impotencia sexual, al parecer repentina, desemboca en la petición de divorcio de su mujer, Dominique, alegando que su matrimonio “no se ha consumado”. Tras el fugaz divorcio, y evidente humillación pública de Karol ante la justicia francesa, Karol es de nuevo humillado socialmente al serle embargados sus bienes materiales y económicos tras el divorcio.

      En este primer bloque, Kieslowski presenta a varios de los elementos protagonistas en esta alegoría socio-económica alrededor de la igualdad, tan ambiguos como paradójicos, desde la burocracia capitalista hasta la cuestiones de género , La presentación no es sutil como en anteriores películas, sino más bien fría y directa, sin tiempo de reacción; Blanco, es un film construido a partir del ritmo directo de la tragicomedia, de sus placajes emotivos, a partir de los conceptos de fugacidad económica, en todos los sentidos. De todos los conceptos presentados en esta primera parte del film, quizá el más repetido, es el de la humillación. Kieslowski alude constantemente a la humillación a la que es sometido Karol, ya desde los primeros planos del film, como detonante de los posteriores juegos de poder alrededor de un concepto de igualdad, que finaliza totalmente desmontado.

     De la noche a la mañana, Karol es humillado por todo lo que le rodea y su “sueño americano” a la francesa, aniquilado. El kafkiano y sutil sentido del humor de Kieslowski, es evidente en varias de las primeras escenas de Karol, quien, por ejemplo, incluso antes del juicio ya es cagado encima literalmente por una paloma en las escaleras del Palacio de Justicia de Paris; es simplemente, una simbólica declaración de intenciones. La humillación de Karol no parecerá tener remisión.
  
     Sin pasaporte, con sólo dos francos y prácticamente sin dignidad, Karol es relegado al metro de Paris como músico ambulante, en una secuencia mucho más alegórica y cómica que dramática. De hecho, la fugacidad con la que se intercalan los conceptos de “nuevo pobre” y “nuevo rico” en la película recuerdan al mejor Charles Chaplin y su “humana” visión de las relaciones sociales. Karol, como su nombre indica, es Charlie, es la figura del vagabundo chaplinesca rescatada para Kieslowski en Blanco. Kieslowski afirmó que para dirigir la interpretación de Zbigniew Zamachowski como Karol, sólo le indicó dos palabras: “Charlie Chaplin”.

     Pero, como es habitual en la filmografía de Kieslowski, siempre aparece un elemento que parece tener conexiones de complicada naturaleza, redentores de la fe o del destino. En este caso, el personaje de su compatriota Mikolaj (Janusz Gajos), quien reconoce a Karol como compatriota, tras escuchar la triste melodía polaca que esboza Karol con un peine y un pañuelo como instrumentos. Tras este encuentro “casual” -pues en el cine de Kieslowski nunca sabremos que es casual o que está predestinado-, Mikolaj, que comparte la frustración y tristeza de Karol pero por motivos diferentes, empatiza con su compatriota tras verle en la estación y le propone volver a Polonia para deshacerse de un hombre “cansado de vivir”, bajo una suculenta recompensa.

El encuentro "casual" con el resignado Mikolaj supone la posibilidad de una segunda oportunidad para Karol. En esta segunda parte del relato, Karol acepta la extraña invitación de Mikolaj y decide volver “sea como sea” a su país de origen. Y lo hace de la manera más kafkiana posible, como polizón en una maleta de equipaje, hacia su propio país. Francia no solo lo humilla, sino que le niega la repatriación en una divertida alegoría de los sinsentidos burocráticos de la todavía en construcción Nueva Europa de inicios de los 90.


La igualdad es, efectivamente, algo por lo que luchará Karol (Zbigniev Zamachowski), peluquero de origen polaco afincado en París, muy enamorado de su mujer Dominique (Julie Delpy), que acaba de solicitar el divorcio alegando impotencia de su marido. Ante la Justicia francesa, Karol no es más que un emigrante sin derechos, un extranjero que desconoce el idioma, por lo que al divorcio le sucederá la pérdida de bienes y pasaporte quedando en situación ilegal. Humillada tras un nuevo intento fallido de consumar el matrimonio, Dominique resuelve entonces denunciarle falsamente de incendiar la peluquería, con lo que Karol no tiene otro remedio que huir del país.

