miércoles, 8 de agosto de 2012

CINE LATINO - AMORES PERROS (2000) de Alejandro González Iñarritu

 


AMANECER AGITADO DE UN NUEVO SIGLO


* * * * *
EXCELENTE



La ciudad de México es un experimento antropológico del que forman parte los 21 millones que viven en la ciudad más grande, transitada y poblada del mundo. El ser humano lucha por sobrevivir a una ciudad con semejantes niveles de contaminación, violencia y corrupción. Sin embargo esta metrópolis es paradójicamente hermosa y fascinante a la vez. Amores Perros es el fruto de esa contradicción. El film bien puede interpretarse como un documental ficcional sobre urbanismo y contra cultura, también un canto pesimista a la juventud posmoderna, o un relato innovador acerca de la vida en el umbral de un nuevo siglo.

En la ciudad de México un terrible accidente automovilístico se convierte en el punto de encuentro de tres "amores perros". Octavio, un joven adolescente enamorado de su cuñada, ha transformado a su perro "Cofi" en una mortífera arma con la que desea escapar de su miseria amorosa. Valeria, una hermosa modelo, ve truncada su carrera y su nueva vida al lado de Daniel, mientras su pequeño perro "Richi" queda atrapado, como ella, en los estrechos límites de su departamento. Por su parte el taciturno Chivo, un ex-guerrillero que no puede acercarse a la hija que algún día abandonó, sublima su necesidad de amor recogiendo perros en la calle. Ninguno de ellos volverá a ser el mismo después del accidente. Todos encontrarán un destino muy distinto al que algún día imaginaron. 

En muy poco tiempo, el debut cinematográfico del popular productor radiofónico Alejandro González Iñárritu ha llegado a convertirse en una de las cintas clave del cine mexicano contemporáneo. El que su estreno coincidiera con los trascendentes cambios políticos experimentados en el país azteca durante el 2000, agregó a Amores Perros un significado peculiar de renovación y esperanza, palpable en la entusiasta recepción que el público mexicano ha tributado a esta película.

Como estandarte de un cine mexicano insurgente, Amores Perros se encuadra dentro de las pocas ficciones prometedoras del cine latinoamericano del siglo XXI.  En ella se cruzan tres historias frenéticas acerca de jóvenes, sueños, traumas, excesos y desidia.
El film de González Iñárritu maneja con gran acierto el contraste entre el lunfardo que conjugan los adolescentes marginales, con las palabras en inglés que utiliza el ambicioso empresario y con en el mutismo entre sabio y demente del "Chivo". Ante este desolador panorama, el Distrito Federal es la cuna del estancamiento cultural que alberga inertes las clases sociales del mundo globalizado. 
Un rotundo manejo de los climas converge en el día que concluye, desde la intimidad de los hogares, donde las tensiones dejan caer sus máscaras para revelar toda la inseguridad, la pasión y la humanidad que reflejan esos jóvenes. Los relatos de historias entrelazadas y hechos coincidentes que desencadenan tragedias es una original veta autoral que Iñarritu  explorarìa con èxito en su posterior desembarco en Hollywood con 21 Gramos (2004) y Babel (2006).

Con reminisencias de Quentin Tarantino y Wong Kar Wai, Iñarritu penetra ese mundo, adentrándose en personajes que expresan la demoledora sordidez de una megaurbe actual. Potente, inteligente, ágil, la calidad artística que despliega Iñarritu es de una sorpresa edificante. Amores Perros demuestra que todavía es posible abordar todas esas historias y situaciones drámáticas, tan peligrosas y arriesgadas sin morir en el intento de apuntar un público conformista y descreído. 

Decenas de premios y nominaciones, entre ellos la muy celebrada nominación al Oscar de Hollywood a la mejor película en lengua no inglesa, confirman la calidad del proyecto emprendido por el realizador y sus colaboradores, particularmente el escritor y guionista Guillermo Arriaga. La historia de Octavio, Valeria, el Chivo y los demás personajes de Amores Perros ha cautivado a críticos y espectadores por igual, elevando a su autor a la categorìa de cineasta de culto.

En otro orden, el éxito de Amores perros confirma la importancia de que las nuevas compañías cinematográficas privadas participen en la reconstrucción de la industria del cine en México. Durante la década pasada, los esfuerzos llevados a cabo por el IMCINE para evitar la extinción de la cinematografía local lograron convencer a muchos de que el cine podía seguir siendo uno de los productos más importantes de la oferta cultural mexicana. En la actualidad, empresas como Altavista Films, Argos Cine, Tabasco Films y Titán Producciones, entre otras, han respondido al reto que significa hacer un cine con calidad y atractivo comercial.

El cine mexicano ha ingresado a una nueva etapa de su historia y  es evidente que existen talentos capaces en lograr que el cine mexicano recupere, al menos, la confianza de un público que había desconfiado de él durante muchos años. Mientras tanto, Amores Perros ha logrado convertirse en el fenómeno fílmico del cine mexicano de este nuevo siglo, y en la película que puso a prueba la calidad y aceptación de las futuras producciones cinematográficas de una potencia latina cuyo cine volviò a experimentar con el nuevo siglo el furor de sus mejores y añoradas èpocas.

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