miércoles, 28 de marzo de 2012

DOSSIER - CINE WESTERN

EL GÉNERO CLÁSICO AMERICANO POR EXCELENCIA

El western es, sin lugar a dudas, el género clásico americano por excelencia y su marco histórico se sitúa en el Oeste Norteamericano del siglo XIX, con todas las connotaciones humanas, sociales y políticas de la época. Como género, su esplendor se ha mantenido a lo largo de la Edad de Oro del cine, pero su prominencia como tal ha decaído desde fines de la década de los ’70, si bien ha logrado en la década de los ’90 un reconocido, pero fugaz resurgir. El Western es el género que probablemente mejor defina a la industria cinematográfica de los Estados Unidos y con nostalgia se adentra en los años de expansión de la civilización por sobre las fronteras de los nativos en la conquista del territorio virgen. Las películas de este género se desarrollan en los estados del Oste norteamericano durante el periodo que abarca desde el comienzo de la Guerra Civil en 1860 hasta el final de las llamadas Guerras Indias en 1890, sin embargo, este periodo cronológico presenta sus alternativas. Algunos westerns incorporan la Guerra Civil, un conflicto esencialmente ligado al este del Río Mississippi, e incluso han cruzado la frontera norteamericana, frecuentemente en México.

El denominador común popular de las películas del oeste es un personaje central de características nómades o errantes similar a los caballeros de los antiguos cuentos y poesías europeas enfrentando villanos, rescatando mujeres en peligro y transgrediendo las normas de las estructuras de la sociedad sin traicionar su honor, bajo la figura de un vaquero o un pistolero cuya caracterización incluye una vestimenta típica, su revolver y su fiel compañero el caballo, figura que llega a adquirir dimensiones importantes para la historia narrada. El western toma estos elementos y los usa para contar cuentos morales ambientadas en el escenario del oeste, muchas veces un paisaje desértico, salvaje y desolador con sus ranchos y fuertes en medio de la nada y otras tantas veces en la típica descripción del pueblo del oeste: el almacén local, las vías del tren en cuyos vagones albergara persecuciones, un banco que será atracado, la cantina de bebidas, juegos de azar, música autóctona y prostitutas, frecuente escenario de peleas y tiroteos entre los fuera de la ley y finalmente la celda del alguacil que albergara a los malhechores. Como genero el western es polifacético y contiene varios subgéneros con films que se ambientan en las Guerras Indias, la Guerra Civil y las Guerras Mexicanas. De todas maneras, es usual que el western retrate la conquista de la civilización por sobre la barbarie y la subordinación de la naturaleza o lo nativo o la confiscación de territorios sobre derechos a los habitantes originales de los mismos.
El western escenifica una sociedad organizada en base a códigos de honor, ya sea en familia o en soledad, más que al apego de la ley en si. En las películas estas temáticas están contrapuestas y el avance de la civilización es inevitable. Los primeros westerns eran filmados en estudios, al igual que otras películas de Hollywood, pero cuando la filmación en exteriores se hizo mas común, los productores utilizaron locaciones aisladas en el Oeste en lugares como California, Utah, Arizona, Nevada, Texas, Kansas y Colorado haciendo del paisaje no solo un factor mas vivido y evidenciable, sino al punto de convertirse en un factor fundamental del film. Como arquetípicos personajes vaqueros y pistoleros juegan un rol fundamental en las películas de westerns. En sus frecuentes batallas contra los nativos americanos, estos últimos son retratados como villanos y deshonestos, si bien el western revisionista les otorga un lugar alejado de dicho estereotipo y les da un tratamiento mas comprensivo de su accionar. 
El genero western encuentra sus raíz iniciática en el film Asalto y Robo al Tren (The Great Train Robbery) que Edwin Porter rodara en 1903, época del cine mudo, haciendo populares a estrellas interpretativas como Broncho Billy Anderson y Williams S. Hart. Cineastas como David Wark Griffith con La Masacre (The Massacre, 1909) y una gran cantidad de cortos dieron vida al género. Durante la etapa del cine mudo John Ford plasmaría en El Caballo de Hierro (The Iron horse, 1924), un estilo entre romántico y épico que sentaría la estética que caracterizaría al western clásico que popularizaría con su obra cumbre La Diligencia (Stagecoach, 1939) luego de muchos años de filmar westerns de clase B. La Diligencia fue un punto de inflexión donde personajes y situaciones cobraban mas peso y encontraban su densitud moral. Ese mismo año Cecil B. De Mille filmaría de forma espectacular la construcción de una ferroviaria en Union Pacific (1939). Los cimientos del género estaban poco a poco consolidándose y la época de esplendor no tardaría en llegar.
