lunes, 17 de junio de 2013

CINE EUROPEO - EL MERCADER DE VENECIA (The Merchant of Venice, 2005) de Michael Radford




PACINO EN SU SALSA, SHAKESPEARE TAMBIÈN 

     
* * * * 
MUY BUENA



  "El Mercader de Venecia" es curiosamente una de las pocas novelas de William Shakespeare que no habían sido adaptadas previamente al cine. Varias obras del celebre y prolífico autor británico han sido llevadas  a la pantalla: desde "Enrique V", pasando por "Romeo y Julieta", "Othello", "Hamlet", "Sueño de una Noche de Verano" y hasta "Mucho Ruido y Pocas Nueces", quizás en su siempre ambigua visión depositada sobre los puntos racistas y xenófobos que aborda se encuentre el principal motivo en que esta no sea una obra tan abordada. 

Para Pacino es su segunda incursión en Shakespeare, luego de que en "Buscando a Ricardo III" el talentoso actor hiciera un debut experimental como director mezclando representación dramática con documental en una suerte de honor a su respetado novelista ingles. Y Shakespeare, al igual que Pacino se encuentra cómodo con la adaptación de Radford: la típica historia donde en forma de tragedia se revelan a manera de catarsis las relaciones, el ambiente tenso, la atmósfera literaria de época, la injusticia social, la venganza, el honor, la sangre, la religión.

Enmarcada en la Venecia del siglo XVI, esta eterna comedia dramática de Shakespeare sigue el destino y la fortuna de un grupo de nobles cristianos y de su relación con el prestamista judío Shylock. Antonio acepta dinero prestado de Shylock para ayudar a su joven y arruinado amigo Bassanio a conquistar la mano de la bella Porcia. Al no devolvérsele el préstamo, Shylock reclama que se le resarza con una libra de carne del propio Antonio. Cuando, con desespero, Bassanio trata de evitar este destino reservado a su amigo, sobreviene la ayuda milagrosa de alguien inesperado.
 
Para Michael Radford -el director de "El Cartero"- semejante emprendimiento tiene su merecido reconocimiento en el hecho en que es una película sincera con su predica, lo que relata a lo largo de sus mas de dos horas de duración no intenta justificarlo con el típico prologo que introduce la historia, sino que a medida que la historia avanza, y lejos de querer promover el odio racial y el antisemitismo, intenta reflexionar aunque con mesura, sobre el resentimiento, la marginación y la violencia que genera sentirse una minoría discriminada de la sociedad.

El relato se polariza convirtiendo victimas en victimarios e incrementando la implicancia socio-cultural actual de la obra, luego de tantos siglos. Consistente desde la depurada puesta visual -fotografía-vestuario, maquillaje, ambiente- a lo narrativo -desde su poesía, su lirismo, sus diálogos y su expresionismo romántico- la contraposición final de los dos personajes centrales refleja los conflictuados y traumáticos vínculos que dejan ver las miserias y las codicias de sus protagonistas: las debilidades humanas, la no piedad, el abuso, las conveniencias.

El elenco encuentra en sus interpretes centrales a cuatro actores dispares para dar vida y emoción a los personajes que Shakespeare pensó: Al Pacino es un excepcional y contraído Shylock, Jeremy Irons un contenido e intolerante Antonio, Joseph Fiennes un pasional e intermitente Basiano y a Lynn Collins en un apenas correcto retrato de Portia. Para Pacino el merito es doble, porque su destacada labor trasciende en un ambiente ajeno a sus climas usuales, de un actor formado en el Actors' Studio de Lee Strasberg. 

El contraste no lo es tanto con actores como Irons y Fiennes formados en la escuela teatral británica, con mas tono y ritmos shakespeareanos: es por esto que no debe extrañar si vemos a un Pacino distinto, que no comete excesos con sus habituales monólogos, donde realiza su show unipersonal marca registrada, de impacto y calidad. Impostando la voz y gestualizando con la autoridad, presencia escènica y magnetismo actoral que tan bien conserva todavía, la llama pasional que aviva el arte interpretativo de Pacino esta intacta.


Clip - trailer:




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