domingo, 24 de marzo de 2013

CINE ORIENTAL - LOS 7 SAMURAIS, capítulo III (1954) de Akira Kurosawa







EL LEJANO Y SALVAJE ORIENTE





Akira Kurosawa pasa a la historia por ser "el más occidental de los realizadores japoneses". En Los siete samurais (1954), conjuga una cinta de acción y aventuras en la que el valor y el honor se entrelazan de forma vibrante. El Festival de Venecia le concedió el León de Plata, tras haberle otorgado el de Oro a Rashomon tres años antes.

Kurosawa relata de forma brillante, los estados que sufren las personas ante los cambios o las situaciones, favorables o, como en este caso, violentos que acontecen en su sociedad. Los hay que deciden continuar con el orden establecido, algunas veces por falta de credibilidad y las más por cobardía; los hay que optan por la desesperación, las lágrimas y el suicidio, ya sea físico o mental; los hay que solo buscan sus intereses y para ello pueden ser unos tramposos; y por último hay una pequeña minoría que opta por la revolución. Todo ello condensado en un arranque muy meditado y mucho más aún, pausado.

Dentro de estas reacciones humanas encontramos los sentimientos de unión a un grupo y de fidelidad al mismo, encarnados en los siete samurais, todos ellos con una magnífica actuación, que mantiene el interés por el metraje, y que crea un carisma que te involucra de lleno con las características diversas de los soldados de un mismo ejercito.

El filme termina con una idea que desemboca en dos vertientes. Por un lado, el antibelicismo que se muestra con la típica frase de que en la guerra todos perdemos, cuestión lógica si atendemos a las numerosas muertes que estas producen durante su celebración y los coletazos en forma de secuelas de los que las vivieron. Pero el asunto va más allá, ya que Kurosawa parece afirmar el poco agradecimiento que venera el pueblo a sus salvadores y la incógnita de si este podía albergar más recursos de los que se le suponían. Además rompe el mito de que nadie vence una guerra por que muestra un claro ganador, que vuelve a la normalidad y canta de júbilo, y un horrible perdedor, posiblemente el que menos se lo merecía.

La historia toma como punto de partida el conflicto que sacude a un poblado de humildes campesinos que, ante el inminente ataque de una banda de ladrones, deciden viajar a la ciudad para contratar a varios samurais que les protejan. Este hecho será el detonante de mil y un lances, en los que el grupo de siete hombres, acompañado de una representación del conjunto de los aldeanos, harán frente a la hostilidad del enemigo. 
Los siete samurais hace gala de un pulso narrativo admirable que se sostiene a lo largo de las tres horas y media de metraje de esta edición. No es escaso mérito éste, ya que Kurosawa sabe además extraer de sus encuadres, de la sobriedad de su planificación, las dosis justas de expresividad para cautivar al espectador más refinado (así lo han reconocido directores norteamericanos como Lucas, Coppola o Spielberg, que señalaron esta película como una de sus principales fuentes de inspiración). 
Respecto a la versión tradicional, se dedica aquí más tiempo al bosquejo de los diferentes personajes, elevando de este modo el nivel de eficacia de los momentos de mayor intensidad dramática. También el humor cobra especial relevancia en este corte, contribuyendo así a aligerar algunas secuencias de cierto peso emocional. Los extras del disco se limitan a la reseña de la filmografía del director.

El cine es un arte por medio del cual se expresan sentimientos, ideas, valores que sin importar la época o el tiempo uno puede identificarse con ellos, este es el caso de Los Siete Samurai de Akira Kurosawa quien por medio de la expresión cinematográfica narra la historia de estos Samurai quienes viven su vida bajo ciertos lineamientos especiales, en donde su valor, honor y coraje logran que un grupo de granjeros recupere la tranquilidad en su vida haciendo uso de varios estilos y de una sistema narrativo clásico para la mejor comprensión del relato, resaltando en con cada elemento cinematográfico el esfuerzo de cada uno de ellos y sus características que buscan crear un vinculo con el espectador por medio de personajes bien desarrollados por los actores y director. 

La acción transcurre en el Japón del siglo XVI. Los habitantes de un poblado de campesinos, hartos de ser periódicamente asaltados por una horda de bandidos, deciden hacer algo al respecto. El miembro más anciano del pueblo sugiere contratar samuráis para que los defiendan. Tras varios intentos fallidos de encontrar samuráis dispuestos a luchar tan solo a cambio de comida, encuentran a uno llamado Kanbei, que decide ayudarles. Gracias a Kanbei, consiguen reunir a un grupo de siete, que defenderán el poblado más por su valentía y ética, que por los dos puñados diarios de arroz que se les ofrecía. Relacionando esta película con la cultura japonesa se puede destacar que el objetivo de un samurái ante una pelea es el honor ya que esto es laparte que jamás se perdura realmente en los antiguos tiempos el código del samurái se regía por la pelea limpia.

Un cineasta como Akira Kurosawa, en cuya obra señorearon los asuntos del poder, no pudo resistir la tentación de llevar a la pantalla una versión de “Macbeth” de William Shakespeare, obra de referencia universal cuando se hablen de categorías elípticas relacionadas con temas como la guerra, la deslealtad, la gobernabilidad y la traición de los políticos.


