viernes, 14 de junio de 2013

CLÀSICOS - LA VIUDA NEGRA (Black Widow, 1987) de Bob Rafelson




EL EFECTO DOMINÒ



* * * *
MUY BUENA


“La Viuda Negra” es el sexto largometraje de Bob Rafelson -un forjado cineasta hoy en el olvido- quien se hizo a si un nombre en el gènero negro policíaco gracias a la remake de “El Cartero Llama dos Veces”. Previamente en los ’70, y también de la mano de Jack Nicholson, había realizado ese pequeño gran film titulado “Mi Vida es mi Vida”. Cabe recordar que Nicholson también fue estrella protagonista de varios films de Rafelson: desde “Castillos de Arena”, pasando por “Un Hombre en Problemas”, hasta llegar a “Sangre y Vino”, que si de films policiales se trata, fue una joya contemporánea del genero.


Alex Barnes es un agente federal volcada en su trabajo y sin tiempo para tener una vida privada satisfactoria. Lo que le ocasiona no pocas reprimendas por parte de sus superiores. Las cosas se van a complicar aún más para ella cuando descubra, casi por caualidad, la muerte, en muy corto espacio de tiempo, de dos ricos hombres de negocios... de los que aparentemente no hay relación entre ellos.
    
El film plantea un interesante duelo actoral, y no de los masculinos protagonistas, esos que nos tienen acostumbrados. Aquí dicho protagonismo se reserva a dos actrices de carácter como Debra Winger y Theresa Russell. El conflicto entre ambas  se inicia con la persecución de una hacia otra, una persecución que llevara consigo fascinación, represión y obsesión al intentar desenmascarar este rosario de muertes que se sucede como punto de partida al misterio que devela el film, donde entre tantas de las victimas encontramos al conocido Dennis Hopper. 

Triangulo amoroso de por medio para complicar una trama que tiene todos los elementos del suspenso psicológico, el film se reviste de una marcada carga sexual pero sin erotismo visual explicito y si mucha sugerencia, con un audaz tinte de lesbianismo entre las dos protagonistas. Esta demarcación obvia de la atracción mutua que existe, introduce a un peligroso y arriesgado juego de caracteres.

El talento de Rafelson para manejas climas opresivos y cámaras expresivas dejan notar la ambigüedad de la relación Winger-Russell dejando tras de si secuencias tan brillantes como llenas de sensualidad y estilismo. La creciente tensión sexual entre perseguida y perseguidora nos van dejando como corolario un efecto en cadena de acciones-reacciones y giros sorpresa que enriquecen la trama, si bien algunos de ellos ya evidenciaban mas de un que otro clise del genero entrados los ’80. 

Prueba de esto es la delimitada resolución a la trama, que no opaca dos horas con una màs que inteligente dosis de suspenso, en un thriller que devela obsesiones y estilos bien arraigados de un grande la camada de directores independientes surgidos en los ’70 como Bob Rafelson. De ese mismo movimiento artístico que la metrópolis neoyorquina cimentara, para formar cineastas del calibre de Woody Allen, Brian de Palma o Martin Scorsese, antagónicos en sus búsqueda artísticas, pero de firmes raíces independiente.


Clip - trailer:


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