En el metro ha conocido a un compatriota, Mikolaj (Janusz Gajos), con el que se ha comprometido a realizar un misterioso e inmoral trabajo –viajar a Polonia y matar a un amigo suyo que está “cansado de vivir”–: asistimos entonces a una serie de situaciones un  tanto rocambolescas y esperpénticas en la salida y entrada de ambos países. Se inicia así la segunda parte de la película, en la que Karol sólo tiene una obsesión: recuperar el amor de Dominique. Para conseguirlo, trabaja de nuevo como peluquero junto a su hermano Jurek (Jerzy Stuhr), pero pronto se interesa e introduce en un negocio financiero con actividades de dudosa ética. Es la especulación capitalista que ha llegado a Polonia y que le enriquece vertiginosamente hasta convertirle en un gran empresario, con Mikolaj como socio. A continuación trama un plan diabólico para hacer venir a Dominique a Polonia: pone todos sus bienes a su nombre y organiza todas las cosas para hacer creer a todos que se ha muerto. Tal y como suponía, su mujer llega al funeral mientras él la observa desde la lejanía descubriendo que el amor sigue vivo: una visita al hotel donde se aloja es suficiente para demostrarle que ha superado la impotencia.

La película podría terminar así, con un amor recuperado y una desigualdad vencida, y sin embargo la venganza no ha concluido: él está legalmente muerto y tiene que permanecer oculto; ha organizado las cosas de manera que la policía sospeche y encarcele a Dominique, como sucede; ahora es ella quien se encuentra indefensa ante la justicia polaca. Parece un amor imposible, a pesar de la estremecedora, delicada y esperanzadora escena –con plano/contraplano– en que ambos se miran desde lejos en el patio de la cárcel y se manifiestan con gestos su amor.

     La clave cómica de la película se torna progresivamente feroz a partir de entonces, en la disociación de polos sociales, políticos, económicos e incluso sexuales, que apalean absolutamente cualquier concepto adquirido de la Igualdad tras estos elementos. Un concepto que tras el velo tragicómico de la cinta, es desmantelado como infantil y estúpido. Y más, tras avanzar la película hasta la definitiva expresión de la idea, la Igualdad de estupidez social a la hora de ser “más igual” que el resto.  

     A la llegada a Polonia, Karol sigue recibiendo más de lo mismo, más humillación si cabe incluso por su propio País. La maleta fue robada y Karol recibe la paliza de unos desgraciados como bienvenida a su “nuevo” país, donde todo parece estar en venta, incluso su propia dignidad y la de los suyos.   Esta es una de las analogías históricas más interesantes de la película. El vacío político y social existente en la apertura económica de la Europa del Este tras la caída del socialismo, significa para Karol, la pérdida de la identidad personal; el último de los resquicios individuales al que aferrarse en la búsqueda de superación personal. Tras la pérdida de identidad, el motor vital de Karol comienza a mostrar su controvertida existencia.

     ¿Cuál es el motor principal del posterior auge (milagro económico) de Karol? A priori, puede resultar sencillo responder que la identidad de Karol se ha transfigurado; ha mutado finalmente hacia lo que le humilla, incluso superándolos en potencial –elemento con el que se ironiza simbólicamente durante todo el film-, y asimilando la pérdida de valores personales en la reconstrucción de un nuevo ser, dirigido por un motor de intereses absolutamente económicos. Sin embargo, la respuesta puede resultar en todo lo contrario, paradójicamente. Y hay muchos elementos que así lo indican, partiendo del simbólico desprecio a cualquier elemento económico como salvador, sino más bien como medio de supervivencia.

     Karol rechaza deshacerse de su compatriota, en una secuencia de “vital” importancia para comprender la analogía entre la pérdida de una identidad anquilosada y el renacimiento de una identidad reforzada. Mikolaj, personaje altamente simbólico y redentor de Karol, admite finalmente la contradicción de los viejos valores, al ser consciente de la especie de purgatorio político y social en el que siempre ha vivido.

     A partir de esta tercera parte del relato, la historia se voltea a favor de Karol, cuya nueva identidad parece estar mucho más reforzada tras la humillación anterior. Karol consigue enriquecerse, alegórica y cómicamente de nuevo, tras ser más astuto que los mafiosos personajes con los que entabla relaciones y conseguir venderles un terreno sumamente prolífico económicamente por un valor diez veces superior al que lo compra. Ahora Karol, parece o tener escrúpulos en su obsesión por recuperar la dignidad.

     Ya en la última parte, la historia parece transfigurar cualquier idea de identidad. El motivo principal de Karol, parece ser entonces la venganza y el orgullo –si no es que lo ha sido durante todo el film-. En la cumbre de lo sardónico respecto al poder del dinero en la apertura económica, Kieslowski muestra una Polonia que parece ser una tierra sin dueño, una mera prostituta de Europa capaz de vender nuevas identidades bajo el síntoma del falsamente “nuevo rico”, de ambición desorganizada. Karol consigue comprar un cuerpo fallecido para falsear su propia muerte y conseguir así una nueva identidad.