En su desarrollo en Hollywood, es un género con una rica historia que se extiende en formato y contenido a otros géneros como la comedia, la parodia y el musical. En su época de oro, el genero esta marcado y delineado por la obra de dos directores: John Ford y sus innumerables colaboraciones con el protagonismo del clásico interprete masculino que lo convirtió en leyenda: John Wayne. y Howard Hawks con su trilogía Río Rojo (Red River, 1948), Río Bravo (1959) y El Dorado (1966). En los años ’40 otro western de características románticas y épicas cobraría rumbo de clásico: Y Murieron con las Botas Puestas (And the died with their boots on, 1941) de Raoul Walsh. John Ford retornaría a su preciado Monumental Valley con Pasión de los Fuertes (My Darling Clementine, 1946) para filmar una oscura versión de la batalla en OK Corral con el mítico personaje de Wyatt Earp en la piel de Henry Fonda, un western crepuscular que va de lo melancólico a lo trágico. Dos ejemplos paradigmáticos ilustran el western de aquellos años: En 1946 Duelo al Sol (Duel at the Sun) una superproducción del todopoderoso productor David O. Selznick y dirigida por King Vidor y en 1956 Centauros del Desierto / Más Corazón que Odio (The Searchers) mostraba a John Wayne como el típico héroe de estas películas que acapararía la atención en el conflicto armado. El arquetipo de protagonismo masculino que encarnaba Wayne atraía a la audiencia y otra faceta del mismo entregaría en su enésima colaboración con Ford para la magnifica El Hombre Tranquilo (The Quiet Man, 1952) en un tándem que genero devoción entre los fervientes seguidores del genero he hizo de la década del ’50 el mayor esplendor del western en toda su historia. 
Algunos westerns posteriores a la Segunda Guerra Mundial comenzaron a cuestionarse los ideales y el estilo del western tradicional. Buscando nuevos horizontes se descubren elementos narrativos y estilísticos que transformaron el lenguaje: un tono mas oscuro generalizado, un sentido mas cabal del antihéroe, papeles mas preponderantes para roles femeninos, un retrato mas sincero de los nativos americanos, una visión critica sobre los grandes negociados, el gobierno americano, la milicia y su política de acción. De pronto comienza a cuestionarse el accionar de las figuras masculinas, hay un incremento en el uso de la violencia y se incluye si bien de forma no tradicional el factor sexual, se añade el humor negro. Es decir, hay un cambio radical que favorece al realismo, por sobre el romanticismo de otras épocas, como lo es el clásico de culto de Nicholas Ray Johnny Guitar (1953) y su despliegue casi operístico. 
Durante las décadas del ’60 y ’70, el genero arribo a Italia con el formato de Spaghetti Westerns o Italo-Westerns. Muchos de estas películas eran de bajo presupuesto y rodadas en locaciones que en sus paisajes remitían a las utilizadas en Norteamérica. Los Spaghetti Westerns se caracterizaban por la presencia de más acción y violencia que los típicos westerns hollywoodenses. De este subgénero, sobresale la obra de Sergio Leone, films de un tono parodico, en las antípodas de lo concebido por aquellos años de oro en Hollywood, como por ejemplo Solo Ante el Peligro (High Noon, 1952) de Fred Zinnemann y protagonizada por Gary Cooper. Cooper fue otro referente del genero, que también trabajara a las ordenes de Robert Aldrich en Veracruz (1954, junto a Burt Lancaster) Anthony Mann, exitoso director de películas del oeste, como lo demostró junto a James Stewart (un interprete clásico de este tipo de papeles) en Winchester ‘73 (1950), pero estos últimos ejemplos encumbrados dentro del denominado western tradicional. Charles Bronson, Lee van Cleef y Clint Eastwood se convirtieron en estrellas del género del Spaghetti Westerns, compartiendo la fama y repartiéndose los papeles con otras figuras rutilantes de la época como Jason Robards, James Coburn y Henry Fonda.
El Spaghetti Western obtiene dicha denominación al porvenir de Italia y encontrar allí su nido ideológico y financiero. Caracterizado en sus origines por el bajo presupuesto, una violencia mas marcada, una puesta en escena minimalista que desmitifico ciertos estándares del western clásico ya establecidos como convenciones. El mas conocido y al mismo tiempo paradigmático arquetipo de este subgénero sea la trilogía dirigida por Sergio Leone: Por un Puñado de Dólares (Per un pugno di Dolari, 1964), La Muerte Tenia un Precio (Per qualche dollaro in più, 1965) y El Bueno, el Malo y el Feo (The Good, the Bad and the Ugly, 1966). Quizás este ultimo film el pináculo de la trilogía, protagonizadas por Clint Eastwood y con los acordes musicales compuestos por Ennio Morricone, un sinónimo del género fruto de futuros homenajes. Leone acrecentaría su mito como realizador de westerns con la impecable Erase una Vez en el Oeste (Once Upon a Time in the West, 1968).
