domingo, 24 de marzo de 2013

CINE ORIENTAL - TRONO DE SANGRE, capìtulo II (1957) de Akira Kurosawa




EL PARADIGMA DE LA TRAGEDIA (capìtulo II)




* * * * *

EXCELENTE




"Está ronco el cuervo
que anuncia con graznidos la fatal llegada de Duncan
a mi castillo. ¡Espíritus, venid! ¡Venid a mí,
puesto que presidís los pensamientos de una muerte!
¡Arrancadme mi sexo y llenadme del todo, de pies a la
cabeza,
con la más espantosa crueldad! ¡Que se adense mi sangre,
que se bloqueen todas las puertas al remordimiento!
¡Que no vengan a mí contritos sentimientos naturales
a perturbar mi propósito cruel, o a poner tregua
a su realización! ¡Venid hasta mis pechos de mujer
y transformad mi leche en hiel, espíritus de muerte
que por doquiera estáis-esencias invisibles-al acecho
de que Naturaleza se destruya! ¡Ven noche espesa, ven,
y ponte el humo lóbrego de los infiernos
para que mi ávido cuchillo no vea sus heridas,
ni por el manto de tinieblas pueda el cielo asomarse
gritando <<¡basta, basta!>>.
(...)
Nada se tiene, todo está perdido
cuando nuestro deseo se colma sin placer.
Es mejor ser lo que nosotros destruimos,
que al destruirlo no vivir sino un goce dudoso." - Lady Macbeth,




Existe además, en el final de la obra, un aspecto a subrayar en tanto la utilización de lo verosímil. Ya habíamos dicho que la predicción acerca del final de Washizu variaba respecto de la de Macbeth: mientras que Macbeth iba a ser muerto por alguien “no nacido de mujer”, Washizu encontraría su final “cuando el bosque camine”. Cuando el protagonista cae muerto, Kurosawa agrega un par de planos donde explicita que el bosque que se acerca hacia el Castillo de las Telarañas no es otra cosa que el ejército comandado por el hijo de Miki, Yoshiaki, que avanza camuflado con ramas y hojas. El resto de los elementos “sobrenaturales” que aparecen en el film no son aterrizados de esta manera y respetan el espíritu original de la obra de Shakespeare; la bruja es una aparición y el fantasma que atormenta la conciencia de Washizu también lo es.

Las cátedras actorales de Toshiro Mifune e Isuzu Yamada, tampoco han sido superadas. En ella, Kurosawa trabajó los movimientos suaves, casi gravitatorios y un maquillaje fantasmal que ayudan a crear a la mejor Lady Macbeth de cuantas hayan sido adaptadas. Su suerte no despertará pena alguna en el espectador. En Mifune, se esmeró en conformar a un hombre de espíritu débil que se deja manipular por una mujer con ambiciones desmedidas.

Kurosawa, se desvincula de toda influencia con el mundo de las tablas en busca de una línea argumental sostenida por el poderío visual y el magnífico aprovechamiento de la música. Estos elementos, junto a escenas mágicas y sublimes como las misteriosas apariciones en el bosque; la recepción entre antorchas de los generales Washizu y Miki; el bosque en sí que, entre jirones de niebla, avanza sobre el castillo; la lluvia de flechas; las sabias transiciones entre escenas; y, sobre todo, el análisis de la ambición humana a través del matrimonio Washizu, le otorgan el toque de clásico a su obra de arte.  

Supo Kurosawa extrapolar la tragedia del medioevo europeo al Japón insurrecto, y moverla por caminos psicológicos para que el contenido fuera menos literario. “Trono de sangre” es la versión más alejada de los estrictamente escrito por  Shakespeare. El director nipón, mutila el texto y cambia pasajes para construir un “Macbeth” cuya fuerza radica en la imagen y en el plano escogido, a diferencia de la también memorable versión de Orson Welles.

En la versión de Kurosawa abundan los planos generales, los planos fijos  y unos primeros planos sobrecogedores, como cuando Washizu (el Macbeth de Shakespeare) y Miki (Banquo en la obra de teatro) adquieren los honores profetizados por la bruja, o cuando Lady Washizu (Lady Macbeth) convence a su marido para matar al rey). Kurosawa realiza un meticuloso trabajo de cámara y consigue, con su puesta en escena, un lenguaje de pureza excepcional. En el final, distinto al texto de Shakespeare, Kurosawa cambia la tragedia clásica por la épica. La secuencia final del filme, que presenta a Mifune corriendo por el balcón de un lado a otro es una de las más recordadas de la historia del cine.

