miércoles, 1 de agosto de 2012

CINE LATINO - CARANDIRÚ (ídem, 2003) de Héctor Babenco



DELITOS Y CULPAS


* * * * *
EXCELENTE



El presente largometraje procura recuperar la discusión sobre el disciplinamiento, la sociedad del control y la supuesta connotación de alguna forma de crítica social al "orden" legitimado por la dinámica de la modernidad. Analizando el instigante film Carandiru (2003), del director Héctor Babenco, se presenta una intención por delinear algunas características que actualmente adquiere la regla social carcelaria. Como un estudio sociològico, analiza el cambio de perspectivas en los individuos que pasan a actuar, aparentemente, a partir de una transición de una sociedad del disciplinamiento hacia una del control. 

Viraje interesante, que advierte el juego socio-cultural que lanza a nuestras sociabilidades al escepticismo, la contingencia, la multiplicidad de escenarios sociales y los posibles espacios y destinos de la crítica situación social bajo situaciones eventualmente pos-modernas. Carandiru se presenta como un escenario donde sus encuadramientos institucionales parecen siempre estar viviendo en sus límites, en una tensión contìnua. Carandiru es un film de un maestro veterano en la historia del cine brasileño y argentino, realizado de forma clásica, sin interferencias estéticas demasiado sofisticadas. 

Es una apuesta ambiciosa, que pretende dar un cuadro general de centenas de presidiarios que vivían en condiciones miserables en el complejo carcelario Carandiru antes de la gran rebelión del mes de octubre de 1992, en la que fueron asesinadas por la policía 111 personas. Carandiru trata temas como la violencia, la pobreza, el crimen y la marginalidad, pretendiendo no estetizar la miseria y la exclusión. Con un lenguaje más discursivo y de menos explotación de la imagen, menos vertiginoso y más proclive a generar reflexiones espontáneas en el espectador, el film contextualiza la violencia y las injusticias humanas a partir de un realismo artificioso (aunque parezca paradójico) nutrido de las historias de vida que los personajes-presidiarios relatan delante de la cámara. 

Estos relatos son integrados de tal manera que el espectador siempre parece estar anticipando al propio film, generándose una especie de sensación acumulativa ocasionada por la reiterada referencia a ciertos aspectos de la "naturaleza humana" y la dinámica social de Brasil. Sin embargo, estas mini-historias que describen sus personajes, no caen en el lugar común narrativo al simplificar la dureza de la vida, dentro y fuera de las cárceles. Esto, sin duda, no es problema alguno para un film que fue pensado para ofrecer tales efectos y merced a la provocación que ejerce el instigante ojo delator de Babenco, la crudeza se hace cercana, palpable y estremecedora. 

La propuesta de Babenco es pensar algunas categorías de análisis que han sido contextualizadas bajo los criterios cinematográficos del cine made in Brasil, su auge neorrealista gracias a "Ciudad de Dios" y la pesada herencia del cinemanovismo sesentista. Reflexionar sobre la producción y reproducción de las reglas sociales, de la crítica y el orden social, nos conecta con sociabilidades que deben reconsiderarse porque, según aquí se expresa, no puede confundirse aquellas que pueden manifestarse dentro de un presidio. A partir de una supuesta lógica de la disciplina, y las conductas delictivas que tienen lugar fuera del sistema carcelario, encontramos una sociedad decadente, marginal e inmersa en su supuesto círculo tan vicioso como corrupto e irrompible. 

Por eso, la relación entre individuo y ambiente (presidio y presidiario) y la relación entre sujeto y sociedad se presentan caracterizadas a la perfección para los tiempos actuales de las sociabilidades latinoamericanas. Por esto, el gusto y la elección del "primer plano" como forma de comunicar dichas historias sugieren una falsa objetividad que delata los objetivos políticos del director. Lo que interesa aquí es transformar a Carandiru en una metáfora sociológica para poder ser pensadas algunas cuestiones relacionadas a las lógicas institucionales y las consecuencias de un mal terminal y endèmico. Propias de la dinámica de la modernidad en la anàrquica y desalentadora actualidad tercermundista.

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