martes, 24 de diciembre de 2013

CINE DE AUTOR - BLUE JASMINE (2013) de Woody Allen //"Pensamientos Incorrectos", Diario La Naciòn// por Rolando Hanglin








WOODY ALLEN Y LA MENTIRA




El último filme de Woody Allen, que hemos podido ver con el título de Blue Jasmine, es un auténtico tratado sobre la mentira en los tiempos actuales. La forma en que todos buscamos nuestro perfil más favorable, con tanto esmero que finalmente nos falsificamos.

Esta historia empieza con una chica que se llama Jeanette, pero prefiere que la conozcan como Jasmine. Le parece más seductor. Algo que hacen muchas chicas. En este caso, Cate Blanchett busca una imagen a lo largo de toda su vida, y efectivamente la construye, hasta que la verdad le explota en la cara. Su príncipe azul se convierte en sapo: el distinguido financista Alec Baldwin, buen mozo y galante, se revela como un estafador y un perseguidor de mujeres. En realidad, ella siempre lo sospechó, pero prefirió mirar para otro lado mientras disfrutaba de una gran vida con eje en Park Avenue.

Es un auténtico tratado sobre la mentira en los tiempos actuales. El mundo que muestra Allen está poblado por algunas personas que son lo que son, y otras que procuran desesperadamente "parecer" algo, componiendo un personaje. A estos últimos, la imagen les sale magnífica, pero cada uno de los detalles es falso. En definitiva, la gran mentira hace agua y se hunde.

Esta vez, la protagonista es una mujer: Cate Blanchett. Al contar la historia de este modo, Allen hace un alarde de habilidad. Es muy difícil, para un autor varón, relatar de manera verosímil a partir de una protagonista femenina. Pero Woody lo logra y, como siempre, se las arregla para que aparezcan en el filme las claves de su historia personal. Están en la película Mia Farrow y Soon Yi, Frank Sinatra y Ronan Farrow, el propio Woody, aunque disfrazados. Hay que descubrir quién es quién.

Jasmine interrumpe sus estudios (Antropología) para casarse con un muchacho muy despierto, que viene a ser Baldwin. En este filme se lo ve delgado, rejuvenecido, con modales refinados. El matrimonio disfruta de una casa espléndida con piscina y deck de madera, en las afueras de Nueva York. La vida es un éxito: veraneos en Córcega y Cerdeña, barco en el Caribe, negocios internacionales de alto nivel. Algunas cosas no huelen bien. Pero, cuando su mujer pone objeciones a ciertos misterios de su vida, el Tiburón de Wall Street responde:

- No te preocupes, princesa. ¿Qué te falta? Decime lo que querés, y yo me ocuparé de malcriarte.

Así es que la señora del gran tiburón, bella y enjoyada, no sabe exactamente en qué consiste el mundo de las finanzas. Le gustan el arte, las culturas exóticas y sobre todo ayudar al prójimo. Le disgustan los perdedores y no soportaría ser -ella misma- una perdedora.

La señora tiene una hermana adoptiva (pues ambas fueron adoptadas) que resultó poco mimada por su madre y decidió probar suerte en otros horizontes. Vive en San Francisco (California) muy lejos de su hermana. Esta segunda protagonista (Sally Hawkins) se ha hecho a una vida mucho más modesta. Se dedica a embolsar tomates, porotos y cebollas en un supermercado. Vive sola, con dos hijos de 8-10 años, en un departamentito. Tiene un novio noble y seguidor, con sus buenos 40 años, que trabaja como mecánico en un taller.

Tiene una visión pesimista del género humano. En la historia de Jasmine vuelve a formularla en estos términos: el ser humano busca parecer algo que no es

Así quedan planteados los dos arquetipos: la hermana rica y la hermana pobre. La rica vive en Nueva York, la pobre en la bohemia San Francisco.

Algo trágico sucede. Cate Blanchett debe abandonar su vida de cinco estrellas, sus campeonatos de polo, sus costumbres de Porsche y Louis Vuitton. Lo ha perdido todo. Nadie puede ayudarla. Acude a la casa de su hermana, la perdedora, pidiendo refugio en ese pisito mediocre, a 3000 kilómetros de Park Avenue. Este es, en realidad, el nudo inicial de la historia.

Cate Blanchett intenta soportar a los amigotes de su hermana. Le parecen ordinarios y perdedores. Debe salir de su colapso psicológico pero sólo se le ocurre estudiar decoración. En realidad, Cate nunca trabajó, y la idea de ganar unos pocos dólares con un empleo de segunda (por ejemplo, secretaria de un dentista de barrio) le resulta monstruosa.

El choque entre la hermana rica y la hermana pobre, sus parejas, sus historias, sus hijos, sus traiciones, sus maneras de hablar, componen un verdadero fresco sobre la vida de hoy. Como siempre, Woody Allen recurre a los golpes de suerte, los imponderables que, como en la teoría del Cisne Negro, cambian el curso de la historia. Esta no es trágica, ni tampoco una comedia, ni tiene pasajes cómicos. Se trata de una de las máximas creaciones de Allen, en la línea de "Crímenes y Pecados".

Woody tiene una visión pesimista del género humano. En la historia de Jasmine vuelve a formularla en estos términos: el ser humano busca parecer algo que no es. Desea ser visto por sus semejantes de acuerdo a una cierta fantasía. Procura, entonces, conquistar los detalles que le permitirán componer ese cuadro. Un cierto matrimonio, un cierto barrio donde vivir, una historia personal (completamente inventada) y un vocabulario que ha tomado prestado de alguien. Miente continuamente: de esta forma logra engañar a la gente y vive en una fantasía de la que no piensa salir. Hasta que la vida lo desnuda de golpe, y entonces el ser humano entra en la ronda demencial de los tragos y las pastillas. No puede afrontar la vida real.

¿Hasta qué punto las mujeres de los ricos estafadores de nuestro mundo ignoran los manejos de sus maridos?

La única salvación para el ser humano, mentiroso y falso por naturaleza, es colgarse de alguien que lo ayude a construir un nuevo montaje. Pero hay que tener mucha suerte para engañar a ese alguien. Nuestras fabulaciones muestran cada vez más lagunas, a medida que nos hacemos viejos. Sólo mintiendo -dice Allen- logramos lo que queremos.

Quedan planteadas algunas preguntas: ¿Hasta qué punto las mujeres de los ricos estafadores de nuestro mundo ignoran los manejos de sus maridos? ¿Por qué, cuando el marido se enamora de una chiquilina y plantea el divorcio, llaman inmediatamente a la Policía o a los movileros de la tele, según los casos?

En esta película se utiliza frecuentemente una palabra muy americana,"phony", y significa más o menos "trucho". Ahí está la clave de esta obra genial. Otro detalle llamativo: la historia no comienza, se desarrolla y finaliza, sino que los tiempos son intercalados en cada tramo -a la manera del genial mexicano González Iñárritu - con gran arte, de modo que el espectador siempre comprende que determinado cuadro sucedió "después" de lo posterior o "antes" de lo que vimos hace 5 minutos. Se destruye así toda idea de suspenso, se aniquila el desenlace: lo que queremos todos es comprender qué pretenden de su vida Blanchett, Baldwin y compañía, si reciben su merecido o si un golpe de suerte los baja del patíbulo donde han colocado ellos mismos.


Archivo: publicado el 15.10.2013 en Diario La Naciòn por Rolando Hanglin.
 



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