Con un perfecto ritmo y planificación, Kurosawa construye una cinta épica en la que se suceden con maestría ejemplar los momentos de acción con los de reposo, así pasamos de la formación del grupo (destacan los grandes Takashi Shimura y Toshiro Mifune como el entrañable Kikuchiyo) a la convivencia con los aldeanos nada abierta o solidaria la mayoría del tiempo, de ahí a la planificación del combate y entonces a los climax de acción. Kurosawa eleva el lado conceptual a una genial poesía visual donde se suceden los más humanos conflictos y las coreografías en el impresionante blanco y negro, especialmente la que se sucede bajo la lluvia son acaso las imágenes mas célebres de la obra del gran Akira. Pocos han sabido darle a la guerra esa apariencia y dimensión de gran espectáculo como en esta película que reflexiona además sobre el auténtico valor de la misma, sobre si tiene valor ganar o perder.

Los siete samurais (shichinin no samurai) es probablemente la película más conocida de Akira Kurosawa, precursora de las películas de aventuras y su argumento inspiración de multitud de películas posteriores, entre las que se encuentran el western Los Siete Magnificos (que la plagió descaradamente), Battle Beyond The Stars y la película de animación Bichos de Pixar y Disney. Akira Kurosawa fué maestro e inspirador para George Lucas y Steven Spielberg, quienes años más tarde, colaboraron con él en la producción de algunas de sus más recientes películas.
Rodada en 1954, cuenta la historia de una humilde aldea de campesinos en el Japón feudal del siglo XVI que, hartos de sufrir periódicamente los ataques y el saqueo de un grupo de bandidos para llevarse sus cosechas, deciden ir en busca de un grupo de Samurais que pueda defenderlos. En la ciudad encontrarán al samurai errante Kanbei que aceptará el desafío y logrará reunir a seis samurais más que partiran hacia la aldea para preparar e instruir a los campesinos y preparar la defensa del pueblo ante el ataque que los bandidos preparan para despues de la cosecha.
Como curiosidades, existen varias versiones de la misma película, con diferentes ediciones: la original de 205 minutos y otras ediciones con una duración variable entre 141 y 160 minutos. Esta película es la primera en utilizar dos técnicas de filmación muy comunes hoy en día: la de multiples cámaras para rodar planos cortos, medios y largos simultáneamente de las escenas de acción, y el stop-motion, o pseudocámara lenta, en la que las imagenes son grabadas a alta velocidad para ser reproducidas de forma ralentizada.

Además el director aprovecha esta lentitud para recrearse en unos paisajes, tanto urbanos como rurales, bellos (menoscabados por el blanco y negro y la antigüedad de la cinta) y una cultura que tiene una mirada diferente sobre la realidad, la forma de contar las historias, e incluso, la concepción del cine. Esta recreación supone una ambientación plena que rebosa verosimilitud y sumerge al espectador en una historia cargada de realidad y unos personajes llenos de humanidad.

Con todo, el guión decide sumar unas gotas de humor de ese que no produce carcajadas sino sonrisas y aumenta así el grado de empatía con los personajes, que ya se encontraba elevado con las partes más crudas y sentidas del largo. Pero este desarrollo lento del guión no funcionaría sin la mirada técnica de Kurosawa. El realizador japonés opta por mantener una duración forzada de planos fijos para captar qué sentimientos y pensamientos pasan por la mente de las personas a las que enfoca su lente. Esta calma también la transmite en algunos de los duelos de los samurais, llegando a ralentizar algunos fotogramas, convirtiendo la batalla en una cuestión estética y mental más que física.

Sin embargo, la quietud se rompe con un dinamismo muy presente en forma de excepcionales travellings que no son un mero acompañamiento (incluso tenemos un genial travelling circular que cierra de forma no solamente espacial a los guerreros de un bando), montajes paralelos y alternos ágiles y planos generales de masas combinados con ingenio con primeros planos mantenidos de gran fuerza expresiva. Este último recurso de alternar encuadres generales con primeros planos puede darnos a entender la idea de que las masas están formadas por individuos, que sienten, sufren y mueren para terminar siendo un dato estadístico de una larga cifra de causas perdidas.


Kurosawa es uno de los directores de cine más reconocidos del mundo y algunos de sus filmes se han convertido en autenticas obras de referencia. El más conocido de sus trabajos es, sin duda, "Los 7 samurais", un film de culto que ha traspasado fronteras y que catapultó a Kurosawa al olimpo cinefilo. 

Fueron los años 50 los que marcaron el inicio del despegue mundial del cine extremo oriente a pesar de que su actividad se remonta al cine mudo. He aquí que gracias al éxito mundial, Kurosawa desarrolla un cine más abierto al gran público occidental pero sin perder un ápice de su identidad oriental (algo que no le reconocieron sus compatriotas en su momento) a pesar de su talentosa asimilación del cine de géneros a su trabajo, tal es el caso de esta pelicula. Con una notoria influencia del western, Kurosawa crea aquí una original cinta de aventuras brillante, hermosa y profunda a su manera.

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