Es una gran cinta que nos sigue mostrando que Akira Kurosawa es uno de los mejores directores de la historia del cine japonés y del mundo: en un Japón feudal, Washizu (Toshirô Mifune) y Miki (Akira Kubo) son dos guerreros que lograron la victoria para el reino del Castillo Telaraña. En su camino al castillo se pierden en un bosque donde encuentran a una bruja que le menciona a Washizu que el rey le dará una hacienda y posteriormente será el dueño del castillo y a Miki que lo ascenderán a un fuerte mayor al que dirigía y su hijo sucederá a Washizu como dueño del castillo. Los guerreros no le creen, pero cuando el rey los asciende como predijo la bruja una hambre de poder dominará a Washizu en búsqueda de llegar a ser el señor del castillo.

Akira Kurosawa nos muestra quizás la mejor adaptación de Macbeth de William Shakespeare; adaptándolo a la sociedad japonesa de la época medieval conservando la esencia de la obra teatral inglesa. Es una gran historia, bien contada, con un ritmo muy bueno que cualquier película de aventuras y fantasía envidiaría, tiene un muy buen equilibrio de los aspectos técnicos y los narrativos, con unas actuaciones también bien dirigidas. Desde el inicio (el juego de nieblas es excelentemente aplicado desde el inicio al final) se muestran escenas impresionantemente bien hechas.

Las actuaciones principales también están muy bien equilibradas, Toshiro Mifume nos demuestra que también es uno de los mejores actores de la historia del cine japonés mostrando un personaje totalmente contrastante a algunos otros que hizo como en Barba Roja o Los Siete Samurai. Otra también muy buena actuación es la de Isuzu Yamada como la esposa de Washizu, que llega a infundir miedo hacia su personaje.

La música de Masaru Satô, logra transportarnos perfectamente a la época y a la historia por medio de música tradicional japonesa junto con coros militares dándole un punto mayor a la cinta. La dirección de fotografía de Asakazu Nakai tiene muy buenos ángulos y como dije antes el juego fotográfico con la niebla es excelente convirtiéndolo en un fuerte elemento narrativo. Los aspectos técnicos en general son muy buenos, para su época tiene buenos efectos visuales, un buen maquillaje y un excelente diseño de producción y vestuario de Yoshirô Muraki, logrando una impecable efectividad visual.

Por último, resaltemos un par de recursos cinematográficos utilizados de manera genial por el maestro japonés. Ya hablamos acerca de la desaparición del texto original pero no de su espíritu: en ese orden es digna de resaltar la línea de texto con que Asaji arenga a Washizu: “sin ambición, el hombre no es hombre”. Otro momento meramente cinematográfico en que se hace alusión al mal se da cuando Asaji ofrece vino a los guardias para distraerlos del asesinato que está a punto de cometerse: para buscar la vasija con la bebida, se sumerge y luego emerge de las penumbras.

A modo de resumen, concluyamos diciendo que sin lugar a dudas, Trono de Sangre representa un importante ejercicio de transposición de la literatura al cine, llevada a cabo libremente, pero con el justo equilibrio de retener el tema original de la obra para luego explotarlo hacia un lugar más arriesgado y ambicioso: la lectura que Akira Kurosawa hace de la historia de la Humanidad.


Ficha técnica:


Título original
Kumonosu-jô (Throne of Blood)
Año
1957
Duración
110 min.
País
Japón Japón
Director
Akira Kurosawa
Guión
Akira Kurosawa, Ryuzo Kikushima, Hideo Oguni, Shinobu Hashimoto (Teatro: William Shakespeare)
Música
Masaru Sato
Fotografía
Asaichi Nakai (B&W)
Reparto
Toshirô Mifune, Isuzu Yamada, Takashi Shimura, Akira Kubo, Hiroshi Tachikawa, Minoru Chiaki, Takamaru Sasaki, Gen Shimizu, Kokuten Kôdô, Kichijirô Ueda, Eiko Miyoshi, Chieko Naniwa, Nakajirô Tomita, Yû Fujiki, Sachio Sakai, Shin Ôtomo, Yoshio Tsuchiya, Yoshio Inaba, Takeo Oikawa, Akira Tani, Ikio Sawamura, Yutaka Sada, Seijirô Onda
Productora
Toho
Género
Drama | Japón feudal. Siglo XVI. Samuráis
Sinopsis
Japón feudal, siglo XVI. Adaptación del "Macbeth" de William Shakespeare. Cuando los generales Taketori Washizu y Yoshaki Miki regresan de una victoriosa batalla, se encuentran en el camino con una extraña anciana, que profetiza que Washizu llegará a ser el señor del Castillo del Norte. A partir de ese momento, su esposa lo instigará hasta convencerlo de que debe cumplir su destino. 
Premios

1957: Festival de Venecia: Nominada al León de Oro.





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