jueves, 28 de febrero de 2013

ARTÍCULOS - DE NIRO Y YO, parte II (Suplemento Verano de Página/12, 2013)




MI AMIGO Y MI COLEGA (parte II)





*Buenos muchachos (1990)



Bob había cambiado durante estos nueve años que nos separaban de El rey de la comedia. Había rodado Erase una vez en América, de Sergio Leone, y otras muchas películas. En otras palabras, había cambiado de estilo. Después de Erase una vez en América, película de gran espectáculo, había rodado La misión, de Roland Joffe, otra película de gran espectáculo. Luego hizo una pequeña aparición en Brazil [Brazil, 1987], de Terry Gilliam: demostraba así su voluntad de trabajar permanentemente, de experimentar y de pasar de un estilo de realizador a otro. 

En Buenos muchachos me dio exactamente lo que yo quería a pesar de un tiempo de rodaje bastante breve. Nuestra colaboración había evolucionado: me preguntaba qué es lo que quería y yo le contestaba; él hallaba lo que buscaba, luego se pasaba a otra escena. Muy rápidamente. Esto nos daba risa, y hablábamos sobre ello en la cabina, entre toma y toma; él me decía: “¿Te acuerdas de antes? Venga hablar, y hablar. Pero, ¿por qué teníamos tanta necesidad de discutir, antes?”. Nos dábamos cuenta de que habíamos envejecido, recordábamos los viejos tiempos. Aunque es cierto que con Bob se discute siempre. Fue el caso de Cabo de miedo y de Casino.



*Cabo de miedo (1991)



La interpretación de De Niro es excesiva, ésta era su intención y a mí me parecía bien. Era preciso hacer olvidar la primera versión, El cabo del terror de Jack Lee Thompson, que es, en cierto modo, modélica en su género. En la película de Jack Lee Thompson, Mitchum actúa de forma muy sobria, muy contenida. Era preciso ir en otra dirección, no sólo para diferenciarse de la primera versión, sino también para lograr otro estado espiritual, más en relación con lo religioso. La idea de un ángel vengador, del personaje que expía sus pecados.



Cada escena tenía algo particular. Queríamos mostrar que el personaje de De Niro no cesaba de reaparecer, se le hiciese lo que se le hiciese. No me refiero sólo al final, cuando surge del agua... era algo que estaba inscripto de antemano en el género, con algunas referencias religiosas. Pero él está decidido. Dice: “Me habéis hecho daño. Lo pagaréis. Nadie me podrá hacer cambiar de opinión. ¿Queréis apelar a la ley? Yo puedo hacerlo también. ¿Queréis acudir a la policía? Yo puedo ir también. ¿Buscáis un abogado? Me procuraré uno. No podréis impedirlo. Tendréis que pagar. Y además sabéis que sois culpables”. Yo quería que fuera como un cuchillo. Con sus tatuajes en la espalda, su cuerpo se parece a un arma mortal. Irá hasta el final, sabe que tiene la llave, corre el riesgo de destruirse, pero no importa. Y, en cierto modo, le hace un favor al personaje de Nick Nolte, porque le abre los ojos, lo enfrenta a sí mismo. 

El ya no puede vivir hasta que no se enfrente a Nolte. La secuencia en la que se oculta debajo del coche, pegándose a él, fue idea de De Niro. A partir de esta secuencia, estamos en otra película, más en la tradición del género, del cine de hoy. Se asemeja a Terminator [Terminator, 1984]. Pero no únicamente desde un punto de vista robótico: es algo moral. Un sentimiento de culpabilidad, y cuando empecé a ver el tema desde este ángulo, transformé por completo el personaje de Max. En la primera película, persigue a la chica en la escuela. Y en realidad, ella se da cuenta de que es tan sólo el conserje. Había una escena parecida en la nueva versión, pero yo no quería hacer eso. Por ello imaginé otra escena entre él y la chica, una escena en la que la seduce. 

Destruye el poco respeto y confianza que ella siente hacia su padre. Yo veía la secuencia de esta manera. Steven me aconsejó que reelaborara esta escena con Wesley Strick, a quien yo no conocía. Nos volvimos a ver, Bob, Wesley y yo, y decidimos que toda la película tenía que partir de ahí. Wesley hizo un trabajo magnífico con esta secuencia. Y, a partir de ahí, cambiamos los personajes, la familia, todo salvo el final. De todas mis películas, ésta es la que me ha dado más dinero: ¡ochenta y siete millones de dólares sólo en los Estados Unidos! En Europa también. Si os cuento esto es porque lo he leído en Hollywood Reporter hace unas semanas. Buenos muchachos ha recaudado cincuenta millones de dólares en los Estados Unidos. Fue una buena colaboración entre De Niro y yo en una película que no deja de ser una película de estudio.



*Casino (1995)



En Casino [Casino, 1996] quería dos personajes, uno controlado y otro peligroso. Los actores sólo podían ser Bob y Joe [Pesci]. Conocimos a Rosenthal, que inspiró el personaje que interpreta Bob en la película, y sabíamos que de entrada el papel sería diferente de lo que él hiciera. Es un hombre que oculta sus emociones, lo que resulta interesante. Su forma de vestir, además, nos gustaba bastante a Bob y a mí. Lo hice participar en las sesiones de escritura de guión, como hago siempre. No teníamos una historia completa, lineal. A medida que escribíamos el guión, buscábamos cada vez más información. 

Cuando me daban un elemento nuevo, se lo transmitía a Bob, que enseguida pedía más detalles a Rosenthal. Luego podía ocurrir que Rosenthal le contara otra historia a Bob, o a Nick Pileggi por teléfono. Lo anotábamos todo. Y a partir de lo que nos habían dicho Rosenthal y otros, hallamos una forma de contar la evolución de su relación con Ginger [el personaje interpretado por Sharon Stone], basada en incidentes reales que incorporamos. Se cambió la cronología, se alteraron algunas cosas... Esto fue muy largo, muy difícil, porque el rodaje estaba previsto para finales de ese mismo año. En el caso de Buenos muchachos tuvimos dos años para escribir el guión. 

Yo no quería una película de dos horas. Era necesario que tuviera otra dimensión, como una especie de gigantesca máquina que reflejaría la América de ayer y de hoy. Todo el simbolismo que la gente busca en ella está ahí. En realidad, es la historia de dos personajes que corren tras una bolsa llena de dinero. Están casados y quieren ese dinero.



Era preciso que De Niro fuera más sobrio. No quiero rehacer las mismas cosas. Me siento más cómodo cuando me expreso a través de él, como actor. He tenido suerte con él, porque no teme interpretar a personajes que en algunos momentos son desagradables, espantosos. Lo interesante en él es que hay honradez, bondad y compasión. El público lo nota, creo. Consiguió comunicarlo con su personaje de Travis Vickle en Taxi Driver. Yo no sé cómo lo hace. Hay momentos en que ni siquiera necesitamos hablar para entendernos. Da igual que se trate de confianza, de culpabilidad o de orgullo. Lo sabemos. Así nos ahorramos todos los problemas sin interés con los que a menudo se enfrentan los demás.



Archivo: fragmento incluido en el libro Mis Placeres de Cinéfilo de Martin Scorsese (Editorial Paidós).

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