lunes, 30 de julio de 2012

CINE LATINO - ESTACIÓN CENTRAL (Central dò Brasil, 1999) de Walter Salles







CARTAS A LA ILUSIÒN


* * * *
MUY BUENA



Estación Central fue considerado uno de los filmes más galardonados a su temporada de estreno, incluyendo dos nominaciones en la correspondiente edición de los Oscars: a la mejor actriz principal y a la mejor película en habla no inglesa. Walter Salles, un cineasta nacido en Río de Janeiro, es el responsable de la realización y quien aportó la idea que dio origen al magnífico guión. Quien tuviera posterior repercusión con su adaptación de "Diarios de Motocicletas" (2004) y su desembarco en Hollywood con "Dark Water" (2006), antes ha producido varios documentales, ampliamente premiados, ganando notoria popularidad en su tierra natal.

Es de esperar que con esta cinta haya despertado de su letargo el somnoliento cine brasileño de los últimos años, lejos de la creatividad del "Cinema Novo" de los '50 y '60. Por este motivo, algunos estudiosos no han dudado en calificar su estilo neorrealista como "Novo Cinema Novo". Salles logra transmitir casi de forma solidaria en su cine, esa necesidad de un testimonio sincero y valiente, en tiempos de un mundo cambiante a pasos acelerados. Aquí radica la fuerza de la película: en su capacidad para plasmar, a través de unas esmeradas imágenes y unos sencillos diálogos, el poder redentor de las relaciones humanas. 

Y esto lo consigue Salles - sin intermitencias, a lo largo de la hora y media duración de la cinta- recogiendo con su cámara diversas realidades de un Brasil menos conocido, bien alejado de los ambientes carnavalescos y frívolos que a veces distorsionan la visión del gigante carioca. El autor prefiere retratar la vida real de la gente, pero tampoco ha cedido a la tentación de presentarnos la imagen de un país hundido en la miseria y la violencia, y en el que nada puede cambiar. El realizador huye de la frialdad de ciertas producciones de cine social enmascaradas en su propia mentira progresista, dotando a su película de una particular emotividad.

La acción comienza en la principal estación ferroviaria de Río de Janeiro, que da título original al film. Allí, Dora escribe cartas a personas analfabetas. Profesora ya jubilada, consigue con este trabajo unos reales que añadir a su exigua pensión. Esos clientes, que ponen el alma en las frases que le dictan, no son capaces de conmover su endurecido corazón; para ella la gente es masa: ha conseguido hacerse insensible al sufrimiento personal que hay detrás de cada historia. Pero el destino le ofrece la oportunidad de redimirse: Josué, un niño de nueve años que ha perdido a su madre y vive con la ilusión de encontrar a su padre, que reside en un lejano pueblo del Nordeste de Brasil. Por diversas circunstancias y a través de sus cartas, Dora le acompañará en esta larga aventura, que significará para ella una verdadera conversión del corazón.


Contribuye al efectismo del film su exquisita puesta en escena y su sensibilidad para llenar de simbolismo diversos objetos. La otra clave de la película hay que buscarla en la prodigiosa interpretación de Fernanda Montenegro, que hace lucir a su lado al debutante Vinicius de Oliveira. Palabras como ternura, piedad, amistad, tolerancia, son el abecedario imprescindible del film. El emotivo mensaje con el que Salles sella el relato, refuerza su moraleja final con un mandato contundente: tan solo basta mirar a nuestro prójimo mas próximo. Si tan sólo de eso se tratara.

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