martes, 7 de agosto de 2012

CINE LATINO - CIUDAD DE DIOS (Cidade de Déus, 2002) de Fernando Meirelles

 


EL EJÈRCITO EN LAS SOMBRAS


* * * * *
EXCELENTE


Cuando Martin Scorsese buscaba financiación para llevar a cabo el rodaje de el film de gangsters “Malas Calles” tardó en hallar interesados y halló como respuesta que el mismo guión se filmaría si se cambiaba el escenario de Little Italy y se pasaba a Harlem. Tal despropósito para Scorsese hizo que este rehuyera de una idea semejante que no le ayudaba para formular en su película un mundo y unas vidas que el no conocía a la perfección como sì su universo coral masculino de sus raíces italianas. 


A Fernando Meirelles, director brasileño de la excelente “Ciudad de Dios”, tal dilema se le apareció  también en forma inquietante sobre un mundo, el de las favelas y los desheredados de Río de Janeiro, que se le atañía lejano por su condición de clase media alta. Una vez logrados las beneplácitos consentimientos para poder filmar en las favelas, Meirelles aunó algún actor profesional como Seu Jorge, en el papel del capo Mane Galinha y una mayoría dominante de chicos de tal entorno para asegurar una mayor veracidad y contundencia en su mensaje.

El libro homónimo en el que se basa la película escrito por Paulo Lins, le abrió los ojos al pueblo brasileño casi de forma literal. Aunque ya había visto en los informativos y los diarios noticias acumuladas  sobre crímenes brutales perpetrados por niños y adolescentes que crecían en un  infierno sin salida ni posibilidad de escape, existìa en la sociedad un fenòmeno de negaciòn e incredulidad. Su inmersión en tal refugio tercermundista la hizo con la total convicción de testigo ocular denunciante y con la autenticidad de ese microcosmos donde el poder de las mafias tiene la ultima palabra.

En el film se narra la vida desde finales de los años '60 hasta mediados de los '80, de la infancia y adolescencia de un grupo de chavales que malviven en Cidade de Deus, un suburbio marginal de Rio de Janeiro donde la violencia, el narcotráfico y el aprisionamiento vital entorno al surgimiento de bandas mafiosas locales, corroe por la existencia de unas generaciones que se ven envueltas en guerras y crudas realidades. Ze Pequeño logrará el poder convirtiéndose en narcotraficante, y su amigo Buscapé se aferrará a su pasión por la fotografía como última suerte de redención para salir de tal infierno. 



Las escenas como la que da comienzo a la película, por los itinerarios de la ciudad, son partícipes del infernal descenso al mundo del reinado mafioso, creando un viaje sin retorno al interior del corazón trágico y envolvente de este àspero hàbitat, siempre bajo el punto de vista del héroe de turno, Buscapé. Personaje clave que se convierte en narrador de los primeros años de su vida, siendo testigo de la reafirmación de su gente como cazadores de la vida fácil, de aquella que son apartados  y de la que bajo los instintos humanos más básicos se autodenominan fuertes buscadores del destino. Cada niño con su respectiva arma de fuego bajo el brazo, emprende un redentor y peligroso juego para poder salir de tal vida infernal. 

El autor nos acerca verídicamente a una realidad reconocida pero olvidada, y ante el brillante, peculiar, íntimo, cercano ejercicio cinematogràfico de Fernando Meirelles. Un autèntico llamado de atenciòn a la conciencia general, la última y valiosa prueba de una denuncia alarmante, la de una palpable y consensuada existencia donde la honestidad y la corrupción, el amor y la violencia, la amistad y la traiciòn se hallan enfrentados y se desgarran por causas de roce de una vida trágica de principio a fin. Como en los cuentos, el destino fatal prima por sobre la superación humana y moral en medio de la cruel realidad, transformando un sueño en una indòmita y verìdica pesadilla.

El encontronazo con el cine de alto voltaje de este autor brasileño, capaz de pausar y agilizar a su antojo esta sucesión histórica de momentos claves en ese imperio de la contemporánea degradación social que es Ciudad de Dios, posee inegables rasgos cinemanovistas. Su labor no solo parte de la simple y vieja forma del cine de denuncia social, sino del virtuosismo, la personal intertextualidad, que plantean tal problema con desgarradora fuerza que acerca el mal real hacia el destino inexpugnable de un pueblo condenado a la marginalidad.

Forma y fondo del relato se complementan y se alían para conseguir una historia que produzca fascinación tanto por lo que cuenta como por la manera en que lo hace.
Espejo que refleja propios e intrìnsecos males sociales, el film atestigua una obra maestra de este siglo XXI, que mira con veracidad a una época pasada, con sus respectivas texturas y estéticas del lenguaje contemporàno logradas a la perfección. Allì, bajo el monstruooso amarillo sol de Río, Meirelles nos impacta para concienctizarnos de que el crimen ètico se sigue cometiendo. 
En lo que se refiere al aspecto formal estamos hablando de una película arrolladora, estupendo prologo que precede al primer flashback del narrador, aquel que traslada la acción a los años sesenta.  La película entra en un torbellino de imágenes y música que son una verdadera lección de  dirección dinámica, montaje y composición de escenas, sin altibajos el ritmo de la película, aunque si varaciones del mismo. El desahucio moral de estas familias que son apartadas a Ciudad de Dios como última suerte de poder vivir, es narrado de forma impecable por una estructura típica de las historias de “ascensión y caida de del poder” que empatiza con la mencionada visiòn del maestro Scorsese en “Buenos Muchachos”.  
  