El término revisionista se usa para describir films que cambian la concepción tradicional del género en base al uso de nuevos elementos narrativos, estéticos y la incorporación de nuevos puntos de vista estilísticos e ideológicos. Entrados los años ’60, muchos realizadores comenzaron a cuestionarse el cambiar la manera tradicional de hacer westerns, en principio incrementando de forma positiva el rol de los nativos americanos hasta el momento tratados de salvajes. La audiencia también comenzó a cuestionarse el arquetipo héroe versus villano y el paradigma moral de usar la violencia para probar o justificar el accionar de sus personajes. Al mismo tiempo, las mujeres comenzaron a recibir roles mas preponderantes. Y quizás una perfecta combinación de revisionismo y entretenimiento resulto el clásico de George Roy Hill Dos Hombres y un Destino (Butch Cassidy and Sundance Kid, 1969) con dos figuritas masculinas de moda por entonces: Paul Newman y Robert Redford. 
Si vaqueros y malhechores son iconos de los héroes y antihéroes americanos en un genero tan modelo de dicha sociedad y sus bases como el western, el hecho de trasladarlos a otros genero puede parecer como un proceso natural a lo largo de los años. Esta especie de transición entre el genero pionero que sentó las bases de un lenguaje cinematográfico y por otro lado de la aceptación de nuevas ideas para aplicarlo a otros contextos hace plausible el hecho de que parezca compatible con historias de ficción que toma parte en otros ambientes y donde un régimen sin ley lucha por la supervivencia social. Poco a poco y a medida que el genero se fue popularizando, algunos especialistas argumentaban que el western no necesariamente tenia que desarrollarse en el Oeste Americano, sino que en sus códigos podían encontrarse abordaje de temas en común y características formales del western. Tales son los casos de Los Siete Samuráis (Sichinin No Samurai, 1964) de Akira Kurosawa -en cuya concepción se inspiró Los Siete Magníficos, un clásico western tradicional-, Hud (1963) de Martin Ritt o Los Inadaptados (The Unforgiven, 1961) de John Huston, una muestra brillante del género.
A la par de este movimiento, en la década del ’60 la corriente crítica comenzó a considerar desde otra perspectiva al cine y esta evolución, intelectual si se quiere, emergía como una visión del cine como una forma de arte emergente. En ese entonces, la teoría sobre los films intentó buscar el significado mas profundo de las películas bajo su estructura semántica y considerando el ambiente de donde surgía el western se lo catalogaba con una moral simplista lo que convirtió al genero en una serie de convenciones y códigos que se relacionaban con su audiencia de forma metódica y cuyos personajes y situaciones se atenían a los lugares comunes y la repetición, visión que precipito el ocaso del genero hasta amenazaron su desaparición. Cineastas emergentes vieron la veta en el género como una oportunidad para expandir su crítica sobre la sociedad americana y sus valores, como lo ejemplifica Pequeño Gran Hombre (Little Great Man, 1971) de Arthur Penn o para desmitificar ciertos cánones del género como la notable Grupo Salvaje / La Pandilla Salvaje (Wild Bunch, 1969) de Sam Peckinpah. Otros films, como los dirigidos por Clint Eastwood siguieron la línea como es el caso de El Fugitivo Josey Wales (The Outlaw Josey Walles, 1976) que daba relevancia al reparto femenino y trataba a los nativos de una manera más comprensiva y posteriormente una revisión más nostálgica como lo fue El Jinete Pálido (Pale Rider, 1985). 
El mismo John Wayne, icono protagonista del masculino héroe del western se animo a la dirección con el clásico de tonos épicos El Álamo (The Alamo, 1960). Por ese entonces, una figura ajena al género demostraría en su opera prima sus dotes de buen director y su acertado manejo de los tiempos del género: un acercamiento a los dobleces, ambigüedades, revanchas y venganzas lo fue El Rostro Impenetrable (One Eyed-Jacks, 1961), de Marlon Brando. Incluso John Ford formaría parte de esta corriente revisionista reuniendo a John Wayne y James Stewart ya en las postrimerías de su carrera, junto a Lee Marvin para un clásico imprescindible del género como lo fue El hombre que mató a Liberty Valance / Un Tiro en la Noche (The Man who Shot Liberty Valance, 1962), la última gran obra de Ford, quintaesencia del western crepuscular.
