sábado, 8 de septiembre de 2012

ANIMACIÓN - AVATAR (James Cameron, 2009) // Parte II






 PARADIGMA TRIDIMENSIONAL





La sensación es extraña, de profundidad inabarcable y de apogeo tridimensional. Avatar es sin dudas envolente y absorbe al espectador hasta el punto de sentirse integrado, atravesado por el, inmerso en él. El tratamiento del 3D que ha logrado Cameron supera todo lo imaginable por el ojo humano y todo lo explorado por el cine en este terreno durante la década pasada. La experiencia 3D en esta ocasion no tiene despercidio: técnicamente, es sobresaliente y necesaria como medio para contar una historia, y no dependiendo de esta para validar su empleo como fin último. 

No es aventurado arriesgar que en el futuro veremos película holográficas que cambiarán radicalmente la perspectiva de "imágen" y "mirada" que hoy se posa sobre el espectador y su rol dentro de la industria. Pero en este presente de contrastes, una simple pantalla plana de cine ofrece la capacidad de creatividad y tecnología que ha puesto el director en esta película y revolucionar la manera de expresar su propio arte, obsceno despliegue de recursos de última generación. 

Quien ha hecho de su obra un opus de grandes universos que le pertenecen, excedeniendo el relato de ficción y adentrándose en los misterios, el making-off y la artesana creación de los mismos, no hace extraño pensar en una futura entrega de Avatar en formato documental. Así como Cameron testimoniase en documentales narrativas varios de sus ambiciosos proyectos: Ghosts of the Abbys (2002), Bismarck (2002), Aliens of the Deep (2005) y Sanctuary (2011) son algunos ejemplares que engrandecen su figura autoral.

Lo que se ha hablado de Avatar es tan desmesurado que ha cambiado drásticamente el uso de esta técnica para incursiones futuras, sentando un precedente histórico. Ese es el nivel técnico de lo que ha logrado James Cameron, el rey de las super producciones acostumbrado a innovar como lo vimos hacerlo en "Alien Resurreción", "El Abismo", "Mentiras Verdaderas", "Terminator 2" y "Titanic". La meticulosa creación de un medio ambiente artificial y la potencia empleada en los efectos especiales, sin descuidar nunca la dignidad de la historia ni la conexión del espectador con los personajes, hacen tomar dimensión de esta valiosa herramienta, sabiendo que allí radica el secreto de su éxito, sin cargar sobre sí pulso del relato.

En Avatar la sensación de cercanía del planeta nos ayuda a identificarnos más con lo que estamos viendo, y la sensación de seres reales anula la idea de un abismo entre dos mundos. Cientos de objetos, criaturas, humanos, luces, sonidos y naves galácticas vistos en trailers comerciales pueden parecer lejanos, comunes y corrientes. Sin embargo, la magia del 3D los confunde en perfecta sintonía, poblando profundidades, captando texturas, resaltando relieves y delineando contornos, nos arraiga en su palpable realidad, nos hacen creer la fantasía de estos seres azules en constante movimiento. Es el vértigo adictivo que produce sumergirse en el mundo imaginario que James Cameron ha creado para nosotros, una épica futurista.


Durante los últimos años su autor canadiense ha insistido en que Avatar cambiaría la forma de ver y hacer cine. Con su persistencia en el mismo mensaje, Cameron ha provocado una autosugestión en su público: lo que íbamos a presenciar era algo único e inmejorable, asistiríamos al nacimiento del "nuevo cine". Toda su carrera ha estado siempre marcada por una ambición desmedida por derrumbar barreras tecnológicas y encontrar nuevos niveles para el espectáculo, aprovechando al máximo las virtudes que le ofrece la técnica. En su bestial Avatar seríamos testigos de su criatura mas preciada, de su descomunal virtuosismo tecnológico llevado al paroxismo.

El reto al que se enfrentaba el director era lograr, a través de un mundo digital, era dotar de protagonismo humano a una historia que pretendia prescindir de éste. Sin llegar a ser absorbido por los efectos especiales y la tecnología, demostrando una gran capacidad de nervio y emoción, el realizador gana la pulseada y sortea su primer gran obstáculo: en tiempos de incredulidad y esceptisismo, caer en la propia trampa del mediocre panorama hollywodense de estos tiempos. Sucede que la vida real siempre es mucho más dura que los cuentos con happy endings hollyowdenses de los que la meca del cine no puede librarse a lo largo de su recorrido. Sin embargo, quizas allí radique la fantasía que genera adentrarnos a este tipo de historias pertenecientes al cine mas comercial.

El cineasta demuestra que sabe cómo utilizar cientos de millones de dólares de presupuesto y en esta última cinta los hace lucir espectacularmente, casi en un acto de regodeo virtual. De hecho, este largometraje sea probablemente algo nunca antes visto en la pantalla grande, dado las gigantescas expectativas posadas en él. La "Experiencia Avatar" consiste en el modo en que Cameron ha sabido llevar esas expectativas a su terreno personal, hablando siempre de mejora tecnológica, incidiendo en el 3D, la ingeniería gráfica, la interacción entre personajes digitales y reales.


Mucho  se ha hablado de Avatar, pero no por la película en sí, sino más bien por lo que iba a suponer para el cine. Se había comparado el estreno de la película con el cambio que supuso en el cine el paso del blanco y negro al Technicolor alla por los años '50. Cuando el medio explota indiscriminadamente la veta 3D para vender un producto insostenible por su calidad, Avatar hace de ésta imprescindible para el futuro del cine, sin tener la sensación de estar forzando la maqueta visual que sostiene su enorme estructura.



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