Dejando a un lado la forma y acudiendo al fondo de la película, esta se sitùa describiendo las diferentes épocas y en diferentes espacios el mundo y la vida miserable de los barrios periféricos. Sin pretensionismo de discurso político, pero con la contundencia de su mensaje/denuncia social Ciudad de Dios como una reproducciòn a escala los estratos de un estado decadente. La resoluciòn fìlmica se aplica en una historia que inicialmente se prestaba a un tratamiento de la imagen mucho más realista que artificiosa. Es por ello también que aunque no abunden los planos subjetivos, la implicación con la historia es tal que en muchas ocasiones tiene uno la sensación de ser testigo directo de los hechos narrados.

Dentro de la favela-estado la autoridad exterior es prácticamente inexistente, de tal manera los habitantes de Ciudad de Dios de un modo casi natural se ven obligados a desarrollar sus propias estructuras de poder y autoridad en un territorio donde no existe ninguna otra ley que la que ellos mismo se impongan. Los habitantes de la favela-estado viven completamente apartados del resto de la ciudad-especie,que consideran a la misma como un estado extranjero, al igual que el resto de la ciudad considera a la favela como un cuerpo maligno, ajeno a ella.
De igual modo pues que en un estado medieval hay tribus lideradas por dictadores que luchan entre sí por conquistar el terreno del otro y que tratan de recabar para su causa a la mayor parte de adeptos posibles y que se ven además sometidas a los habituales juegos de alianza y traición. El comportamiento arbitrario de los lideres de las tribus, a veces justo, a veces cruel, a veces decididamente psicótico tampoco se diferencia mucho de los lideres de los estados y pruebas abundantes de ello hay a lo largo de la historia, e incluso en las falses democracias de la Amèrica Latina de estos tiempos.

Películas como las aclamadas "Ciudad de Dios" o "Tropa de Elite" llevaron la violencia de las favelas brasileñas a las pantallas de todo el mundo y fueron éxitos de público, pero también atraparon a las producciones de Brasil en un género del que luchan por distanciarse, por temor a demonizar al estado. Según los expertos, con el suceso de este largometraje se disparó el consumo de historias derivadas de una realidad llena de violencia, y abrió la puerta para que ese género se convirtiera en la representación de Brasil en el exterior, al punto que cualquier producción sobre otras temas sufre para destacarse en el mercado externo. 
Perfecto ejemplo de cómo la ausencia de libertad, seguridad y bienestar económico consigue que el pueblo abandonado a su suerte necesite la reproducción a escala de esas mismas estructuras de las que carecen, la obra de Meirelles es endomniadamente salvaje y exquisitamente defectuosa. Por generaciones enteras la imagen de Brasil fue el samba, el fútbol y el carnaval. Ahora es la favela y la prensa extranjera registró este proceso, tornàndose un estigma, un deseo del público extranjero de aferrarse a esa trastornada idea de estado. Esta relación favela-cine puede convertirse en perversa, puesto que hay un folclore por detrás de esta temàtica.
 
En el primer mundo la pobreza es tristemente tratada como exótica y Ciudad de Dios forma parte de ese zoológico humano. Esta concepciòn errònea no disminuye la parte de responsabilidad de Brasil en la propagación de este género, sea en razón de las ganancias económicas, sea en pro de una mejora de cuestiones sociales, ya que esas producciones incluidas en la llamada "cosmética del hambre", ironizando el cèlebre tratado escrito por Glauber Rocha medio siglo atràs. Es inesperado pensar que en un país en el que la miseria y la violencia todavía son problemas graves, un cine que ignore esas cuestiones.

Sin embargo y constituyendo un autèntico exàmen de audiencia, estas producciones atraen el interés del público, poniendo en tela de juicio hasta qué punto alguien hace una cierta película para vender recaudacon o por el propio goce del arte.  No esta mal hacer un filme pensando en vender, puesto que el cine también es un producto destinado al rèdito econòmico. En ùltima instancia, estos relatos de gènero son producidos tanto porque son exitosos como porque es importante mirar a las clases más pobres, los barrios marginados y violentos de las grandes urbes brasileñas que trajo una nueva visión, fresca, sobre el tema.

A las puertas de un nuevo resurgir autoral, Brasil se enfrenta a la prueba de fuego vital: evitar que el tòpico de la violencia en su cine comience a dar señales de desgaste. Partiendo del fenómeno de Ciudad de Dios, Brasil debe mostrarse capaz y  posible de estigmatizar el crìtico "tema favela", y lanzarse  hacia el exterior con otros abordajes, donde asì conseguirá probar su potencial en producciones de diferentes géneros. Sucede que los temas que interesan al mercado extranjero para el cine hecho en Brasil todavía son los que reproducen las noticias más comunes sobre el país: su impronta socio-cultural, la imagen de su propio naufragio proyectada al mundo.

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