jueves, 17 de octubre de 2013

CINE EUROPEO - SALÓ O LOS 120 DÍAS DE SODOMA (Salò o le 120 giornate di Sodoma,1975) de Pier Paolo Pasolini // Parte II






LA "Mise-en-scène" DEL HORROR



«El sadomasoquismo forma parte del hombre. Existía en la época de Sade y hoy, pero esto no es lo que me interesa. Me importa el sentido real del sexo en mi película que es una metáfora de la relación entre poder y sumisión. Todo el razonamiento de Sade, el sadomasoquismo de Sade, tiene una función muy específica y clara, la de representar lo que el poder hace del cuerpo humano; el desprecio al cuerpo humano (…), la anulación de la personalidad del otro».  - Declaraciones de Pasolini en el documental Salò d’hier à aujourd’hui (2002).



----------------------------------------------------------

Las 120 jornadas de Sodoma es ya desde la primera de sus páginas un libro inadaptable al cine: Su catálogo de vejaciones físicas y morales que contemplan «un hórrido festín de aberraciones sexuales: del incesto a la necrofilia, pasando por la coprofagía, la urolagnia, el bestialismo, la paidofilia o la gerontofilia, sin olvidar un notable surtido de torturas, como la castración, la infibulación, la extracción de ojos, la amputación y/o quema de pechos, nalgas, manos.» Expuestas en una pantalla se convertiría en pornografía escatológica bizarra sólo apta para degenerados amantes de las snuff movies. Pasolini lo entendió a la perfección y, seguramente, ni existió, ni existe, ni existirá realizador más adecuado para poner en escena el cuento de Sade.

Y es que milagrosamente Saló o los 120 días de Sodoma no resulta la obra maestra que es por acumulación, como podría pensarse (o como le ocurre por momentos al cuento de Sade), sino por capacidad de síntesis, por como mostrando la esencia de la perversión hace innecesaria la pornografía explícita.  Sade escribió Las 120 jornadas de Sodoma en una celda de La Bastilla cuatro años antes de la Revolución Francesa en un solo folio de proporciones inabarcables para así poder sacarlo de la prisión para su publicación. La lectura de la novela es de una agresividad similar al efecto de la contemplación del film de Pasolini. Compartimos por un momento nuestro horror ante lo narrado, nuestra fascinación ante lo expuesto de manera explícita.
Pasolini mueve a los libertinos de tiempo y espacio. Pasan de ser nobles franceses absolutistas a los últimos nazis que quedan en Italia en 1944, pero conservan sus nobles cargos —un duque, un presidente, un monseñor y una excelencia —, por lo que el discurso sobre la depravación del poder está intacto. Pasolini era Pasolini, por eso entre otras cosas, fue brutalmente asesinado, y si bien adapta el discurso sadiano sobre la necesidad de negar la virtud para alcanzar el placer, este coge un cariz mayormente político: la imagen icónica del film es claramente reveladora, el joven Enzio levantando el puño justo antes de ser acribillado por los libertinos fascistas. Hacer el mal, dice Sade en boca de sus protagonistas, no sólo es más sencillo que hacer el bien, sino que siempre se alcanzan mayores placeres con él. 