     La analogía casi freudiana económico-sexual entre Karol y Dominique, Polonia y Francia, la Europa del este y la occidental, es evidente a partir de la impotencia sexual de Karol, desde el comienzo de la película. Desde luego, es una analogía mucho menos sutil que el sentido de “vendido” de la Europa del Este a la nueva Europa.

     Dominique viaja a Polonia, tras conocer la “muerte” de Karol, como parte del astuto plan de Karol para atraerla, siempre con el motivo económico de por medio, tras testamentarle a favor todos sus bienes. De nuevo, Kieslowski muestra sutilmente cual es el auténtico motor compulsivo de las situaciones de todo el relato. Karol recupera su potencia sexual y en el reencuentro de la pareja en un hotel, Karol es un nuevo hombre, mucho más atractivo para Dominique.
Tras recuperar su dignidad, o hacer uso de su nueva dignidad, Karol desaparece y Dominique es encarcelada acusada de la muerte de la muerte de Karol.

"Blanco" es una alegoría sobre la naturaleza contradictoria del concepto de Igualdad en la sociedad europea. La relación amor-odio de la pareja protagonista es una analogía directa a las tensiones socio-económicas a principios de los 90 entre Europa del Este y Europa occidental.

      Sin embargo, a pesar de todo lo anterior, la excepcional secuencia final del film demuestra que Kieslowski sabe contradecirse, siempre dejando puertas abiertas a poderes trascendentales al ser humano. Como en toda la trilogía, es el amor, el que finalmente parece ser el motor principal de cualquier acción, causante de todos los cruces de caminos y predestinación de los personajes. En Blanco, Karol parece recuperar su anterior identidad a partir del momento en el que es consciente de que ama a Dominique, en los últimos planos del film. Un giro inesperado, bruscamente impuesto por una idea capaz de voltear de nuevo cualquier guión sin retorno. De nuevo, el amor es la principal respuesta a todas las acciones en el film. Cabe recordar que Kieslowski, es el cineasta de las segundas oportunidades, y así lo evidencia en Blanco, y lo reforzará en la secuencia final de “Rojo” y de la trilogía, con la breve aparición de la pareja.

     Formalmente, Blanco es un film estéticamente menos interesante que “Azul” o “Rojo”. El color blanco, no parece tener las exuberantes connotaciones emotivas de los colores azul y rojo de los otros Films de la trilogía. Al contrario, Kieslowski y el director de fotografía, Edward Klosinski, consiguen una tonalidad neutral acorde con la ironía principal del film. El blanco, o ausencia de color en el método sustractivo, es decir, de ausencia de pigmentación de color, es irónicamente a Blanco, lo que el negro a cualquier película de tintes “noir”. Blanco puede ser el negativo de la misma película en clave dramática, sólo que esta vez, es una comedia, y no hay sombras donde Karol pueda esconderse. Kieslowski parece ironizar con la neutralidad, o la pureza del blanco, sobreexponiendo varias veces la película e incluso utilizando la luz en Karol, como si los focos le iluminaran constantemente. Estas connotaciones irónicas también están presentes en la secuencia sobreexpuesta de la boda, en el rostro de la angelical, pero fría, Dominique, o en el frágil busto que Karol observa constantemente y que le recuerda a Dominique. Sólo hacia el final del film, el tono se torna más oscuro, evidenciando la paradoja del anterior uso del blanco como símbolo de lo neutral, de lo igualitario, y sin embargo, de la ausencia de los mismos.

     Karol consigue no tan solo ser igual, sino “más igual” que muchos otros de su país y puede ya optar y circular libremente fuera de Polonia. Por lo tanto, una de las ideas principales, y parcial respuesta a la pregunta sobre el motor principal del renacimiento de Karol, es la idea de la falsa teoría de la igualdad en cualquier sistema político. Un sistema político, de naturaleza piramidal, donde ser “igual” significa poder ser humillado por más individuos, e incluso por una sociedad al completo, si hablamos de la base del sistema. O el anterior sistema socialista, donde ser “igual” significaba no aspirar libremente a “no ser igual”. Así pues, la mutación de Karol, viene determinada principalmente por la mutación de su propio país hacia el nuevo sistema económico, en un simil de la contradictoria condición humana, donde, como decía Kieslowski, nadie quiere ser igual a los demás.



Fuente:

texto publicado en Marzo de 2011 por Javier Ballesteros para "La filmoteca de sant joan d'alacant"


Link:


http://lafilmotecadesantjoan.blogspot.com.es/2011/03/tres-colores-blanco-de-krzysztof.html


Clip - trailer:





2 comentarios:

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  2. Desde la Filmoteca de Sant Joan agradecemos que compartas el texto de Javier Ballesteros citando nuestro blog como fuente.

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