jueves, 29 de marzo de 2012

CLASICOS - OBSESION MORTAL (Play Misty for Me, 1971) de Clint Eastwood



LOS MÉRITOS DE
UN GRAN DEBUT


Puntaje: * * * *
El debut como director de Clint Eastwood es un film apegado a un género, el thriller, con el que Eastwood comenzaría a coquetear mas seguido ya entrada su carrera en la madurez. Llegando a los ’90 y mas adelante en su filmografía serían de su creación films fundamentales como Medianoche en el Jardín del Bien y del Mal (Midnight in the Garden of Good and Evil, 1995) y Poder Absoluto (Absolute Power, 1997). Recién a principios de los ’70 Eastwood todavía era una estrella joven que había saltado a la fama protagonizando la famosa trilogía de western spagetthi de Sergio Leone que tiene en El Bueno, el Malo y el Feo (The Good, the Bad and the Ugly, 1966) a su exponente más fiel. 
Prototipo del héroe de acción reacio y duro por aquellos años -cuando incursionaba en Harry, el Sucio- Eastwood despuntaba su vicio incipiente de director con una cinta de suspenso que contiene varios elementos de calidad como para depararle a eun joven Clint un decoroso debut y para quedarse en la memoria de los cinéfilos gracias a un thriller con todas las letras y condimentos.
Siempre al servicio de este tipo de propuestas policiales, hay amores que matan. Que lo digan los sufridos personajes de Michael Douglas en Atracción Fatal (Fatal Atraction, 1987) y en Bajos Instintos (Basic Instint, 1992), que lo diga el maltrecho James Caan en su torturado personaje de Misery (1990). Aquí Clint Eastwood se pone en la piel de un hombre acosado por una mujer con la que entabla una relación peligrosa, víctima de una posesión enfermiza. 
 El resultado es un juego de atracciones donde la venganza, los celos, el fanatismo extremo y el amor casi maniaco son elementos que se ponen en la balanza para que Eastwood con su constancia en el manejo de climas nos adentre en una historia tensa, visceral y perturbadora. Obsesión Mortal (Play Misty for me, 1971) es, entre otras cosas, una valiosa radiografía de este personaje femenino ambiguo que juega con los límites de la obsesión y de la que le da al relato una atmósfera aun más acorde en esta narrativa policial. 
Lejos estaba Eastwood, es cierto, de su veta mas personal como director, en su tarea de debutante. Quizás este sea el film mas impersonal de Eastwood y aún sin la madurez cinematográficas que solventaran los sellos de autoría y la impronta que supo imponer a partir de que Bird (1988) y mas tarde Los Imperdonables (The Unforgiven, 1992). Si estas obras fueron un punto de inflexión a fines de los ’80 para convertirlo en un director a tomar en cuenta -y mas tarde en un realizador de culto- no debe ignorarse su primer gran paso hacia la pantalla grande. El autor concibe un thriller con grandes cualidades de género y donde, para no perder la costumbre, se dirige a si mismo. En este caso, tomando una vez más el papel principal, Eastwood patenta esa expresion recia y dura que fue un sello a lo largo de su interminable glosario interpretativo para lucir imponente y bajo control de cada situación. Una constante en la carrera de este prolífico y polifacético artista, el último de los grandes directores clásicos.

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