viernes, 30 de marzo de 2012

CLASICOS - LAURA (ídem, 1944) de Otto Preminger

UN NOMBRE, UN CRIMEN Y UN FILM INMORTAL 

Puntaje:  * * * * *
Con títulos como Laura, Otto Preminger contribuyó a escribir las páginas más célebres de un género americano tan significativo de una época como lo fue el cine noir. No caben dudas que este director austriaco trazó una de las carreras cinematográficas más brillantes que Hollywood haya visto, dejando tras de si una obra resignificable con el paso de los años plagada de grandes films. Laura fue uno de esos muchos ejemplares, y ante todo, el primero. Previo a este proyecto, apenas unas cuantas películas menores mas algunas obras en Broadway formaban los palmarés de Otto Preminger, un perseguido nazi que huyó de su país.

Preminger perduraría en el género y años mas tarde nos entregaría obras más depuradas de un auténtico experimentado y talentoso: Cara de Ángel (1952), Río Sin Retorno (1954) y Anatomía de un Asesinato (1959); son, sin duda, títulos para recordar. Sería este el primero de muchos intentos exitosos en el nutrido género del suspenso policial de los ’40. Un género que nació desde las sombras de la Segunda Guerra Mundial y con las limitaciones propias de la censura que el Código Hays por aquellos años regulaba.
El cine noir sentó su propia estética en Hollywood surgido de la novela francesa y adaptada al cine por aquellos años por genios de la talla de Raymond Chandler o Dashiell Hammett. Y Laura cuenta con todos los elementos clásicos del cine negro y los aprovecha al máximo. Ante todo, y nada menos que da el título al film se encuentra esa mujer que en su condición de femme fatale se ha eternizado en la historia del cine como esa fuente natural de tragedia, que trae consigo la perdición a la que arrastra a cualquier hombre que se cruce en su camino. Sumado a este infaltable elemento, tras toda la trama policíaca de misterio, traición, amor prohibido y asesinato, esconde detrás de si un gran secreto. Con el relato centrado en primera persona desde la perspectiva del personaje del detective (Dana Andrews), nosotros como espectadores iremos descubriendo una complicada y confusa red de envidias y juegos pasionales que nos harán enfrentar con el magnetismo de esta misteriosa mujer (Gene Tierney) que da titulo al film, cuyo retrato envuelve mentiras y verdades.

En ese tinte obsesivo que coquetea con el amor después de la muerte al mejor estilo de Vértigo, con ese aire de permanente descreimiento sobre lo contado y ese aura onírico casi de ensoñación donde la razón se turba por ese objeto de deseo y perdición que es la figura de Laura. Gene Tierney es la oscura debilidad, el objeto prohibido del deseo de aspecto inocente pero irresistible que arrastra a cualquier hombre que se le cruce en su camino a la perdición. Así, con un suspenso punzante que se agiliza con un guión inmejorable el film es un paradigma tradicional del género y el bautismo triunfal de Preminger.

Con rubros técnicos perfectos al servicio del relato una fotografía que sobresalta las sombras y los claro oscuros creando inmejorables climas va construyendo el trágico mundo de Laura. La música principal compuesta para la misma, cuya inmortal pieza homónima a titulo de David Raksin ha pasado a la historia y ha inspirado en innumerables ocasiones de forma posterior al género. Allí radica parte de lo mucho por lo cual se valora hoy al film: sentó bases en una época donde el género delineaba su forma gracias a films tan paradigmáticos como este en cuestión.

Con la estilización visual mencionada y un lenguaje metafórico y elíptico, el autor inunda al film de ese aire de escepticismo, pesimismo y ambigüedad moral que rodeaba al genero noir, un fiel reflejo de una sociedad corrompida que en su reverso mostraba el lado oscuro del sueño americano, la perdida de la inocencia, el derrumbe del paraíso perdido, el fin de una época de ilusión donde el crimen merecía ser justamente castigado. Todo un lenguaje narrativo que expresaba la ideología de una época violenta y profana.

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