Al esplendor del género le siguió indefectiblemente su decadencia. En los años ’60 Estados Unidos vivió años turbulentos en cuanto a los social y lo político y la maquinaria de los grandes estudios se resintió, dando paso a una etapa de profundos cambios. Y el género vivió sus años de ostracismo y tardo en recuperarse. Luego de un declive marcado en los años ’80 de cuya evidencia el ejemplo más paradigmático sea el estrepitoso fracaso de Las Puertas del Cielo de Michael Cimino (Heaven’s Gates, 1980), hubo una corriente que volvió a poner de moda al género en base a nociones mas realistas y crudas y menos glamorosas o románticas, así, fueron ejemplos Cabalgata Infernal (The Long Raiders, 1980) de Walter Hill, Silverado (1985) de Lawrence Kasdan.
Más tarde, la obra maestra de Eastwood Sin Perdón / Los Imperdonables (The Unforgiven, 1992) utilizo un tono dramático para criticar el típico uso de la violencia del western con el objeto de promover falsos ideales de hombría que por su condición se abusaban de las mujeres y de las minorías étnicas. Sin embargo, otra moda fue cobrando films similares que nutrieron al género. Estos fueron cierto tipo de films tienen un desarrollo contemporáneo en el tiempo, sin embargo utiliza temáticas del Antiguo Oeste en cuanto a situaciones y personajes y sus motivaciones o derivaciones, a la vez que toman parte en el Lejano Oeste, muestran la progresión como civilización a finales del siglo XX, como por ejemplo Estrella Solitaria (Lone Star, 1996) de John Sayles o Un Mundo Perfecto (A Perfect World, 1993) de Clint Eastwood o incluso la bizarra concepción del género de Robert Rodriguez para su El Mariachi (1993). 
Mas adelante en el tiempo, esta concepción seria tomada de forma paródica o puramente livianas para brindar films que auto justificaban estos códigos como Maverick (1994) de Richard Donner o Rápida y Mortal (The Quick and the Dead, 1995) de Sam Raimi. La opera primera de Kevin Costner Danza con Lobos (Dance with the Wolves, 1990) resucito los mitos y las convenciones originales del género, pero preservo las polaridades extremas que catalogaban a los personajes como buenos o malos. Como dicho anteriormente, Los Imperdonables (The Unforgiven, 1992) de Clint Eastwood, siguió con éxito este renacer en base a personajes que no dejan la vida de forma heroica, sino que sufren y padecen y donde personajes conflictuados se redimen tomando venganza. En ciertas ocasiones el género western se ha visto combinado con elementos de otros géneros, si bien ha mantenido elementos de la puesta en escena y descripción de personajes reconocibles a las historias del oeste. Wild Wild West (1999) represento una mezcla de western, aventura y ficción, mientras que el acercamiento de Robert Altman a Buffalo Bill en 1975 y su serie de remakes en los ‘90 resultaron tan reiteradas como excéntricas. Por su parte, Jim Jarmusch acerco su visión de autor a un western rodado en blanco y negro y con las tan particulares estéticas visuales y narrativas que hicieron de Dead Man (1995) un exponente metafórico y místico. 
 
Incluso el papel del héroe como un ser estoico e individualista apegado a su propio código de honor que se convirtió en una marca clásica del héroe del western. Puede ser reconocido en personajes interpretados por protagónicos del género noir o incluso superhéroes del cine fantástico, con la salvedad de desenvolverse en un contexto urbano. Otra vuelta de tuerca al género resultó una concepción futura, casi apocalíptica del mismo donde una sociedad lucha por reconstruirse en medio de una catástrofe como valen de ejemplo El Mensajero (Messenger, 1994) de Kevin Costner y Mad Max (1979) protagonizada por Mel Gibson. Ciertas convenciones del género fueron tomadas y transferidas a obras de ciencia ficción, como la estructura narrativa que de forma tan original impuso Solo Ante el Peligro fue adaptada por Peter Hyams en Atmósfera Cero (Outland, 1981). Aun más emblemático es el caso de George Lucas y su obra maestra La Guerra de las Galaxias (Star Wars, 1977), film que uso diversos elementos del western, entre ellos la puesta en escena de una cantina o la vestimenta del personaje de Han Solo, con el objeto de revitalizar cierta mitología cinematográfica que durante largo tiempo se le atribuyo al género. 
Figuras como Kevin Costner y Clint Eastwood, tanto en sus labores actorales como de dirección, han ayudado a revitalizar un género que parecía perdido y se han convertido en protagónicos iconos y referentes de la nueva corriente del género, rescatando valores olvidados y ofreciendo un matiz contemporáneo valioso y palpable. El genero jamás recuperó sus mejores días y quizás su esplendor ya no vuelva, pero si estrellas como las mencionadas se mantienen activas, seguirán contribuyendo a que el genero siga vigente y seguramente servirán de inspiración para que futuras generaciones sigan produciendo y aportando en un género que lleva la clásica marca de la historia norteamericana y que, mas allá de sus altos y bajos a lo largo de los años, quizás sea esa cualidad la que en Hollywood lo convierta en inmortal.

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