Pasolini, que venía de realizar su "Trilogía de la vida" — El decamerón (Il Decameron, 1971), Los cuentos de Canterbury (I racconti di Canterbury, 1972) y Las mil y una noches (Il fiore delle mille e una notte, 1974)—, renegaría de ella poco después ante los continuos ataques que sufría su figura tanto de enemigos políticos como de sus supuestos acólitos.
Particular adaptación al celuloide de los textos del Marqués de Sade. En la Italia de Mussolini un grupo de jóvenes es secuestrado con el fin de satisfacer los oscuros deseos sexuales de unos cuantos fascistas.  Prohibida en numerosos países, fue estrenada en 1975 tras la muerte de su polémico director, una de las figuras más influyentes del cine italiano que desarrolló su obra entre los años 60 y 70 y de las cuales podemos destacar grandes películas como "El evangelio según San Mateo"(1964) o "El decamerón" (1971) entre otras.
La última gran obra maestra del director italiano, considerada por muchos una de las más polémicas de la historia del cine por sus brutales escenas de tortura, sufrió la censura en multitud de países incluida su Italia natal. Pier Paolo Pasolini, uno de los grandes intelectuales del siglo XX, comunista teórico, ensayista político, poeta, dramaturgo, novelista y director de cine, sin duda un creador de los que ya no existen; fue vilmente asesinado en noviembre de 1975, sin poder ver estrenada su obra. Su muerte — se le encontró apaleado y atropellado en un descampado de Ostia, a las afueras de Roma — aun hoy es un misterio, aunque su círculo más íntimo aseguraba que le mataron por cuestiones políticas.
Salò, como lugar real, nos introduce de lleno en la historia más negra de la Italia contemporánea: al final del fascismo, cuando Mussolini se une a Hitler y los americanos entran por el sur de Italia para ir cercando terreno nazi, el dictador italiano es apresado por los aliados. Aún así consigue escapar y huye al norte de Italia, donde se asienta en la pequeña población de Salò fundando allí un efímero y loco proyecto de República Fascista. Con estas premisas históricas parte la película, en la primavera de 1944. Con gran maestría Pasolini une ese espacio y ese tiempo al texto del Marqués de Sade, Las 120 jornadas de Sodoma — si tenéis el valor y las ganas de leer la novela de Sade, os recomiendo la edición de Valdemar (2006), con prólogo, traducción y notas de Mauro Armiño —, novela a la que es bastante fiel en todo momento.
Pasolini pasó parte de su juventud en la República de Saló. Durante este tiempo fue testigo de crueldades por parte del ejército italiano. Muchos de sus recuerdos condujeron a la conceptualización de Saló. Pasolini proclamó que la película era altamente simbólica y metafórica; un ejemplo de ello es la escena en la que comen heces, lo cual sería una protesta contra los alimentos producidos en masa, a los cuales denomina «basura inútil».
Aclamado como uno de los grandes directores italianos del pasado siglo, Pasolini se mueve a caballo entre el neorrealismo en sus primeras obras (Accattone, 1961; Mamma Roma, 1962), la crítica mordaz a la sociedad burguesa (Teorema, 1968) y la crítica más dura a la hipocresía humana y a la Historia. No siendo un autor propio del terror, consigue con esta obra escandalizar e impactar a toda la crítica del momento, pudiendo considerarse Salò un antecedente directo del denominado torture porn.
La controversia acerca de la película existe hasta el día de hoy, con muchas personas elogiando la película por su intrepidez y talante en contemplar lo impensado, mientras otros la condenan rotundamente por ser una pretenciosa película de explotación. La película ha sido prohibida en varios países debido a su gráfico retrato de la violación, la tortura y el asesinato, además de que participaron menores de edad. Fue prohibida en Australia en 1976, permitida en 1993 y re censurada en 1998.
Existen varias versiones de la película. Originalmente duraba 145 minutos, pero el mismo Pasolini eliminó 25 minutos para ayudar a mantener el ritmo. La versión más extensa disponible es el ampliamente vendido DVD producido por la BFI, el que incluye una breve escena usualmente no incluida en otras copias — durante la primera ceremonia de bodas, uno de los maestros cita un poema de Gottfried Benn. Los derechos para distribuir la película en Estados Unidos (y en la mayor parte del mundo) están en poder de MGM.

Estamos frente a la pantalla consumiendo Saló y la escena final nos plantea una nueva y aterradora pregunta. En ella asistimos a una especie de “Snuff Movie”. Los poderosos torturan y matan a un grupo de jóvenes escogidos. Pasolini nos condena a contemplar los asesinatos en primera fila desde la cómoda seguridad que da lo espectatorial. Pero el autor no ofrece concesión alguna, su film es despiadado y representa la muerte sin coartadas. No quiere que apartemos los ojos del horror hasta que éste nos devuelva la mirada. “No hay que esperar nada- dice Pasolini- La esperanza es una cosa horrible que han inventado los partidos para tener contentos a sus afiliados”.


Tráiler - documental  Salò d’hier à aujourd’hui (2002):


 

No hay comentarios:

Publicar un comentario